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Arenys de Munt
Rafael Torres
OTR Press
16 de septiembre de 1009
Arenys de
Munt es un pueblo pequeño (lo fue más grande antes de que su barrio
costero y pescador, hoy Arenys de Mar, se segregara), y todo el mundo,
como es natural, se conoce. La consulta popular que celebraron el
domingo los arenyenses no tenía como objetivo, pues, preguntarse nada a
sí mismos, sino comunicar su más que previsible respuesta al mundo, una
respuesta que, por lo demás, está presente en las otras consultas, en
las oficiales, pues la mayoría de los vecinos de Arenys suelen pensar
sobre la independencia de Catalunya siempre lo mismo.
En las últimas elecciones municipales, sin ir más lejos, el PSOE recogió
el 13% de los votos, y el PP un raquítico 1,5%. Se trata de un municipio
del Maresme barcelonés francamente partidario de la independencia de
Catalunya, pero también con una importante tradición reivindicativa y
libertaria (ésto último en el sentido de lucha por la libertad) jalonada
por episodios como el de la revuelta local contra los caciques en 1903,
que se saldó con la ocupación del Ayuntamiento dominado por éstos. De
otra parte, su patrón, San Martín, dibujado a caballo en el escudo de
Arenys en el instante de compartir su capa con un menesteroso aterido,
parece contagiar al pueblo un cierto romanticismo socialmente reparador.
Cuento éstas cosas (lamento saber tan poco de Arenys de Munt), porque el
pueblo que se halla éstos días en boca de todos, en general para ser
execrado por la ocurrencia de montar un referéndum independentista, es
un desconocido como lo son, por desgracia, la mayoría de los pueblos. Y
en los pueblos viven personas (una persona no es, como parece en la
ciudad, un mero consumidor, contribuyente o votante), esas personas
construyen, con los mimbres más heteróclitos, su realidad, y a veces se
embarcan en aventuras colectivas para modificar otras realidades. Los
arenyenses, que existen cual se ha podido colegir por las crónicas de
los periodistas de todo el mundo que cayeron en domingo por allí, se
sienten dueños de sí, de sus pensamientos y de su destino. Se podrá
disentir de su independentismo, pero difícilmente de su derecho, si se
es demócrata de verdad, a proclamarlo. |