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Anatomía del botín.
Rafael Torres
OTR /
Press
5 de
Noviembre de
2009
Alguien se
ha entretenido en calcular el monto de lo que los políticos corruptos
han robado, sólo en los últimos diez años, al pueblo español: más de
cuatro mil millones de euros. Esa cifra comprende los cohechos, los
maletines, las comisiones, los sobornos, las recalificaciones, los
regalos, el blanqueo y demás apuntes del concienzudo saqueo de que han
sido víctimas los españoles, pero no incorpora otras partidas del
despojo que, con toda seguridad, la multiplican.
Se ha calculado el botín de lo descubierto, pero no de lo por descubrir
ni, desde luego, de lo que no se descubrirá nunca, y no se ha sumado el
valor de los inmensos perjuicios a la comunidad, que se ha quedado en
tantos casos sin viviendas sociales, sin colegios, sin atención
sanitaria suficiente, sin jardines, sin residencias de ancianos, sin
parques de bomberos o sin bibliotecas. Tampoco se han traducido a
términos económicos las devastaciones, irreversibles casi
siempre, de la naturaleza, del paisaje y hasta del clima, consentidas
por la codicia de los traidores, y tampoco las pérdidas provocadas al
común por esa gentuza que se ha dedicado, paralelamente al robo directo,
al nepotismo, al amiguismo y al clientelismo, ora proporcionando a los
parientes sueldos fabulosos a cuenta del Erario, ora concediendo
contratas a mansalva a los empresarios afectos, ora esparciendo
"favores" de inquietante devolución.
Si se cuenta todo eso en euros, más los dispendios en obras faraónicas e
inútiles a que tan aficionados han sido, más las pérdidas económicas
causadas en su deplorable gestión "normal", más el costo de los
innumerables procesos judiciales que intentan esclarecer alguna parte
del colosal latrocinio, el resultado no bajaría de los dos o tres
billones de pesetas, bien que habiendo computado sólo lo mensurable.
Pero hay algo que no se puede medir ni calcular: la pérdida de la
dignidad. Una nación, como una persona, puede prescindir de muchas
cosas, pero no de la dignidad si quiere seguir reputándose como nación o
como persona. A esos chorizos que roban a los pobres para dárselo a los
ricos, no sólo se les ha votado una y otra vez, blindándoles con
mayorías absolutas, sino que en muchos casos, sabiéndoseles forajidos,
se les volvería a votar.
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