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Aminettu Haidar, acusada de traición por el Gobierno
de Marruecos.
Ángel
Escarpa Sanz
UCR
9
de Diciembre de 2009
Cómo me suenan estas palabras y qué familiares me
resultan.
Y no deja de ser curioso que la acusación proceda
precisamente del Gobierno que, desde hace 34 años, viene
conculcando sistemáticamente los derechos humanos más
elementales en los territorios ocupados por ese país,
tras los días de la Marcha Verde.
¿Con qué autoridad moral puede ese Gobierno y su monarca
lanzar esta acusación? Precisamente una potencia
ocupante que para cumplir sus viejos sueños imperiales
no dudó en aquellos días en lanzar a la soldadesca
contra la población civil de las ciudades y las aldeas
de aquella excolonia española, arrasando con cualquier
forma de resistencia que se le opusiera, arrojando gases
y el temido NAPALM de tan desastrosas consecuencias en
la guerra de Vietnam, apoderándose de los más humildes
enseres, de los rebaños y de las viviendas de sus
anteriores ocupantes, torturando, encarcelando,
desapareciendo desde entonces a cuanta persona tiene la
valentía de participar en una manifestación para
reclamar la autodeterminación y el cese de la presencia
de la administración marroquí en las tierras del Sáhara
Occidental.
Cómo me recuerdan esas mismas palabras suyas a las
pronunciadas por los generales y los jueces de los días
que siguieron a la rebelión militar de 1936, aquí en
España. Entonces se decía AYUDA A LA REBELIÓN.
Precisamente ellos, que ignoraron las más elementales
leyes de una Constitución sancionada libremente por toda
la Nación. Los que convertían en aquellas mismas horas a
la Patria en un vasto cuartel, al que no escapaban si no
los que se veían precipitados en la inmensa fosa que se
abrió entre los adeptos el Régimen y los que habían
apoyado activamente al Gobierno del Frente Popular. Y
esto durante los 39 años que duró el reinado del
Caudillo y sus distintos gobiernos.
Cómo me recuerdan las órdenes del Gobierno de Vichí
cuando perseguían a los maquis que hostigaban a las
tropas nazis, a las fuerzas de la represión en la Italia
musoliniana, a las de todos los gobernantes de los
pueblos que fueron devastados y ocupados por el nazismo
y cuyos gobiernos facilitaron la deportación de
republicanos españoles, los que abrieron las puertas de
los campos de concentración que se tragaron varios
millones de hombres, de niños y mujeres de tantas
naciones, que aventaron a tanto hombre de ciencia por
los caminos del exilio. Cómo me recuerdan las batidas de
las tropas napoleónicas por las montañas para cazar a
los bandoleros (patriotas) que combatían a las tropas de
ocupación.
Cuánto odio, cuánta muerte, cuánta devastación cabe
entre esas palabras, que convocan en estas mismas horas
a los tiranos de todos los tiempos, llámense Napoleón,
Hitler, Somoza, Stroessner, Salazar, Stalin, Batista,
Pilsudski, Dollfus, Vorster, Horthy, Getulio Vargas, al
Fernando que ejecutaba y despedazaba en público a sus
opositores tras la inauguración de las Cortes y la
Constitución de Cádiz, al monarca asesino de Francisco
Ferrer Guardia y de Fermín Galán y Ángel García
Hernández, a las hogueras donde se extinguían los libros
y los personajes de ciencia en tiempos de la
Inquisición, favorecidos por los católicos reyes de
Castilla que arrojaban a los perros contra la población
indígena de estas mismas islas donde hoy escribo estas
líneas de urgencia.
Muchas veces ha estado en entredicho el prestigio y la
dignidad de este pueblo, pero siempre hubo, en el monte,
en las trincheras, en las facultades y en los foros
públicos, gente decente, intelectuales que aguzaron su
verbo y su pincel para condenar la tiranía de este o
cualquier otro gobierno despótico.
La dignidad de esas 200.000 personas que fueron
arrojadas a la inhóspita hamada argelina hace 34
años y la de los que permanecen en los territorios
ocupados esta a salvo en la persona de AMINETTU HAIDAR y
en las filas del Frente Polisario. Sería de desear que
la gente decente de nuestro País hiciera un gesto para
desmarcarse de este y de los Gobiernos anteriores, así
como de la Corona, tan inútil como nefanda, que no
merecen si no el desprecio de la población por la
tibieza y la cobardía de que hacen gala en todo este
proceso, en connivencia con la ONU y EE.UU, los mismos
que se apresuraron en los bombardeos sobre Belgrado y
sobre Irak, y que aplaudieron la ejecución de Sadam
Husein por presumir que poseía armas de destrucción
masiva que aún no han aparecido.
Ayer
contra la Dictadura franquista y contra la pena de
muerte. Hoy por la autodeterminación del Sáhara
Occidental.
¡¡Todos
somos saharauis!!
Ángel Escarpa Sanz. Islas
Canarias. Diciembre 2009
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