Nueva Tribuna
12 de Mayo de 2009
El
presidente del Gobierno deberá informar
urgentemente cuánto hemos recortado en el
presupuesto de utopías, por más que el líder de
la oposición insista en incrementar el déficit
público en materia de posibilismo.
Desde sus escaños, ambos deberán debatir no
obstante sobre la espinosa cuestión de por qué
hay que confiar en que la solución a la crisis
deban imponerla los empresarios que nos han
metido en ella: qué misteriosa resulta esa
economía que para crear empleo exige abaratar
los despidos cuando lo más probable es que dicha
solución, en plena plaga de Egipto, sólo
estimule lógicamente el incremento del paro.
Mientras los hechiceros de la tribu le piden a
España que disminuya los salarios o aumente en
rendimiento, habrá que preguntar cuándo dejará
de blindarse el sueldo de los ejecutivos y se
dictará una moratoria sobre las ejecuciones de
embargos. Sería interesante saber por qué los
expedientes de regulación de empleo no suelen
afectar a los grandes cargos y por qué la
administración acepta que cierren temporalmente
factorías cuyos índices de dividendos fueron
abrumadores durante el último ejercicio.
Que pase el gobernador del Banco de España y
explique con todo lujo de detalles en qué ha
invertido la banca privada el dinero público que
viene recibiendo desde hace meses y si es que
hará falta una orden judicial para que abran, de
una vez por todas, el grifo de los créditos y de
la vergüenza torera.
Urge saber por qué las uvas de la ira siguen
creciendo en los suburbios y por qué los de
abajo continúan sin leer a Bertolt Brecht y
miran con recelo a los de abajo, en vez de alzar
su rabia común hacia los de arriba o hacia todos
aquellos que, estén donde estén, han hecho
posible la corrupción y la avaricia, el toma el
dinero y corre, los paraísos fiscales, las
cuentas cifradas y los abusos sin cuento. Que
nos lo diga el ministro de Trabajo y que traiga
bajo el brazo la Ley de Extranjería con la que
amenaza a todos aquellos que no creemos que
debamos crear una nueva frontera entre patricios
y plebeyos.
El ministro de Interior deberá explicar sobre
cómo sigue la moral vallecana del alma de este
pueblo, aunque el de Sanidad deberá ilustrarnos
cómo se contagia la gripe A de la crisis
psicológica. Que pase el ministro de Industria,
Turismo y Comercio, a contarnos por qué, con la
que está cayendo, Europa sigue deslocalizando
sus fábricas, el turismo se reduce a las idas y
venidas de la gente corriente llamando a las
puertas de las oficinas con un currículo bajo el
brazo; y tendrá que precisar, sin ningún género
de dudas, a qué suma ascienden los hurtos de
comidas en los supermercados.
Que suba a la tribuna la ministra de Economía
para que nos amplíe noticias sobre el brote
verde que surge al cabo del diluvio y que no
tarde el ministro de Asuntos Exteriores en
detallarnos qué medidas contra la situación que
nos aflige se están arbitrando en Haití y en la
región de los Grandes Lagos. Urge saber si, en
esta encrucijada que nos acucia, debemos leer a
Keynes o la colección completa de folletines de
la Escuela de Chicago: que suba a la tribuna de
oradores la ministra de Cultura para
anticiparnos si esta película va a tener o no un
final feliz, de una puñetera vez.
Una excelente oportunidad para que el ministerio
de Educación nos alumbre sobre los planes para
que la Formación Profesional incluye la
asignatura de supervivencia. Y para que Fomento
nos alumbre sobre cómo van las obras necesarias
para que el I+D+I llegue a España por las vías
de la alta velocidad en lugar de estancarse en
la red de cercanías del boom inmobiliario y del
consumo. Que la ministra de Vivienda ponga en
negro sobre blanco dónde ponemos los escombros
del estado del Bienestar y a qué museo debemos
enviar las grúas oxidadas.
Hace falta que, aunque sea en comisión, algún
propio del ministerio de Medio Ambiente y Medio
Rural y Marino nos traslade sus estimaciones
sobre cuándo volverán las vacas gordas y cuando,
a porfía de quienes han perdido hasta la
esperanza dejarán ciertos pescadores de ganar
pingües beneficios en las aguas revueltas de la
Bolsa.
A la ministra de Igualdad quizá le incumba
anunciarnos cuando va a crearse el ministerio de
Fraternidad y por qué la libertad sigue siendo
un ministerio cuya cartera nos roban a diario
aquellos que creen que sólo deben ser libres los
mercados. En ese mismo contexto, convendría que
Administraciones Públicas analizara por qué en
este país hay quien cree en el Estado, quien
cree en la nación y quien tan sólo cree en su
propio ombligo.
Quizá hoy más que nunca, el Congreso deba
ampliar la Ley de Memoria Histórica y extenderla
a todos aquellos que puedan ilustrarnos cómo
fueron capaces de levantar la ilusión de la
Segunda República dos años después del crack del
29. O cómo llevaron a cabo una transición
ejemplar con una tasa de inflación del 25 por
ciento, hipotecas al 19 y el barril de crudo a
precios estratosféricos desde la crisis del 73.
Pero, con la que está cayendo, el presidente y
el líder de la oposición lo mismo despachan todo
esto en un plis-plás, se ponen a hablar de la
enseñanza del catalán o de las horas bajas del
Real Madrid. Ahí afuera, mientras tanto, la
demoscopia avisa de que la abstención volverá a
ganar a bulto las próximas elecciones europeas.
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Juan José Téllez es escritor y
periodista, colaborador en distintos medios de
comunicación (prensa, radio y televisión).
Fundador de varias revistas y colectivos
contraculturales, ha recibido distintos premios
periodísticos y literarios. Fue director del
diario Europa Sur y en la actualidad ejerce como
periodista independiente para varios medios. En
paralelo, prosigue su carrera literaria como
poeta, narrador y ensayista, al tiempo que ha
firmado los libretos de varios espectáculos
musicales relacionados en mayor o menor medida
con el flamenco y la música étnica. También ha
firmado guiones para numerosos documentales.