50 años de ETA
Javier
Eskubi Larraz
UCNR
4 de Agosto de 2009
ESTÁ comúnmente aceptado en casi todos los círculos, que el 31 de julio
de hace ya 50 años, nació oficialmente ETA (Euskadi Ta Askatasuna),
movimiento de lucha armada por la liberación nacional de Euskadi.
Situada en aquel contexto socio-político, es absolutamente razonable el
nacimiento de un movimiento armado contrario al sistema imperante. Fue
tras una guerra que costó un millón de muertos y una feroz represión que
llenó las cárceles, plazas de toros y numerosos conventos-monasterios de
presos por ideología política no afín con el régimen y numerosas cunetas
y fosas comunes de miles y miles de fusilados y en un régimen político
(el de los vencedores) de ideología claramente fascista, sostenida con
un severo aparato policíaco-militar y una judicatura al servicio del
régimen.
El franquismo no permitía fisuras sociales. La feroz represión con
tortura sistemática y la cobertura judicial no permitían la menor
posibilidad de agrupamientos sociales. El nacionalismo vasco conservaba
estructuras en el extranjero , pero su acción y organización en el
interior, en la Euskal Herria española, no pasaba de ser testimonial,
boca a boca e invisible para la ciudadanía en general. Como digo pues,
ahí nació ETA, movimiento armado de liberación nacional, que en Nafarroa
se expuso como IRATXE. Lo de armado, en aquel momento, no pasaba de ser
un eufemismo. Sólo contaba con la entrega y la acción de sus militantes,
con las brochas de pintura, con un escuálido aparato de propaganda y la
firme decisión de "a por todas" de su militancia.
La verdad es que tuvo un espectacular desarrollo social en un breve
plazo. Su estructura en comandos aislados entorpeció la investigación
policial y sobre todo, la cobertura social, el apoyo de la ciudadanía
permitió que sus militantes fueran amparados, protegidos y alojados por
hombres y mujeres de todas las clases sociales. La respuesta social a la
acción de ETA fue imparable. Hay que recordar que día sí y día también,
en Euskadi se imponía el Estado de excepción y es innegable su
extraordinaria importancia en la inestabilidad y caída del régimen.
Al mismo tiempo, su desarrollo ideológico en el camino del socialismo y
de la autodeterminación popular fue fruto de ese mismo desarrollo de
base social y de sus periódicas asambleas (hasta 5 antes de la caída del
franquismo en lo que yo conozco) y la supeditación de la estructura y la
acción armada a las decisiones políticas se mantenía en general.
La democracia (aunque insuficiente, aunque imperfecta), tras la caída
del régimen de dictadura fue el punto de inflexión. La ciudadanía podía
elegir libremente a sus representantes favoritos . Las instituciones
estatales, autonómicas y locales, ya no eran a dedo . Se podían elegir
mediante votación. Las y los ciudadanos/as se podían asociar, se podían
agrupar y someter sus partidos, coaliciones o agrupaciones electorales a
la decisión de sus convecinos en las distintas elecciones. La lucha por
la caída del franquismo había terminado. La lucha por el nacionalismo,
por las libertades nacionales plenas, por el reconocimiento del derecho
de autodeterminación y por los sistemas socialistas había que
mantenerla, pero en un contexto socio-político que ya era absolutamente
diferente. Ya no se lucha contra una dictadura militar. Se lucha por
conseguir el máximo apoyo, libremente expresado, de la mayor parte de
las y los vascos, a las posturas de liberación nacional tras el refrendo
popular a la autodeterminación y por conseguir el máximo apoyo a las
ideas socialistas de izquierda en ese nuevo país. En dos palabras. La
acción política es el eje y motor del impulso social.
A pesar de esta nueva situación, ETA mantiene la lucha armada como
elemento imprescindible y en su purismo llega a ejecutar incluso a
cargos públicos electos, elegidos por una parte de la ciudadanía vasca.
Por ser cargos del PSN o PP, por ser ideológicamente diferentes, tal
como ocurrió (por supuesto, en muchísima menor escala) en las cunetas
del franquismo. El desarrollo de la actividad armada, además de restar
apoyo social al movimiento, acaba con la capacidad de movilización de
nuestro pueblo, al pretender substituir las movilizaciones populares
puntuales con acciones mortales armadas, como ocurrió con Lemoiz y está
ocurriendo ahora con el TAV. Por otro lado, en lugar de obtener
resultados en las reivindicaciones y como respuesta del Estado, se está
llegando a un grave déficit democrático, con ilegalizaciones de
formaciones políticas cercanas a sus planteamientos, detenciones
indiscriminadas, acciones judiciales impensables en un sistema
democrático desarrollado o con prohibiciones de ikurriñas en
ayuntamientos. Las prisiones están llenas de militantes de ETA o de
ciudadanos y ciudadanas de Euskal Herria sin relación con la lucha
armada, sin que las movilizaciones actualmente pasen de ser simplemente
testimoniales. En una palabra. Se acosa al nacionalismo, sea de
izquierda o derecha.
En su carrera está acabando incluso con sus cercanos, con la Izquierda
Abertzale oficial. Cada vez que se plantean las vías políticas, la
negociación y el diálogo (Anoeta o Loiola), la acción armada interrumpe
bruscamente el desarrollo de las mismas, cerrándoles las vías políticas
y cerrándoles las bocas. Naturalmente, quienes nos postulamos como
abertzales de izquierdas, por vías exclusivamente políticas y
solicitamos su abandono de las armas, podemos llegar a la categoría de
traidores. Por lo visto sólo vale el abertzale armado. Los demás no nos
podemos considerar como tales y nuestra pública acción es mala,
malísima, de entrada y sin discusión. El respaldo social electoral dice
otra cosa bien diferente.
¡En fin! Éste es un breve resumen de los 50 años de ETA. De ser un
movimiento ilusionante, esperanzador, socialmente defendido y popular, a
ser un grupo armado inviable en una democracia y desde luego
entorpecedor en el desarrollo de la misma y en el desarrollo
organizativo político del nacionalismo de izquierdas de Euskal Herria.
El mantenimiento de la lucha armada en nuestra tierra entorpece la lucha
por las faltas de libertades y desde luego cierra la boca a los sectores
más activos y luchadores, a la Izquierda Abertzale oficial, incapaces
para desarrollar sus propias convicciones. ¿Tendremos que seguir
esperando mucho para que bajen la persiana?
Diario de Noticias
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Javier
Eskubi Larraz fue concejal de Aralar en Pamplona y miembro de la
ejecutiva de Aralar |