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  No consiento que se hable mal de Franco en mi presencia. Juan  Carlos «El Rey»   

El republicanismo como bandera 

 

Víctor Guerra García  *

 

En los últimos tiempos vemos florear las banderas republicanas, que como bien decía nuestro último presidente republicano, el tinetense y francmasón José Maldonado: "Se están manifestando sin rebozo desde hace tiempo, esos anhelos de libertad. De ahí la copiosa floración de partidos-[ habría que decir en este caso de banderas-] proliferación explicable en un régimen [-"como el nuestro"]- que no es para mí signo de desconcierto y claro síntoma de vitalidad y de plausible inquietud, que ya comienza a concentrarse por afinidades ideológicas. Clima por otra parte, que no ha llegado a crearse por generosa concesión de los poderes públicos , sino contra ellos, y naturalmente a pesar de ellos.[1] 

 

Pero frente a esta situación , y desde 1931, habría que preguntarse ¿Qué se ha aportado desde el republicanismo a día de hoy , qué respuesta tienen los anhelos que se muestran en nuestras manifestaciones frente a los poderes públicos, hondeando el recuerdo y las banderas republicanas.? 

 

Realmente si echamos un vistazo a nuestro alrededor más inmediato podemos decir sin rubor, y con pena, que poca cosa se ha hecho. Pues hemos contemplado como tras la salida de las viejas catacumbas ditactoriales, y caídos los viejos bastiones no nos han dejado el camino expedito hacia la Republica, sino muy al contrario los compromiso/consenso contraídos, el posibilismo del miedo y del poder, hicieron que los ideales republicanos que aún pervivían en la mente y en los corazones de muchos hombres y mujeres se vinieran abajo después de tanta ansia republicana. 

 

Luego fueron los años de la erradicación de la memoria histórica, el permanente olvido de las organizaciones políticas del ideal republicano que tanto alentaron, el abandono de los símbolos y los valores republicanos que fueron moneda de cambio para el del bienestar social que hoy mitiga la conciencia de viejos burgueses y repúblicos, que tratan de recuperar lo que en sus manos tuvieron y que no quisieron patentizar, nada teníamos que perder pues todo lo teníamos perdido. 

 

Nuestra memoria ha caído, y los valores republicanos no son nada más que un vago recuerdo, un lema que gritamos pero que no ejercitamos, una bandera que agitamos entre la barahúnda de pancartas y de voluntades, pero que es una frágil isla que ondea al viento, que nos quiere decir mucho, pero cuya respuesta no encontramos en la actitud de nuestro vecinos, de nuestros políticos, que rehuyen el debate republicano, la formación cívica en valores republicanos. 

 

Se sacraliza la Republica y a los republicanos de antaño, se saca a los viejos liberales asturianos Florez Estrada; Agustín Argüelles como pendones, se les desviste de ciertos ropajes incómodos y se les reviste con el manto republicano, realizado todo ello por actuales burgueses de conciliados sueños e idilios, se hace fetichismo republicano sin pudor haciendo del atrio laico del republicanismo un auténtico santoral. "Desde sus mismo orígenes gaditanos, el liberalismo democrático español había realizado una operación de transposición o proyección de la lucha política a terrenos éticos o incluso religiosos: había rendido culto a la "Constitución"- la de Cádiz, por excelencia; la del 69, en la larga noche de la Restauración- como objeto totémico que identificaba a la tribu de los creyentes ; estructuraba la historia, como manda el esquema canónico del mito"[2] 

 

Tan es así que podríamos decir hoy, que setenta años más tarde los republicanos de 1900, eran "hombres del 48", sin petulancia podemos remarcar que los republicanos actuales, aquellos que pretenden liderar el movimiento republicano actual son hombres del 31. y hay quien llega y se ancla en el 73, y se queda como panzuda fragata varada en el recuerdo. 

 

Por eso la pregunta ¿Qué bandera republicana seguir? Pues si antaño había un credo republicano , unos hombres que lo abanderaban, y avalaban con su hacer con nombres y apellidos: Ruiz Zorrilla, Salmerón, Pi y Margall, Azaña. Martínez Barrio, y más cercanos a nosotros Juan González Río, Juan Fernández de la LLana, José González Alegre, Zarracina, Eladio Carreño, etc. hoy ya sin base ética en la que apoyar el proyecto político republicano y sin claros referentes de propuestas programáticas y sin hombres que las propugnen. 

 

Anhelamos esa Republica y el hondear de la bandera republicana, pero habría que preguntarse ¿Para qué..? Por lo vicios monárquicos como excusa, o por la propia valía del modelo republicano, aunque nos surge la duda y la pregunta sobre el día después:¿Quien se hará con la antorcha, con el aval republicano? 

 

Nos movemos desde la frustración del 73, y del 31, a la esperanza de una III Republica, en medio de una realidad cotidiana dura y casi inamovible, donde la alternancia en el poder hace que las referencias históricas desaparezcan y se desdibujen, presentando un encefalograma plano con una ciudadanía de baja intensidad, aunque campea por en medio una inusual ilusión en un modelo republicano, que desde mi anarquismo de raíz, cercado por el posibilismo socialista que me embarga, pido a gritos en estos tiempos rampantes de encapuchados y de flagelantes, de pasos con Resucitados y sollozantes Magdalenas, que haya una bandera republicana que seguir, pero haciendo una revisión de calado haciendo que el principio de ciudadanía se ejerza y se constituya como tal, y no como una moneda de reconciliación con los viejos fantasmas personales. Tal vez esa sea la bandera a seguir que debiera corresponder a la plenitud de la ciudadanía y eso necesita y requieres razones y hombres, no solo una mayoría de votos. 

 

He dicho Víctor Guerra García

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[1] Palabras pronunciadas por José Maldonado en 1976 en un mitin en París, con motivo de la Conmemoración de la República. 

 

[2] Texto de José Álvarez Junco en "La cultura Republicana española a principios del siglo XX".

 

* Artículo publicado en la Revista ÁGORA de Gijón (Asturias) Nº 19 Verano 2003

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