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Regreso al País Vasco
Antonio Alvarez-Solís
Gara
3 de Diciembre de 2009
Siempre repaso con mucho cuidado el
Euskobarómetro
que dirige el Sr. Llera. Unas veces acierta y otras no, pero
siempre constituye una referencia obligatoria para cavilar sobre
la política en Euskadi. El profesor Llera es el equivalente en
el País Vasco a lo que significa Victoria Prego para el análisis
de la transición española.
Las noticias de la Sra.
Prego sobre la transición siempre resultan desconcertantes para
los que vivimos aquella época sumergidos hasta el cuello en la
política de entonces. He de decir de entrada que entre la
transición que relata la Sra. Prego y la transición a la que
dediqué muchas páginas desde sus primeros momentos existen unas
diferencias que me han obligado a dudar profundamente de mí
mismo. No acierto a averiguar por qué pasó aquello que no pasó.
Lo más seguro es que la Sra. Prego y yo no vivamos en el mismo
país. Puede ser. A los ochenta años lo único seguro es la duda.
Me sucede lo mismo con el Euskobarómetro. Los entrevistados por
el equipo del Sr. Llera son unos vascos que yo no tropiezo casi
nunca, quizá porque paseo poco la margen izquierda dadas mis
dificultades para caminar. La margen izquierda mantiene
fidelidades que deben ser residuos de la metalurgia. En
cualquier caso, y a juzgar por las elecciones, abunda en vascos
con vistas al sur.
En el último
Euskobarómetro los consultados por este fino instrumento
estadístico manifiestan cosas que inclinan a considerar que
existe en estas fechas un empate técnico electoral entre el PSE
y el PNV, pero a continuación esos mismos consultados hacen
pública su preferencia por los jeltzales en un 33% mientras la
preferencia hacia los socialistas no rebasan el 20%. Quizá yo no
sepa leer estadísticas y la esté leyendo mal, pero si es así el
Euskobarómetro debería acompañarse con un folleto de
instrucciones para su interpretación.
Los vascos con los que
hablo habitualmente, también en un trabajo de campo apreciable,
son unos vascos distintos. Muchos de ellos siguen al PNV, pero
manifiestan una decidida inclinación por el Sr. Ibarretxe frente
al Sr. Urkullu. Yo no sé si esto conviene decirlo, ya que el
periodismo está difícil de nómina, pero quizá ha influido mucho
en mí «La guía de perplejos» de Benjamín. Maimónides, que en su
tiempo tuvo casi la misma aceptación que tienen hoy las obras de
Toti Martínez de Lecea. Verdaderamente estoy perplejo.
Uno de los datos del Euskobarómetro dice que la izquierda
abertzale ilegalizada cuenta con una intención de voto del 7%,
más o menos, es decir, que la votarían cien mil ciudadanos. Yo
no sé si este dato lo ha extraído el Sr. Llera mediante
complicadas ecuaciones o asomándose a la ventana. A mi me salen
más vascos abertzales de izquierda, pero con sólo cien mil
sufragios lograrían unos siete diputados, lo que cambiaría mucho
las cosas, ya que en la Cámara vasca basta contar con 38
sufragios para tener la mayoría absoluta. Esto es lo que leo en
los papeles. También es verdad que hay papeles y papeles. Acabo
de enterarme, con mucha intriga, que la directora general de
Prisiones, Sra. Gallizo, ha ordenado vigilar especialmente a los
presos musulmanes que lean GARA.
Lo que ya me parece
encaje de bolillos es que el Sr. López vaya a obtener tantos
votos según la encuesta cuando los consultados han mostrado su
simpatía por el Sr. Ibarretxe en un 50%, mientras al líder del
PSE lo ven con ternura únicamente el 23% de los consultados que,
sin embargo, creen, en un 47%, que ha llegado el momento de
cambiar de lehendakari. Como sé que te gusta el arroz con leche
debajo la puerta te meto un ladrillo. Insisto en que la encuesta
necesita una especialización previa para ser leída
correctamente.
Al margen del
Euskobarómetro en sí lo que me ha llamado más la atención es que
la Sra. Cospedal, secretaria general del PP, ha dicho que su
partido «hará todo lo posible para que no haya un gobierno
nacionalista en el País Vasco», que es como lo designan no sólo
los «populares» sino los socialistas que hablan con Madrid todos
los días. Sería fenomenal que sucediese algo así, ya que se
habría acabado la cuestión vasca por unos veinte años, un
tiempo, sin embargo, muy inferior al de la anterior dictadura.
Pero esto de que Euskadi, y no digamos ya Euskal Herria, pueda
ser de nuevo el País Vasco, mediante el concurso de «los
populares» o de los peneuvistas calzados, no me cuadra tampoco
con lo que escucho en la calle o en otros diversos ámbitos.
Insisto en que quizá yo hablo con gente muy clandestina en
cuanto a sus opiniones.
La cuestión es que en
las próximas elecciones se decidirá si los vascos quieren ser
vascos de Euskadi o vascos de Madrid, como eran, sin ir más
lejos, los caballeros que crearon el TALGO y muchas otras cosas.
El TALGO fue un regalo vasco a Franco; en cierto modo, y de cara
a la calle española, un gesto de adhesión al Régimen que le
sirvió a Franco para preparar el futuro, como también
contribuyeron a ese futuro Lola Flores y Manolo Caracol, que
eran algo parecido, por su capacidad de caja, a lo que se
pretendió vanamente que dieran de sí «Manufacturas Metálicas
Madrileñas». Los vascos que han llevado su trainera al estanque
del Retiro tuvieron mucho brillo en aquellos tiempos y aún lo
conservan hoy, aunque ahora con un evidente temor a dar bien el
salto entre Pinto y Valdemoro.
Conste que con mis
pobres medios de investigación he llegado a concluir, con unas
altas posibilidades de certeza, que la mayoría de vascos desean
ser solamente vascos de Euskadi, incluso en la izquierda real,
que es la izquierda abertzale con sus posibles aliados, como los
comunistas también vascos. Esto no me sorprende nada, ya que los
vascos-vascos han tenido siempre presente la dominación que ha
sufrido secularmente Euskadi, entendiendo por Euskadi, como es
sabido, la actual parte institucional de Euskal Herria. Me
sorprendería mucho, por tanto, que en las próximas elecciones no
se atajase el paso a la lehendakaritza de los partidos
vehiculares de la españolidad. Como también me sorprendería que
en el seno del PNV no se aclararan las aguas.
El nacionalismo vasco creo que solamente puede funcionar con
futuro si su carta de navegar señala a dos destinos: la
consecución de la soberanía y la reintegración a la escena
política electoral de todos esos vascos que hoy andan a trancas
y barrancas entre la libertad escasa y la represión abundante.
Un Euskadi que observe bien esa carta de navegación, creo yo,
será un Euskadi perfectamente preparado para entrar en el
concierto de los pueblos europeos. Más todavía: un Euskadi dueño
de sí mismo estaría en correcta disposición para dialogar de
modo efectivo con España. Porque España no necesita andar con la
piedra del País Vasco en el zapato. Basta con que acepte la
igualdad de ambas naciones y abra así las correspondientes vías
de comunicación. Ser vasco de Madrid jamás resolverá el
problema.
Claro que estas cosas
las digo de oído. Si yo tuviera un Euskobarómetro podría
afirmarlas con cierta rotundidad. Bastaría hacer las preguntas
de manera tal que las respuestas no estuvieran incluidas en las
preguntas. Este mecanismo de predeterminación abunda en el
periodismo actual. Los entrevistadores que salen a la calle no
salen para saber sino para cazar. Supongo que alguien les habrá
facilitado la escopeta dialéctica. Es una pena que el
Euskobarómetro me lleve a esta reflexión general, tan negativa.
En cualquier caso uno sabe que el propio pensamiento depende de
la propia reflexión. Menos mal.
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