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¿Quo vadis, Patxi?

Carlos Tena
 Insurgente   9 de Marzo de 2009

Las malas costumbres ibéricas se centran en la envidia, la soberbia, el racismo, el clasismo, el españolismo imperialista, la violencia gratuita y el humor estúpido, entre otras muchas lacras heredadas de los sistemas monárquicos y dictatoriales que se han sucedido a lo largo de más de veinte siglos. Pero hay ocasiones en las que uno tiene que reconocer que, a pesar de los pesares, existen personajes, como Sancho Panza, que responden a un prototipo de ciudadano común, aunque se nos pueda tachar de utilizar esquemas simplistas.  

          Es el caso del protagonista de la mayor parte de los chistes acerca de los vascos (bastante malos, por cierto), en los que casi siempre brota un tal Patxi, cuya inteligencia resulta bastante dudosa, aunque no así su constancia y simpleza. Parece que la excepción confirma la regla, y algo que me parecía una solemne memez, como los chascarrillos sobre la gente de esa villa tan hermosa como Lepe o los dedicados a polacos, irlandeses y belgas, sostiene algún viso de realidad cuando el héroe (dicho sea con toda la ironía) se llama Patxi López, que sin reconocer que el partido al que representa ha recibido muchos menos votos que el comandado por Ibarretxe, se emperra en superar las estupideces de su hermano gemelo (el de los chistes), para conducir a Euskadi por el camino de la sinrazón, la soberbia, el españolismo casposo y el desprecio a toda sensibilidad nacionalista o abertzale. Patxi, como el de las bromas, cuando repasa una guía telefónica, no sólo lee sino que razona.  

          Es sabido que la soberbia suele ser mala consejera, y más aún si desde el exterior se anima al animal que cree haber llegado a la tierra prometida para conquistarla, eso sí, conculcando todas las leyes naturales. Como Cristóbal Colón cuando arribó al nuevo mundo, creyendo que estaba en las Indias, Patxi sabe que su ascenso electoral le podría legitimar para presentarse a lehendakari, si admite a priori tres incontestables verdades: la primera, que Ibarretxe y su PNV, como ya dije, ha sido el partido más votado; la segunda, que sólo con el apoyo del Partido Popular, es decir, de los neo franquistas que jamás condenaron el terrorismo, podría darse el desastre de que ocupara el cargo; y la tercera, que si se diera tamaña artimaña, sería producto de una enorme mentira: la que niega que más de 100.000 ciudadanos vascos votaron a la ilegalizada (que no ilegitimada) formación D3M, cuyos siete diputados (válidos en un verdadero estado de derecho), bastarían para impedirlo.  
 

          Patxi, cuyo éxito electoral no es otro que haber conseguido que los votantes del PP, se pasaran a la piscina del PSOE (en Euskadi son casi los mismos), olvida que está muy claro que entre un partidario de aquellos y uno de los suyos, media la misma distancia ideológica que entre Fraga Iribarne y Rosa Díez. Conoce, pero le importa un comino (como a su correligionario aragonés Belloch), que sus hermanos del Popular aplaudan cuando ven en la pantalla el bombardeo de Guernika, cuando se enarbola la bandera del águila imperial, cuando se enaltece la memoria de un obispo pedófilo o cuando se tortura a un sospechoso. 

          Con su soberbia decisión de no pactar con el PNV, Patxi va a provocar más dolor, más saña, más lágrimas, más injusticia, en unos tiempos en los que la recesión económica golpea a los ciudadanos vascos y españoles. Un marco ideal para un chiste lúgubre. Patxi se ríe así de las decenas de miles de muertes provocadas por el golpe militar del infame Caudillo, al que siguió una larga y cruenta represión, que golpeó a concejales/as, alcaldes/as y diputados/as, así como al conjunto de los republicanos y republicanas con la muerte, cárcel, depuración, humillación y exilio. El PP se negó en el parlamento europeo a condenar esos hechos. Patxi será lehendakari, pero con los votos de quienes apoyaron y aún no han condenado el terror franquista, la incultura, la venganza, el odio y la represión sistemática. 
 

          Y es que Patxi López es, sin duda, un chasco, una cuchufleta negra, una burla a la democracia. Y el PP, su mejor aliado. 
 

 

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