El PSOE sabe que los animales no
le votan
Julio Ortega
Fraile
UCR
2 de Febrero de
2009
Y como lo sabe actúa en consecuencia. Si
hablásemos de Ciudadanos el Partido Socialista es consciente de
que aunque en determinadas elecciones unos cuantos no le apoyen,
siempre cabe la posibilidad de convencerles por méritos propios
o por desengaño con los otros Grupos y, que en futuros comicios,
tal vez les otorguen el voto que en esa ocasión les negaron. Por
eso y porque las personas pueden expresarse, protestar y
denunciar, los políticos son ciertamente cautos a la hora de
cometer desmanes que puedan afectar a seres humanos – bien es
verdad que de éstos también son autores un día sí y otro también
aunque nos los envuelvan en papel de regalo – pero muestran más
prudencia, probablemente no tanto por su empatía con los
problemas, sufrimientos o necesidades de la Sociedad, como por
preparar el terreno para cosechar en el futuro el número de
papeletas necesario para seguir en el Poder.
Pero nada de lo anterior es aplicable a
los animales, me refiero a los no racionales. Estas criaturas
son nuestros compañeros en este maltratado Planeta, con muchos
de ellos nos cruzamos todos los días, los humanizamos e
inventamos tiernas historias en las que son los protagonistas
para contárselas a los niños y en no pocos casos, conviven con
nosotros, son uno más en nuestro hogar. Son comunes, cercanos,
son importantes pero... no son votantes. Esta circunstancia de
cara a los gestores de la alta política los convierte en
elementos inútiles, desechables, sin el menor peso y por
supuesto, quedan excluidos de sus decisiones o mejor dicho, de
su protección, porque en cuestiones de subvenciones a asuntos
como la tauromaquia o festejos locales con maltrato animal
incluido sí que los tienen muy en cuenta.
El PSOE hizo campaña en su momento y
durante un breve periodo de alharacas, engatusamientos, promesas
vacías y golpes de efecto los animales tuvieron su momento de
gloria cuando, desde el Grupo Socialista, se incluyó en el
Programa Electoral el siguiente compromiso: “Se elaborará una
Ley Marco de Protección Animal. Asímismo se modificarán los
artículos de Código Penal referidos al maltrato de los animales
con el objetivo de facilitar la ejecución de las sentencias y el
cumplimiento de las condenas”, que por supuesto, sería
cumplido en el caso de resultar elegidos. Conviene recordar
también cuando antes de las elecciones, Mona, una perra
abandonada de El Refugio, se entrevistó con Cristina
Narbona y ésta prometio la reforma que acabamos de citar; tal
vez la ex Ministra sí estaba convencida de llevarla a cabo y
quizás por eso también fue destituida de su cargo; bueno, por
eso y por los ataques que sufrió por parte del colectivo de
cazadores y del mundo de la tauromaquia; vamos, de aquellos para
los que el respeto a los animales es un concepto que no entra en
su acervo intelectual o moral y ante los que el Gobierno mostró
miedo y/o complicidad.
Llegó el triunfo para el Sr. Zapatero y
su Equipo y con él, también hizo acto de presencia el olvido,
aunque tal vez debería de decir que se hicieron patentes el
engaño, la hipocresía y porqué no, la cobardía. Esa Ley, tan
necesaria y exigida por una buena parte de la Sociedad - la
FAPAM (Federación de Asociaciones Protectoras y de Defensa
Animal de la Comunidad de Madrid), entrego al Gobierno el pasado
Noviembre un millón trescientas mil firmas solicitando su
creación – no sólo no se dictó, sino que ahora y una vez
colgados en el perchero el pantalón vaquero, la chaqueta de pana
y la careta del cartel electoral con la sonrisa de oreja a
oreja, reconocen que no tienen intención de realizarla. Esta
decisión la apoyan en el siguiente argumento: “los juristas
no pueden dar el visto bueno a ese proyecto porque las
competencias en esta materia son de las Comunidades Autónomas”.
Llegados a este punto hasta el más cenutrio se hace la
siguiente pregunta: “Y ese “detalle”, ¿lo desconocían cuando
realizaron la promesa durante la campaña electoral?”. Mas allá
de cuestiones formales la respuesta es una mezcla de cinismo y
apatía hacia este problema; qué cara se nos quedaría si nos
dicen que la violencia de género, el abuso de menores o los
crímenes racistas, por poner algunos ejemplos, no pueden ser
castigados como se merecen por la Ley porque es una atribución
que escapa al Gobierno Central y depende de cada Región. Pues
eso exactamente es lo que está ocurriendo con los animales: son
abandonados, apaleados, quemados, mutilados, acuchillados,
ahorcados, acribillados a balazos y hasta violados; son
asesinados pero lo único que podemos hacer es resignarnos porque
los mismos políticos que reforman la Ley cuando les conviene,
dicen tener las manos atadas en este tema. Cada día comprendo
mejor porqué el Defensor del Pueblo, Enrique Múgica, no hace
mucho llamó tontos a los que estaban en contra de las
corridas de toros; lo hizo porque realmente están convencidos de
que lo somos.
La política es un negocio, sobre todo en
lo que se refiere a las dos grandes formaciones que se turnan
escaños azules y prebendas cada cierto tiempo; lo tienen
perfectamente organizado para que así sea y que ningún otro
pueda entrar en esa partida de dos. Pocos dudan que compran el
Poder a base de ofrecer un futuro espléndido y con ello,
embaucan sobre todo a los más desfavorecidos; pero una vez
logrado su objetivo, los miserables continúan presos de su
condición y los realmente beneficiados son los de siempre: los
propietarios de las herramientas que permiten a los políticos
afianzar su poltrona y asegurarse un futuro suntuoso cuando ya
no ostenten un cargo público. Dentro de este comercio siniestro,
falso e injusto no tienen la menor cabida los animales. Un perro
golpeado con una barra de acero hasta morir, un zorro atrapado
en un lazo puesto por un cazador, un visón de la industria
peletera con un electrodo en su ano o un toro ahogándose en su
propia sangre, no son estampas que conmuevan a estos “mitineros”;
saben que por más que legislen para impedir que todos esos seres
sean víctimas de atrocidades todavía legales, o aunque castiguen
como se merece al que les cause daño o la muerte incurriendo en
delito, nada de eso va a contribuir a que se perpetúen en el
Poder o a incrementar su patrimonio. Son conscientes de que un
animal, por mucho que le hayan salvado la vida, no va a acudir
el día de las elecciones con la papeleta de su Partido para
depositarla en la urna. Iba a decir que ni tan siquiera se lo
iba a agradecer pero estaría mintiendo; creo que muchos sabemos
hasta qué punto puede llegar la gratitud de un can rescatado de
una perrera o de las manos de algún salvaje, hay que vivirlo
para comprenderlo porque con palabras no es fácil expresar lo
que transmiten sus ojos cuando se ve protegido, a salvo en un
hogar donde le respetan y cuidan después de haber conocido el
sufrimiento día tras día y esperar tan solo su ejecución más o
menos dolorosa.
Señores del Partido Socialista, yo
también me lo creí cuando prometieron elaborar esa Ley de
Protección Animal; me sentí satisfecho y esperanzado y aunque
sabía que quedaba mucho por hacer, lo consideraba un punto de
partida fundamental para equipararnos al respeto y amparo legal
del que disfrutan en otros países. Pensé que un Gobierno con la
sensibilidad, valentía y dignidad para dar tal paso sería capaz
de seguir trabajando en ese sentido y que sólo era cuestión de
tiempo que brutalidades como las corridas de toros, el Toro de
Coria, el Alanceado de Tordesillas, las granjas peleteras, la
caza, los circos con animales o las explotaciones intensivas de
gallinas, por citar algunas, acabarían desapareciendo y con
ellas, la tortura espantosa y prolongada de tanto ser vivo con
capacidad para sentir. Me equivoqué, fui un iluso, me dejé
engañar y hoy, consciente de la aspereza y de la doblez de su
conducta, me siento asqueado y avergonzado de vivir en un País
en el que el maltrato a los animales es una simple falta y no
siempre, porque a menudo forma parte de actividades permitidas y
subvencionadas, con amplia difusión en los medios, para las que
hay escuelas, que organizan conferencias, que practican o a las
que son aficionados incondicionales ciertos personajes muy
“ilustres” y cuyos autores forman parte de lo más granado de la
Sociedad, son fenómenos de masas e incluso, en algún caso,
reciben la Medalla al Mérito en las Bellas Artes.
No me extraña que todos los días, todos,
nos lleguen noticias de perros martirizados o de gatos
torturados; así es y así seguirá siendo, porque los que cometen
tales actos están seguros de que nada les va a pasar, a lo sumo
una multa de unos pocos euros si son detenidos, juzgados y
condenados, algo que no suele ocurrir. Ellos, los maltratadores,
saben que a Vds. les trae sin cuidado el padecimiento o la
muerte de un animal y por eso casi siempre reinciden. Pero no se
preocupen, que aunque diariamente cientos de criaturas sean
asesinadas Ustedes no van a perder apoyo electoral por su parte,
porque los animales no pueden votar. Por la de las personas a
las que nos repugnan esos crímenes – da igual que a veces no
tengan tal consideración, lo siguen siendo – van restando votos
poco a poco porque no se puede depositar la confianza en quien
demuestra ser un mentiroso consciente; parece que esta
disminución no la consideran importante, pero les invito a que
echen un vistazo a la suma de papeletas que reúnen Formaciones
Animalistas y Ecologistas que se presentan a las elecciones,
para que reflexionen sobre las consecuencias de su desprecio
hacia las formas de vida no humanas.
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