|
Joaquim Pisa
Aventura en la Tierra
10 de Abril de 2009
|
Desde hace
varias décadas los barcos españoles pesqueros y
mercantes son conocidos y temidos en muchos mares
del mundo, y singularmente en la costa africana
occidental, de Marruecos a Angola. Además de ser
verdaderos depredadores de los recursos pesqueros
ajenos, a menudo embarcaciones bajo bandera española
se han visto envueltas en operaciones de tráfico de
armas y de drogas, algo que se publica con
cuentagotas en los medios españoles pero que no por
ello es menos real. |
 |
Arrasar caladeros es una especialidad
de las flotas pesqueras española y japonesa, pertenecientes
ambas a países con elevado consumo de pescado y marisco,
cuyos buques se ven obligados a buscar zonas de captura cada
vez más alejadas y arriesgadas a medida que, como las plagas
de langosta, van exterminando a su paso recursos pesqueros
ajenos. En ese sentido, el Cuerno de África se ha convertido
en los últimos años en un polo de atracción importante para
los grandes barcos frigoríficos de estas dos nacionalidades,
y de algunos otros países que siguen su rumbo. Pescar en
ricos caladeros de países desestructurados tiene, entre
otras ventajas, la de no tener que pagar ninguna clase de
derechos de pesca a Estado alguno. Es así como se ha
arruinado la pesca artesanal en esa zona del mundo,
obligando a los pescadores locales a poner en marcha un
negocio que para ellos es mucho más interesante que morirse
de hambre: la piratería.
El problema de Puntland, la región del
norte de Somalia que se ha convertido en la moderna Isla de
Tortuga de los piratas del siglo XXI, no es tanto que el
Estado somalí haya dejado de existir e impere en ella el
caos y la ley del más fuerte -que también-, sino sobre todo
el que la tradicional industria pesquera artesanal ha sido
arruinada por la brutal competencia de los grandes buques
europeos, que esquilman la pesca de un modo salvaje e
irrecuperable. Por otra parte, los beneficios de la
piratería riegan también generosamente otras zonas
insospechadas del mundo: la intermediación en las
negociaciones para la liberación de personas o mercaderías
secuestradas se lleva generalmente desde prestigiosos
despachos de abogados londinenses, que naturalmente cobran
sustanciosas minutas sobre los rescates pactados.
Y en fin, los intereses que se amparan
tras las lágrimas de cocodrilo de las grandes empresas
armadoras quedaron bien patentes hace apenas unas semanas,
cuando el Parlamento español votó favorablemente una moción
que permite dar cobertura militar a los barcos de pesca y
transporte en el área donde menudean los ataques de piratas
somalíes. Esa propuesta legislativa, -impulsada por Josu
Erkoreka, portavoz parlamentario del Partido Nacionalista
Vasco (PNV)-, responde a la defensa de los intereses de
importantes compañías marítimas vascas relacionadas con el
negocio de la pesca; se votó justamente antes del comienzo
de la presente temporada de capturas, en la que sólo en la
especialidad de atuneros están faenando frente a las costas
de Somalia nada menos que doce grandes buques frigoríficos
vascos.
Aprovechando la coyuntura, diversas
empresas de transporte marítimo se han acogido a la
protección militar para continuar sus muy rentables
tránsitos por esos mares. Es el caso de Repsol, que en estos
días ha solicitado protección militar para dos petroleros
que transportan crudo sacado de Irak, en lo que parece un
ensayo de posteriores transportes, así como el de otra
empresa española que ha logrado un multimillonario contrato
para colocar cable submarino en la zona.
La protección militar a estos muy
privados intereses se paga obviamente con cargo a los
Presupuestos Generales del Estado, lo que no deja de ser
curioso en un país como España, en el que hasta los
edificios institucionales están protegidos por vigilantes
pertenecientes a compañías privadas de seguridad. ¿Por qué
los grandes armadores pesqueros y las compañías como Repsol
o los transportistas de contenedores no se pagan seguridad
privada cuando navegan por África Oriental? ¿por qué hemos
de pagar entre todos sus facturas, y arriesgar la vida de
nuestros soldados defendiendo sus intereses y negocios
particulares?.
El abuso no es pues sólo sobre los
africanos y sus recursos naturales sino también sobre los
propios ciudadanos europeos, en la medida en que España ha
conseguido embarcar en la defensa de la "libertad de
navegación" sostenida a punta de cañón a toda la Unión
Europea. Una verdadera historia de piratas ésta, sólo que en
la realidad los papeles están cambiados en relación con la
que suele aparecer en los medios.
|