¿A cuánto se cotiza
el kilo de basura?
Lluis Casas
lluiscasas.blogspot.com 13 de Febrero
de 2009
Debo
confesarles que el título del articulillo incorporaba un término
alternativo al de basura. Término mucho más orgánico y
contundente y probablemente descriptivo, pero, en fin, los
buenos modales y la discreción que el editor me exige han hecho
que encabece lo que sigue con gran moderación y ecuanimidad
tratándose de lo que se trata.
La referencia del kilo de basura se refiere, para que no se me
desorienten, a este invento reciente de los bancos públicos
malos. Bancos que acumularan los activos, es decir créditos
otorgados (término muy desprestigiado en este momento), que
posee el sistema bancario internacional y que no tienen más
respaldo real que la buena voluntad de los dioses, dado que en
la tierra no valen nada. Ese banco acumulador, tal que una
batería, de créditos impagables y por lo tanto incobrables, debe
ser público, faltaría más, dado que no hay empresario banquil
(no utilizo bancario para demostrar que tenemos un nuevo sector
financiero substancialmente distinto al tradicional) que los
quiera. Una operación de pura ortodoxia liberal. Socializar las
pérdidas (ahora la basura bancaria) hubiéramos dicho en épocas
más definitorias, sistema de una enorme justicia distributiva.
Cuando hay ganancias a espuertas todo se lo lleva el consejo de
dirección y los accionistas, y cuando hemos metido la pata, el
remo y otros adminículos articulados hasta el fondo creando unas
pérdidas supermillonarias, viene el sector público y se las
lleva para el solo. Espléndida jugada. Que además se hace con
los mismo directivos bancarios que han producido la catástrofe,
aunque eso si, van a rebajarles el sueldo de cien millones a
treinta. Todo un gesto. Yo propondría un fondo especial para el
sueldo del gran Magdoff, el neoyorquino más reputado y que se
encuentra en la miseria y abandonado por sus propios hijos. Hay
que ser comprensivo y humano. Para eso estamos.
El sistema se va aplicar en los USA y hay discusiones europeas
que no harán más que aplazarlo. Parece ser que España ha tenido
sus más y sus menos con la propuesta y por el momento ha logrado
aplazarla. La comidilla del asunto es que la postura inflexible
del tío Solbes se debe a las ordenes recibidas del dios Botín,
dado que como su publicidad dice que no ha generado basura no
tiene derecho a que se la compren, por lo que, prefiere que no
exista el banco malo europeo. Aluden a no se qué cosas de la
competencia.
Si bien los resultados bancarios de la crisis son pura basura,
expresión coloquial que tiene ciertas moderadas excepciones,
entre las que, dicen ellos, se encuentra la banca española (ya
lo veremos), no son las únicas pérdidas que se pretende endiñar
al colectivo social de los que pagamos al fisco. Ahí están por
lo menos, la industria automovilística y según el decir de los
empresarios catalanes, todo el metal. Quieren subvenciones, dado
que nadie les compra nada. Actitud más que coherente con las
expresiones de no hace mucho con respecto a las obligaciones
públicas.
Pero la pregunta del millón es: ¿qué vale el kilo de basura
bancaria? El kilo o la unidad de cuenta que se establezca, da
igual. ¿Cómo vamos a valorar un crédito que no tiene comprador
en el mercado por que no tiene pagador solvente? Eso en el
mercado de San Adrián no vale una perra gorda. Ahora bien, si
nos ponemos en Wall Street la cosa cambia. Ahí el valor
inexistente debe pagarse de alguna manera. Es como una
obligación religiosa. Un deber ineludible que nace con el
bautismo. Un crédito siempre será un crédito y por lo tanto algo
vale. Los críticos ilustrados, como Krugmann, aducen que el
valor es el valor que les da el mercado de la basura, coinciden
con eso con el mercado de San Adrián. Los que son menos
ilustrados pero mucho más listos pondrán un precio político en
base a que hay que salvar la banca, manque nos robe a espuertas.
Por que la banca es la banca y resulta imprescindible para la
tarjeta Visa, que va
a lo loco.
Todo un razonamiento en plena crisis financiera. Como los
políticos son asustadizos les van a hacer caso, ya lo vera.
Verán ustedes cual es el precio del kilo de basura fijado,
información que servirá para lustrara las facultades de
economía, por el sistema del más tonto corre que se las pela. En
mi próxima reencarnación como economista no voy a perderme las
clases en donde se explica como se forman los precios. Va a ser
emocionante escuchar a los neoclásicos y a los Minnesota boys
hablar de modelos matemáticos y de propensiones a la compra de
basura. Les recomiendo la película, en la mejor tradición
cómica.
Pues bien, si realmente la basura no vale nada, pura realidad
descriptiva de lo que hay, la ayuda bancaria debe traducirse en
algo que puede llamarse simplemente nacionalización de la banca.
Una nacionalización temporal, si quieren o si temen abrasarse
con el término. Nacionalización en base a las aportaciones
públicas que equilibren balances bancarios y que permitan
reemprender la senda normal del crédito. Si la actividad deviene
normalizada, ya habrá tiempo y oportunidad para vender la parte
pública y recuperar la inversión. Algo simple, claro y útil. De
paso, al hacernos con la banca, largamos lastre con la detención
y puesta a disposición del juez de los directivos locos,
estúpidos o simplemente estafadores responsables de todo el
desaguisado.
¿No les conmueve la propuesta? De hecho en los USA se discute en
serio y en Europa debería hacerse. De modo que fuera innecesario
saber que vale el kilo de m…, quiero decir: basura.
Lluís Casas escatológico