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La Inspección de Trabajo y los
trabajadores
Héctor Illueca Ballester
UCR 26 de Enero
de 2009
Recién comenzado el año 2009, ya no
es posible dudar del alcance de la crisis que afecta al sistema
capitalista mundial: diversos organismos internacionales, como
el FMI o la OCDE, postergan hasta el año 2011 una hipotética
recuperación y anuncian graves consecuencias en términos de
despidos masivos y precariedad laboral.
Informes fiables de prestigiosos think-tanks
europeos, entre los que se encuentra Global Europe
Anticipation Bulletin, señalan que la recesión podría
prolongarse durante una década en algunos países y auguran un
incremento de la inestabilidad política con riesgo de estallidos
sociales.
En nuestro país, la crisis económica ha tenido un profundo
impacto sobre el sistema de relaciones laborales, desencadenando
un proceso de destrucción de puestos de trabajo tan intenso como
extenso, que el profesor BAYLOS GRAU, de forma muy expresiva,
calificaba recientemente de "carnicería laboral".
En este contexto, resulta
interesante reflexionar sucintamente sobre una de las
instituciones más características y fundamentales de ese sistema
golpeado por el tsunami económico: nos referimos a la
Inspección de Trabajo y Seguridad Social, cuya razón de ser
pasada, pero también presente, está ligada de manera indisoluble
a la necesidad de protección de los trabajadores dependientes,
verdadero origen y motivo de la denominada legislación social.
En efecto, el nacimiento y
desarrollo del Derecho del Trabajo está ligado a la acción
reivindicativa del movimiento obrero. El capitalismo trajo
consigo la formación de la clase obrera, integrada por
trabajadores asalariados que, privados de medios de producción
propios, venden su fuerza de trabajo para subsistir. La
expansión del proletariado durante la industrialización
proporcionó a los trabajadores conciencia del antagonismo
latente en la producción capitalista y de la necesidad de
organizarse para defender sus intereses. La movilización
consiguiente contra el capitalismo, a través de organizaciones
sindicales y políticas portadoras de un proyecto revolucionario
se conoce, históricamente, como movimiento obrero y es
determinante para el surgimiento del Derecho del Trabajo. La
presión de las organizaciones obreras forzó la intervención
legislativa del Estado, conquistando diversas reivindicaciones
sociales que, en el devenir del tiempo, cristalizaron en un
bloque normativo ciertamente complejo que se proyecta sobre
todos los aspectos de las relaciones laborales: contrato de
trabajo, seguridad y salud laboral, Seguridad Social…
Pero, en paralelo a este proceso
histórico-político, crecía la conciencia de que el poder
económico de los empresarios podía frustrar la aplicación de las
normas protectoras del trabajo, vaciándolas de contenido y
reduciéndolas a un simple ejercicio ético sin fuerza vinculante
alguna. Esta coyuntura explica el surgimiento de la Inspección
de Trabajo como instrumento del Estado para garantizar la
observancia de la normativa enderezada a regular las relaciones
entre empresarios y trabajadores. En palabras, ya clásicas, del
profesor MONTOYA MELGAR, "hasta tal punto el Derecho del Trabajo
debe su coactividad -es decir, su carácter de verdadero orden
jurídico- a la creación de la Inspección de Trabajo que, como se
ha dicho repetidamente, la historia de la legislación laboral es
la historia de la Inspección de Trabajo"
Empero, en las dos últimas décadas
hemos asistido a la desregulación progresiva del mercado de
fuerza de trabajo, hasta completar una transición nítida entre
la organización keynesiana y la liberal de dicho mercado. Este
proceso, que ha supuesto un importante retroceso en la
protección legal de los trabajadores, se desarrolla al margen
del turnismo político mediante diversas fórmulas legislativas:
el abaratamiento del despido, la contratación temporal no causal
o la desregulación de numerosas condiciones de trabajo… Su
objetivo es elevar la tasa de beneficio incrementando la tasa de
explotación de los trabajadores. Pretende rentabilizar al máximo
el uso de la fuerza de trabajo flexibilizando el empleo y
eliminando controles administrativos y sindicales. La política
neoliberal, brote joven de un tronco viejo, no busca fomentar el
crecimiento económico y el bienestar social, sino, pura y
simplemente, el beneficio privado.
Es así que la Inspección de Trabajo
ha tenido y tiene todavía que desempeñar su cometido en un
contexto profundamente hostil a los objetivos de política social
que orientaron su creación hace más de 100 años. Es este
contexto, caracterizado por la hegemonía de la ideología
"neoliberal" y la decadencia paulatina del keynesianismo, el que
explica y justifica la asombrosa precariedad de medios humanos y
materiales adscritos a dicho organismo y la notoria
insuficiencia de los instrumentos jurídicos puestos a
disposición del colectivo inspector para el desenvolvimiento de
su actividad. O dicho con mayor claridad: el incumplimiento
generalizado de la legislación laboral y la incapacidad de la
Inspección de Trabajo para cumplir con sus funciones, expresan y
son consecuencia de la voluntad política de los responsables
orgánicos y funcionales del referido sistema institucional de
evitar que exista un órgano administrativo capaz de poner orden
en la arena de la economía. Desde este punto de vista, el
proyectado traspaso de la Inspección de Trabajo a Cataluña en un
momento de grave deriva neoliberal de los gobiernos estatal y
autonómico, podría suponer un paso decisivo para su completa
neutralización, abriendo la puerta a una rápida degradación de
las funciones y servicios legalmente encomendados al sistema de
Inspección de Trabajo y Seguridad Social.
No obstante, como decíamos al
principio, parece haber hecho eclosión una crisis económica que,
sólo en Cataluña, afecta ya a decenas de miles de trabajadores y
que probablemente empeorará a medida que sus efectos se
extiendan a la economía real. Esta situación, inevitablemente
portadora de inestabilidad sociopolítica, ha provocado un
cuestionamiento de la retórica neoliberal que, a través de una
feroz ofensiva ideológica, posibilitó la imposición de las
estrategias desreguladoras en el ámbito laboral. En lo relativo
a la Inspección de Trabajo, puede ser un buen momento para
reclamar que, fiel a su función originaria, recupere su
importancia y protagonismo en el mundo del trabajo, dotándola de
recursos humanos, materiales y jurídicos para cumplir con sus
responsabilidades, como expresión de un sano y deseable
intervencionismo al servicio de la justicia social y de la
igualdad entre los hombres.
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Héctor Illueca Ballester es
Inspector de Trabajo y Seguridad Social
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