|
¿Grietas?
Juan-Ramón Capella
Mientrastanto 13 de Mayo de 2009
La
filmación que muestra a los mossos d’esquadra saliendo
como posesos de las “lecheras” con la porra en alto para cargar
contra los estudiantes que protestaban en Barcelona por el
llamado “proceso de Bolonia”, o sea, por las normas de
subordinación a los mercados de las universidades, merece ser
comentada. La furia de los mossos más parecía fruto de la
excitación química que del celo por el orden. Y cargaban sobre
unos jóvenes que en su vida han recibido un capón porque eso
está prohibido. Hasta a una madre le han quitado la patria
potestad y encarcelado por soltarle uno a su hijo, y no hace
falta hablar de lo mucho que se tienen que contener los
enseñantes, educados de otro modo.
¿Qué
ocurre con el proceso de Bolonia? Está cuestionado por
universitarios de toda Europa, que consideran disparatados o
inoportunos uno u otro de sus aspectos. En España se ha
suscitado un debate intelectual al respecto en que se ha
pronunciado analítica y políticamente en contra de las normas
consensuadas en Bolonia un sector importante de las personas que
en nuestro país se ganan la vida con la reflexión, el análisis o
la enseñanza universitaria. La presidencia del gobierno no ha
ignorado el problema, pero ha recurrido al cambio ministerial,
colocando al frente de Educación a un rector destacado, sin la
menor intención de aplazar y reconsiderar la cuestión. Eso
significa que el poder tiene por fundamentales los cambios
auspiciados por Bolonia, pero significa también que no se ha
percatado todavía de que el proceso de Bolonia está ligado a una
perspectiva de políticas neoliberales que han hecho aguas por
todas partes. Todo el mundo sabe que con Bolonia se irá a peor
en la enseñanza superior; se conseguirá colocarla al nivel de
las enseñanzas medias. Y eso ocurre cuando una reforma educativa
seria y profunda es más necesaria que nunca para adaptarse al
mundo que emanará de la crisis económica.
Los
jóvenes
que hoy luchan por introducir racionalidad en la reforma
universitaria —abordada por gentes que vive en un mundo de
pseudoconceptos generados por ellas mismas—, y los que el curso
próximo empezarán a sufrir el nuevo sistema, pueden ser una
primera grieta social para el sistema político de
democracia limitada que preside nuestras instituciones.
Democracia que no va más allá de prestar aquiescencia a tal o
cual lista electoral cocinada al margen de la democracia, y
aquiescencia que no conlleva responsabilidad alguna para los
premiados por la mansedumbre popular. Pero esa primera grieta
potencial —los jóvenes posiblemente comprenderán que no es
eso, y que su voz es respondida por el sistema a golpes de
porra— no es la única posible.
Pues si a
los estudiantes se les trata a porrazos, imaginen lo que el
sistema
les reserva a las protestas de las clases trabajadoras. Sobre
ellas se descarga una crisis que fulmina sus aspiraciones cuando
ya vivían en la inseguridad laboral, en el desarreglo de las
jornadas laborales, en el autoritarismo patronal tolerado y
hasta se diría que fomentado por las autoridades políticas. Los
más débiles serán los más afectados. No se puede esperar que la
profundización de la crisis deje de crear un ambiente en el que
el conformismo social de los años de euforia económica tenga su
fin. La profundización de la crisis traerá protestas localizadas
y quién sabe si generalizadas. Pero es seguro que justamente
cuando empiece a aliviarse se hará patente la grieta abierta
entre las personas que trabajan y el sistema empresarial y
político. El cuento de hadas de la transición y la supuesta
democracia empezará a desvanecerse. Un par de grietas no son
mucho, pero tarde o temprano un sistema socio-político tan falso
e injusto como el nuestro tenía que empezar a mostrar a todos su
desnudez.
Gripe y
droga
La
epidemia
de gripe aviar surgida en China hizo ver al gobierno las
limitaciones de sus éxitos económicos. Y los gobernantes chinos
actuaron con la máxima celeridad. Lo que la OMS temía que
llegara a ser una terrible pandemia mundial no llegó a serlo.
Ahora, en cambio, la gripe porcina surgida en México puede ser
otra cosa. En un Estado semidestruido y corrupto por las mafias
de la droga, la epidemia ha corrido como la pólvora y el país
casi se ha tenido que paralizar. Las cartas de los amigos
mexicanos al respecto son mucho más terribles que las noticias
de la prensa. Y es de temer que al haberse dado tarde las
alarmas sanitarias la gripe llegue a ser una peligrosa pandemia
que golpee no sólo a los mexicanos, sobre todo a los pobres
malnutridos, sino que llegue también hasta nosotros.
La
droga.
¿Saben los lectores cómo se blanquean los dineros de la droga?
Sencillamente, montando empresas legales. Tiendas de ropa, en
Sicilia; restaurantes, cadenas hoteleras y centros de ocio en
varios países del mundo, etc. La inmixtión de lo legal y lo
ilegal es característica de las mafias. Por eso es tan difícil
establecer cuál es el volumen de la economía de las drogas, cuál
es el papel de los “paraísos fiscales” por donde pasa el dinero
de la droga, y también como se relacionan con ese mundo de
“negocios” los diversos servicios secretos al servicio (valga la
redundancia) “del bien”. El excelente libro de R. Saviano,
Gomorra —no vale la pena ver la película “basada” en el
libro, en la que desaparecen los aspectos políticos del asunto
que sí están en el libro—, retrata cómo involucra ese mercado de
la droga la actividad de muchísimas gentes en una zona
económicamente deprimida, y el poder social que detentan
esos “empresarios” siniestros. La connivencia de mafia, mercado
y política es un auténtico cáncer para la vida social. El cáncer
menos detectable.
Nombres y
moda
Resultan
reveladores los nombres de las empresas implicadas en la trama
de corrupción valenciana. La empresa principal del “empresario”
Correa se llama Orange Market. En inglés, claro es, pero
no se rompió la cabeza: Mercado Naranja, algo que va muy
bien para Valencia. Encargaba los trajes regalados a
Forever young, o sea, Joven para siempre, la eterna
juventud que viste Francisco Camps. Y facturaba la cosa otra
empresa llamada Easy concept, que puede traducirse de
diversas maneras, como Idea fácil, por ejemplo. Y es que
todo era muy fácil. Se comprende que el presidente de la
Generalitat valenciana devolviera en cambio los trajes de
Milano, sin anglicismo alguno, que le regalaron: el nombre
de la empresa es anticuado, y la moda italiana, los Armani,
la sigue hasta Arnaldo Otegi. La ropa de Camps revela que la
ética y la estética van a veces en direcciones distintas. ¡Quién
lo iba a decir!
Peligro
pensiones
El
gobernador
del Banco de España ha seguido con su ofensiva para la
modificación del sistema de la seguridad social. Esta vez
propone que, como hay deflación —esto es, descenso del nivel de
los precios—, hay que aplicarla al cómputo de las pensiones. Una
idea brillante: mantener supuestamente intacta en términos
reales la capacidad de consumo de los pensionistas, que como
todo el mundo sabe, perciben en España pensiones astronómicas,
se compran coches de lujo y juegan al golf en Puerta de Hierro.
Aparte
de que no sé si a los comerciantes, en época de crisis, les va a
gustar esa propuesta de que sus potenciales clientes tengan
menos dinero en efectivo, conviene retener la idea.
Porque
la indexación a precios de las pensiones va a ser una de las
cosas más amenazadas en cuanto empiece a desatarse la inflación
galopante que, como resultado del endeudamiento público para
reflotar los negocios (principalmente el negocio bancario), va a
azotar implacablemente a los más pobres. Por supuesto, no
creemos que en esa fase inevitable el gobernador del Banco de
España siga defendiendo lo que defiende ahora.
La
ruptura
de la indexación a precios de salarios y pensiones sería motivo
de huelga general en este país. Y esta ruptura sería muy
probable en el caso de que el PP recupere el gobierno.
Hay
que
tenerlo claro.
|