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No consiento que se hable mal de Franco en mi

 presencia. Juan  Carlos «El Rey»   

 

 

No es sólo un desastre económico, es mucho más

Luis de Velasco

La Estrella Digital 27 de Enero de  2009

 

¿Hacemos caso a las previsiones económicas del Gobierno para este año o a las más pesimistas de la Comisión de la Unión Europea?

Las del Gobierno incluyen una caída del PIB del 1,6 por ciento, un paro del 15,9 por ciento de la población activa y un déficit público del 5,8 por ciento del PIB. Las de la UE, por boca del comisario Almunia, son peores: caída del 2 por ciento del PIB, paro del 16,1 por ciento, déficit público del 6,2 por ciento. Pero donde las diferencias crecen más es en el año 2010. El Gobierno prevé un crecimiento del 1,2 por ciento (la UE, una caída del 0,2 por ciento) y un paro del 15,7 por ciento, mientras la UE apunta una cifra del 18,7 por ciento de la población activa, unos 4,5 millones de parados. Es decir, el Gobierno cree que en el 2010 estaremos saliendo de la crisis y la UE no lo cree.

Cualquiera de las dos previsiones supone un absoluto desastre económico y, siempre, social. Uno, vistas las últimas correcciones a peor de las propias previsiones por parte del Gobierno y, sobre todo, a la vista del panorama y las perspectivas en la economía mundial (con Estados Unidos a la cabeza del desastre) y de las principales europeas (todas ellas ya en recesión), se inclina por la previsión más pesimista y, por ello, más realista: la de la Comisión europea. Incluso con una duda, y es la de que se quede corta en ese pesimismo y la realidad final sea peor.

El pasado viernes se han conocido las cifras finales del 2008 en lo relativo al empleo y no es exagerado afirmar que son catastróficas: 3,2 millones de parados (el 14 por ciento de la población activa), 1,2 millones más que el anterior año. Con la agravante de que la aceleración del deterioro ha sido intensísima en el último trimestre, pues es ahí donde se da la mitad de la destrucción de empleos y del aumento del paro. Otro dato revela la magnitud de la crisis social: más de 800.000 hogares con todos sus miembros en paro, cerca de un 90 por ciento más que en el 2007. No es extraño que el malestar social crezca rápidamente.

No es por casualidad el que la crisis española sea mucho más grave que la de otros países (y eso que todavía no hemos visto lo peor de la nuestra porque no son descartables sorpresas en la vertiente financiera). Unimos una crisis propia, la del agotamiento de un disparatado modelo de crecimiento con altos pasivos económicos, sociales, medioambientales y éticos, con la que nos viene de fuera, origen Estados Unidos. Esta catástrofe propia se superará; pero ése no es el tema, sino que el tema es cómo, en cuánto tiempo y con qué costes. No estamos sólo ante un problema coyuntural sino, además, ante uno estructural, también enormente complejo: ¿qué modelo de crecimiento sustituirá al ya fenecido? ¿El mismo de ladrillo más endeudamiento más especulación más irresponsabilidad? ¿Dónde está ese nuevo modelo del que se habla de mejora en la enseñanza, más I+D+i, mayor capacidad de competir, más tecnologías avanzadas?

Estamos ante una situación de enorme gravedad que exige respuestas nuevas porque ese desastre socioeconómico coexiste con un sistema político (el que arranca con la Constitución vigente, ya totalmente desfasada) en crisis. Ambos factores están interrelacionados, se influyen. Ni el Gobierno del PSOE ni el PP son capaces, por sí solos, de encarar seriamente y con mínimas garantías esta crisis integral. Hay que ir pensando en otras opciones diferentes que sean capaces de convertir la decepción y el creciente escepticismo y pesimismo de la ciudadanía en fuerza positiva. Lo ocurrido en Estados Unidos, donde la catástrofe de Bush ha dado paso a una nueva etapa de esperanza y convencimiento, es digno de reflexión.

 

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