En su papel
Emilio del Barco
UCR
27 de Febrero de 2009
Las
inversiones de nuevo cuño, realizadas con fondos públicos,
deberían tener una orientación global, pensada para beneficiar
al total de los habitantes del territorio considerado. Las
inversiones públicas en investigación científica, necesitan
convertirse en una prioridad absoluta. Disminuyendo la enorme
importancia de las inversiones militares, para aumentar,
proporcionalmente, el dinero dedicado a investigaciones
civiles. No se necesitan más, ni peores, armas. Tan importante
es el hoy como el mañana. Estamos demasiado acostumbrados a
solucionar los problemas según van surgiendo. No pensamos que
muchos de ellos no hubieran sido creados, de haberse planificado
su extinción en germen.
Quienes recomiendan las líneas de inversiones a realizar,
podrían ser no sólo políticos y empresarios, sino dar voz y voto
a universidades y científicos, para orientarnos acertadamente.
Seguro que los científicos, con capacidad para soñar una
realidad, antes de ser creada, encontrarían soluciones idóneas,
si se los dotase con medios suficientes. Si, en las
planificaciones de futuro, involucramos demasiado a hombres de
negocio, no podrán evitar seguir pensando en términos de
beneficios. Generalmente, cuando un hombre de negocios se mete
en política, lo toma como una ampliación de su negocio. No es de
extrañar que salgan enriquecidos.
Si
una oveja se comiese a otra, diríamos que es excepcionalmente
mala. Pero, si lo hiciera un lobo, no podríamos criticarlo.
Cumple con su papel. Lo raro sería que le buscase pastos a la
ovejita. Deberíamos ser cuidadosos con quienes elegimos para
regirnos. Si diésemos más poder a los lobos, éstos no tendrán
freno. Creerán que pueden devorarse todo el rebaño. No ha de
sorprendernos. Quienes actúan como tiburones en su vida privada
de negocios, seguirán con su papel aprendido. No se van a serrar
los dientes, antes de entrar en su etapa de regidores públicos.
Si, siendo como son, les ha ido bien, no tienen razones para
actuar de forma distinta. Cuando, hombres con mentalidad de
sátrapas, son elevados a cargos públicos, no les cambia la
mente; sólo se amplía su territorio de caza. Es conocido el
principio existencial:”yo soy yo y mis circunstancias.” Nada hay
más ciento y determinante. El individuo, para sobrevivir, ha de
adaptarse a las circunstancias encontradas, en cada momento. No
puede permanecer igual a sí mismo, si las condiciones
medioambientales cambian. O cambia él, o cambia las
circunstancias. Para seguir existiendo. Cuando se hizo
necesario, los hombres inventaron a los dioses, identificándolos
consigo mismos, como seres superiores, hacedores del bien y del
mal, para imponerse al resto de semejantes. La obediencia y
seguimiento viene, más frecuentemente, dictada por el temor que
por el amor.
En la
política, tanto europea como mundial, hay ejemplos evidentes.
Si, algunos de esos políticos preeminentes, no siguieran siendo
hombres de negocio y capitanes de industria, al tiempo que
políticos o líderes espirituales, algunas guerras no serían
posibles, porque les faltaría el acicate de los beneficios.
Quien lucha para imponerse, necesita, imperiosamente, reponer su
capital. El poder no sale gratis, se devora a sí mismo.
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Emilio del Barco,,
emiliodelbarco@gmail.com ,, 26/02/09