El derecho a la vida
Gran Whyoming
Público 18 de Enero de 2009
Tal vez preocupados por el avance de la homosexualidad en España, no veo a los miembros de la Conferencia Episcopal enfáticos en la condena de la sangre derramada en la franja de Gaza. Al parecer, el derecho a la vida, tan defendido cuando se trata de evitar que las mujeres decidan sobre su embarazo, se pierde al alcanzar la categoría de infante. Lo importante es el embrión, que no tiene oportunidad de decidir. Los niños que mueren en los bombardeos ya pueden hacerlo y si, como ellos dicen, sus padres les ponen de escudos humanos, es su problema. El que dispara queda absuelto. ¿Consideran los que salen indignados a la calle a reivindicar “la familia” que volar una casa con todos los miembros dentro es atentar contra la unidad familiar? Tal vez el hecho de que mueran todos juntos preserva la esencia.
Para matar a un líder de Hamás, el Ejército
israelí no dudó en asesinar, de paso, a sus
ocho hijos (escudos humanos, al fin y al
cabo) en una acción muy celebrada dado el
éxito de la misión. Por alguna razón, estos
crímenes no les provocan la reacción
visceral que les producen las clínicas de
interrupción del embarazo. Es posible que
para la Conferencia Episcopal condenar el
genocidio palestino, de verdad, como saben
hacerlo cuando se lo proponen, sea ponerse
del lado de la competencia. A los suyos, lo
que de verdad les preocupa ahora es Cuba. Lo
de Oriente Medio es muy complejo y está
enquistado, no corre prisa. Son de color
oscuro, ni siquiera cristianos, no son de
“la familia”. Primero hay que acabar con lo
de Fidel Castro.
Es lo que tiene la paz espiritual, que te
permite dedicarte a arreglar un enchufe en
pleno tsunami. Dichosos los llamados a esa
altura moral. A los demás nos toca defender
el derecho a la vida de los ya nacidos.
