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La
derecha que arrebató el Poder a la derecha
Pilar Izquierdo Teruel
Julio Ortega Fraile
UCR
4 de Marzo de
2009
Tenemos un grave conflicto semántico-ideológico. Resulta que
están diciendo en algunos medios de comunicación, determinados
analistas y tertulianos varios que en Galicia la derecha se ha
hecho con el poder, que lo ha recuperado. Visto de ese modo
parece que lo había perdido temporalmente pero, ¿es así en
realidad?. Acáso y según la trayectoria seguida por el Gobierno
gallego durante los últimos cuatro años, ¿no sería más ajustado
afirmar que se renuevan las siglas pero permanece el color, una
tonalidad azulada si nos guiamos de la simbología cromática
asumida para definir una manera de hacer política?. Ha ganado la
derecha que se declara centro (el PP), hasta ahora gobernaban en
coalición la derecha que dice ser izquierda (el PSG), junto con
la derecha que se presenta como nacionalismo de izquierda (el
BNG). Nos tememos que el problema radica en que el término
"derecha" quema como etiqueta pero seduce como modelo de gestión
para todas estas formaciones que, en solitario o mediante
acuerdos, se alzan con el bastón de mando, en este caso en una
Comunidad, pero el principio es aplicable a ayuntamientos y al
Estado mismo.
¿Dónde radica la diferencia entre todos ellos?, ¿hay alguna
realmente de alcance significativo?. No se trata de aumentar
treinta euros una prestación social, tampoco de permitir las
bodas entre homosexuales o de impartir Educación para la
Ciudadanía, todas ellas medidas muy loables pero que son tiritas
para una Sociedad que se desangra. La hemorragia del paro, de la
marginación, de la explotación, de la desigualdad en sueldos, en
derechos, en asistencia o en seguridad laboral, de la
precariedad educativa y sanitaria, del abuso de poder, de la
violencia ejercida sobre los colectivos más débiles o de la
esclavitud encubierta a la que está sometida la mayor parte de
la población, no se detiene con media docena de promesas
populistas lanzadas por un candidato con chaqueta de pana y
barba de cuatro días; tampoco con un par de leyes de corte
social aprobadas cuando ya se tiene el poder; y menos todavía
con esa especie de línea directa con el cielo que parecen poseer
los líderes populares, porque milagrosa suena su pretendida
capacidad para crear puestos de trabajo para todos y dotar a
cada una de las familias de este País de una solvencia económica
más que suficiente, pero una vez que reúnen los votos necesarios
se les corta la comunicación divina, se les borra la beatífica
sonrisa de la campaña y las estadísticas que hablan de la
miseria del Pueblo quedan sepultadas bajo los expedientes de
licencias urbanísticas y contratos de privatización.
Terminan cuatro años de Gobierno socialista y nacionalista en
Galicia y comienzan otros cuatro de uno conservador. ¿Seremos
capaces de distinguirlos?. Y si en las próximas elecciones
generales Zapatero abandona La Moncloa y su nuevo huésped se
llama Rajoy, ¿notaremos algún cambio?. En ambos casos la
respuesta creemos que es no, porque los principios que rigen
este Sistema, que lo alimentan hasta el punto de que cada día
está más cebado y no por ello pierde voracidad la bestia sino
que aumenta, siguen vigentes y son las pautas que marcan la
actuación de cualquiera de las formaciones políticas que
consiguen el apoyo suficiente para seguir explotando a buena
parte de los que se lo han dado y casi todos los que se lo
negaron. De esa opresión legitimada se salvan pocos, lo hacen
aquellos que a modo de inversión sufragaron los inmensos gastos
que supone para estos Partidos una campaña electoral, también
los dueños de los principales medios de producción y del
capital, banqueros, grandes empresarios, los principales
dirigentes sindicales y todos los que mueven los hilos en esta
trágica representación.
Creemos que el único reducto de izquierda
real y efectiva que permanece en nuestro País, es el que desde
hace años pervive en la Localidad de Marinaleda (Sevilla), con
su Alcalde Juan Manuel Sánchez Gordillo al frente. Fuera de ese
oasis, donde la negación del Capitalismo más allá de donde
parece posible teniendo en cuenta las dificultades para
lograrlo, ha dado paso no sólo al pleno empleo para sus
habitantes, sino también de forma temporal a los llegados de
otras comarcas, ha puesto fin a la utilización de los beneficios
generados por la venta de la producción como incremento del
lucro personal, para emplearlos en una inversión bien dirigida
que amplíe infraestructuras orientadas a consolidar los puestos
de trabajo existentes y a crear otros nuevos, así como a
facilitar el acceso a viviendas en propiedad por menos dinero al
mes, del que nos cuesta realizar las fotocopias de la
documentación que nos pide una entidad bancaria para estudiar el
préstamo hipotecario que al final nos negarán. Pero al “centro
sin más espacio a la derecha” y a la "izquierda de bote"
gallegas así como a la estatales, no les interesa un Sistema
semejante porque suena a justicia y a reparto equitativo y la
equidad, no lo olvidemos, conduce a la igualdad, todos ellos
valores reñidos con los principios en los que se basa el
Capitalismo de corte neoliberal y que son los pilares que
apuntalan su subsistencia y crecimiento: la diferencia de clases
establecida sobre todo en el carácter elitista que confiere la
propiedad privada de los medios de producción y de los servicios
esenciales.
El
Partido Socialista de Galicia y el Bloque Nacionalista
Galego han hecho política de derechas a pesar de sus
calculadas maneras de proletarios porque es la que les favorece
a ellos, a sus mecenas y a sus amigos. Han privatizado, han
permitido la especulación, han realizado con dinero público
gastos suntuarios, no han legislado para la protección de los
sectores más desamparados y castigados, no han mejorado las
condiciones laborales de los trabajadores ni asegurado sus
puestos, han favorecido la obtención de beneficios
desproporcionados a los grandes empresarios, han repartido los
presupuestos de la Administración de forma arbitraria e
interesada, han aceptado expedientes de regulación de empleo más
que dudosos, no han preservado los espacios naturales, han
contribuido al deterioro del medio ambiente, no se han
preocupado por elaborar una Ley de Protección Animal adecuada
pero sí han dado el visto bueno a campeonatos de cacerías o se
han desentendido por completo del estado lamentable de las
perreras municipales, han apoyado la cultura gallega pero
denostando a otras para conseguirlo, no han facilitado la
integración del inmigrante, han aumentado hasta un extremo casi
histérico el afán recaudatorio a base de sanciones, han vendido
una imagen de si mismos que no se correspondía con la realidad
de sus actuaciones y en definitiva, han preferido atender las
exigencias del capital antes que las necesidades de los
ciudadanos de la calle, esos que cada mil cuatrocientos días por
término medio son rescatados del olvido y durante dos semanas,
se convierten en seres humanos aparentemente derechos a decidir
sus destinos; la realidad es que están siendo persuadidos para
legitimar otros cuatro años de acatamiento forzoso a decisiones
tomadas sin contar con ellos, de claudicaciones de esperanzas e
ilusiones, de atragantarse con dificultades jamás resueltas y
todo ello, con una inexplicable disposición a la resignación y
a la docilidad, llevadas a tal punto que cumplido el ciclo
volverán a dotar de legalidad a sus logreros dirigentes,
amparados bajo las mismas siglas u otras pero que en todo caso,
ocultan una misma filosofía de poder.
En
Galicia la derecha le ha arrebatado el poder a la derecha y
ocurrirá lo mismo en las próximas elecciones, porque en esta
partida de dos con algún colaborador ocasional bien remunerado
no hay alternativas, al igual que durante la campaña su
presencia acapara todas las informaciones y una vez celebrados
los comicios, sus resultados parecen ser los únicos dignos de
tenerse en cuenta, por no mencionar el agravio comparativo que
resulta de tener menos valor a efectos de cómputo para obtener
representación parlamentaria, un voto de una Formación pequeña
que el de una grande en términos de electores. Y en este duelo
eterno entre dos rivales cuyo enfrentamiento nace de su
similitud, las víctimas siempre las padece el Pueblo, aunque
éste parezca no haberse dado cuenta de ello y se exponga a las
balas creyendo que por estar bañadas en plata, le convertirán en
un opulento poseedor en vez de en un demacrado cadáver. Y es que
una ambición bien alimentada con visos de ser satisfecha y unas
cuantas lecciones de competitividad, es una cadena muy difícil
de romper, sobre todo porque el esclavo no es consciente de su
condición.
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