“La Democracia para lo único que
ha servido, es para que los trabajadores dejen de actuar de una
forma revolucionaria”
Ángel Escarpa
UCR 15 de Febrero
de 2009
Una vez más por estas fechas tan
“entrañables”, esta vez con casting de lujo y guión
cocinado en la Casa, habremos de sufrir ese culebrón
que ya viene siendo todo un clásico por estas fechas, como en el
pasado lo fueran las torrijas, la música sacra en la radio, los
santos velados en los templos y las pelis de leones
devorando cristianos por Semana Santa; los partidos de fútbol y
las grandes concentraciones del estadio Santiago Bernabeu para
que el personal no acudiera a las concentraciones no
autorizadas de la Glorieta de Atocha y olvidara
definitivamente que el Día de San José Obrero ya no era el Iº de
Mayo del pasado: jornada de lucha y de reivindicación para el
obrero, entre otras cosas porque, al fin, el Glorioso
Movimiento Nacional había triunfado sobre las hordas
marxistas y había desterrado la lucha de clases: ya no
existían los obreros ni la explotación. De un solo plumazo,
dejábamos de ser esclavos para, sin exclusión alguna,
convertirnos todos en productores, por la gracia de
diós, que moraba en El Pardo, según consta en las monedas
que aún circulan por ahí.
Pues eso, para que no se nos olvide la
enorme deuda que estos pueblos de la Península Ibérica y
sus islas tienen contraída con el Monarca, que parece como si la
mercancía en sí no estuviera todavía asegurada en el mercado,
nos lo vuelven a pasar, una y otra vez por la pantalla chica,
como si de un producto más en promoción se tratara, entre
noticias de despidos masivos, importante ascenso de la
morosidad, los escandalosos casos de corrupción entre los
zagales del PP, que ya no sorprenden a nadie y las camisetas
comiditas de agujeros de los aguerridos mozos de Fama; la
Casa anuncia una nueva superproducción que,
estamos seguros, nada tendrá que envidiar a las prestigiosas
producciones de Pakula (Todos los hombres del Presidente)
ni a la última de Ron Howard (El desafio. Frost contra
Nixon).
Creo que fue Joseph Goebbels quien afirmó
“una mentira, a fuerza de ser repetida una y otra vez, puede
convertirse en verdad”.
Más allá de las frases hechas, lo que sí
es evidente es que, si algo hay que reconocerles a unos y a
otros: a estos “machangos” de Suresnes, y a tantos otros que
pudieron estar allí en aquellas jornadas tan gloriosas
para el socialismo español, es que todos ellos hicieron una
buena inversión: desterrando el marxismo de sus discursos y de
sus análisis y aceptando la Monarquía como forma de gobierno. Y
todo entre citas de don Antonio Machado y acudir (el 22 de
febrero de 1979) a su tumba, aunque sea entre gritos de ¡¡viva
la república!! del FRAP y sus simpatizantes, que una foto es una
foto y la vida currículo es.
Es más que evidente que las imágenes que
prometen los de la casa no van a comprometer el buen
nombre de la Real familia. Todo quedará como si de un cumple
más del Señor de la Zarzuela se tratara. Ninguna sorpresa
que altere la feliz existencia de esta joven democracia:
nada te altere, nada te espante.
A veces, cuando cuestionamos la
monarquía como forma de gobierno, aquí, en España, se nos dice
que el Rey nos salvó del famoso Golpe del 23F; que ha demostrado
ser un demócrata que superó la prueba de fuego, lidiando con los
montaraces militares que pusieron en peligro la Constitución de
1978 en aquellas horas; que con él hemos madurado todos los
españoles democráticamente; que es un tío muy enrollado y que,
total, qué más da, si el papel que juega en una democracia
parlamentaria es el de viajar y representarnos en los foros
internacionales y otros eventos varios.
Quizás la diferencia esté ahí, en que no
lo aceptamos como mal menor. En que no aceptaremos jamás una
Constitución clavada por el primero que pasaba por allí
tras la muerte del extinto. Que ya fue bastante
bochornoso para los antifascistas ver como la vida de aquel
traidor general se extinguía en una cama, rodeado de médicos y
de los más sofisticados medios de que disponíamos para
prolongarle la vida que, por lo visto, no había sido lo
suficiente larga como para liquidar a los sempiterno enemigos de
España, que eran muchos y se reproducían como las serpientes de
Alertes; sin haber comparecido ante ningún tribunal
internacional que le obligase a rendir cuentas por sus numerosos
crímenes. Si todo esto no fue suficientemente humillante, además
teníamos que apechar con que el laureado general se permitiera
el gesto de señalar a su sucesor en la persona de uno de los
miembros de aquella familia que fue expulsada por indeseable un
día de abril de 1931. Que muchas gracias, pero ya teníamos una
Constitución: la misma que habían conculcado los generales del
36, con el apoyo económico de Alfonso XIII y las simpatías, como
no podía ser de otro modo, de Juan de Borbón.
Cuánto más honesto, a la muerte de
Franco digo, no hubiese sido formar un Gobierno Provisional y
haber convocado unas elecciones libres. Pero esto mismo nos
lleva directamente al tema de la Constitución, porque, en
realidad, durante los años del franquismo habíamos vivido bajo
las leyes emanadas de los golpistas del Glorioso
Movimiento Nacional del 18 de julio de 1936, y lo
que en justicia procedía, al extinguirse éste, era que se
restableciese la legalidad republicara de 1931, que no fue
impuesta por la fuerza de los tanques ni por la punta de las
bayonetas. Ni más ni menos que se restableciese la legalidad
salida de la voluntad de estos pueblos, libremente expresada en
las urnas. A esto, señores constitucionalistas y leguleyos, se
le llama educar en valores. ¿O es que la Constitución, la
bandera de un país, por las que los ciudadanos trabajan, mueren,
si esto es preciso, en los frentes o ante los pelotones de
ejecución del ejército enemigo, sea éste interno o foráneo, no
merece mayor respeto que ese ejemplar de el diario El Mundo que
arrojamos al contenedor del cartón cuando alguien nos lo ofrece?
Estoy seguro de que la inmensa mayoría
de los que colaboran en ésta y otras Webs parecidas no votaron
la actual Constitución, y si lo hizo fue por la coacción de
determinados partidos. Por eso ésta, para muchos, no dejará de
ser más que la Constitución del miedo. Votada bajo la coacción
de los sables y los cañones de las pistolas de los carniceros de
aquella otra España que no sobrevivió a la borrachera de sangre
de los 4 generales de la canción.
Carecemos de datos de lo que
realmente aconteció en aquellas largas horas en que los
generales, como ya es tradición en estas tierras, tuvieron en
sus manos los destinos del País. Lo que realmente aconteció en
aquellas largas horas hasta el momento en que Juan Carlos tomó
la decisión de grabar su breve discurso, vestido con el uniforme
de Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas, es algo que se nos
escapa a los ciudadanos. Una vez más hemos de aceptar la
historia oficial como verdad absoluta. Tal vez no seamos
más que unos mal pensados, gente de mala fe que, en el fondo, lo
que nos pasa es que leemos demasiado y por el contrario vemos
poca tele. O tal vez si que triunfó el Golpe y tan solo
vivimos en el sueño de la libertad. Porque si no, a estas
alturas ya debería haberse producido alguna enmienda en aquella
Constitución.
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Tras finalizar la performance,
que dicen los modernos, nada que no fuera lo que
tantas veces se nos ha repetido se dijo allí. Ni una sola
sombra que empañase la noble imagen del joven
estadista que juró fidelidad a los Principios Fundamenta del
Movimiento. Él, que prometió no abandonar a su suerte a las
gentes del pueblo saharaui, como parte integrante del territorio
nacional, hasta derramar la última gota de sangre española. Él,
que malamente sobrevive con poco más de 500 euros mensuales,
como el que esto escribe.
Quizás lo que más me duele de todo esto
sea que, los pequeños núcleos a que reducen con su propaganda la
resistencia republicana no son capaces de crecer en la medida de
lo deseable. Que al final quedemos como pequeños focos de
resistencia de románticos lamiéndonos las heridas del pasado.
Porque la realidad es la que es: al grueso del personal le
preocupa más la situación económica; si la Unión Deportiva
saldrá del bache en el que cayó, o qué sorpresas nos deparará el
Carnaval de éste año, (aunque luego te saluden como viejos
conocidos, en las manis, cuando sacas tú bandera
republicana) que el de dónde venimos, dónde vamos, y con quién
vamos en esta batalla por la dignidad obrera y por la identidad.
Que lo que son banderas no faltan. Como jíbaros, a esto
redujeron nuestros ideólogos los sueños del pasado.
Al final de todo esto queda lo que Peter
Weis llamó “la estética de la resistencia, la resistencia del
diamante”…y las imperecederas palabras de todos los poetas
leales juntos, que es un valor más sólido que la cuenta más
fiable en el banco suizo.
Y es aquí, sobre todos los discursos de
los falsos profetas del ya fenecido y caduco Eurocomunismo,
sobre la demagogia de los hechos, donde cobran todo su
actualidad y toda la dimensión las palabras de Gabriel Celaya:
Nosotros somos quiénes somos.
¡Basta de Historia y de cuentos!
¡Allá los muertos! Que entierren como Dios
manda a sus propios muertos.
Ni vivimos del pasado,
ni damos cuerda al recuerdo.
Somos, turbia y fresca, un agua que
atropella sus comienzos.
Somos el ser que se crece.
Somos un río derecho.
Somos el golpe temible de un corazón no
resuelto.
De cuanto fue nos nutrimos,
transformándonos crecemos,
y así somos quienes somos, golpe a golpe y
muerto a muerto.
Somos bárbaros sencillos.
Somos a muerte lo ibero
que aún nunca logró mostrarse puro,
entero y verdadero.
¡A la calle, que ya es hora
de pasearnos a cuerpo
y mostrar que, pues vivimos, anunciamos
algo nuevo.
No reniego de mi origen
pero digo que seremos
mucho más que lo sabido, los factores de
un comienzo.
Españoles con futuro
y españoles que, por serlo,
aunque encarnan lo pasado no pueden darlo
por bueno.
Recuerdo nuestros errores
con mala saña y buen tiento.
Ira y luz, padre de España, vuelvo a
arrancarte del sueño.
Vuelvo a decirte quién eres.
Vuelvo a pensarte, suspenso.
Vuelvo a luchar como importa y a empezar
por lo que empiezo.
No quiero justificarte
como haría un leguleyo.
Quisiera ser un poeta y escribir tu primer
verso.
¡A la calle!, que ya es hora
de pasearnos a cuerpo
y mostrar que, pues vivimos, anunciamos
algo nuevo.
Sí, verdaderamente somos mucho más que
toda esa multitud que a estas mismas horas desfilará en los
Carnavales, ante el alcalde que se embolsó su buen chorro de
millones de dinero público con la Operación de la Playa de las
Teresitas.
¡¡Viva la República!!
Ángel Escarpa Sanz Islas Canarias
Febrero 2009