Nada diré del gran respeto que guardo por Alfonso
Sastre, no sólo como autor teatral -entre otras
cosas por haber firmado algunas de las obras más
importantes y arriesgadas del teatro español de los
últimos cincuenta años o como ensayista escénico
desmenuzando las entrañas de nuestro realismo-,
sobre todo por su ejemplo de intelectual
comprometido con la causa de la Libertad y la
Justicia en todos "los tiempos" que le tocaron
vivir, junto a su compañera Eva Forest fallecida
hace dos años.
Lo que sí diré es el absoluto desacuerdo con los
atentados de ETA, por parte de todos los que
hacíamos un trabajo político de resistencia a la
dictadura de Franco en fábricas, tajos, barrios, o
en las sociedades culturales y sobre los caían los
estados de excepción por ellos provocados, con
detenciones masivas, o terribles condenas en TOP si
te tocaba un juicio en Salesas por esas fechas. La
estructura superclandestina de ETA, apenas era
tocada. Ahora esos atentados siguen costando vidas,
siembran el terror, para nada sirven salvo para
crear dolor y, también, hacen retroceder las
pequeñas esperanzas políticas que pudieran haberse
despertado tras las pasadas elecciones donde las
candidaturas anticapitalistas, habían cosechado unos
cientos de miles de votos con un marcado valor
antisistema y movilizador.
Vayamos por partes. El atentado de la Calle del
Correo, tuvo lugar a las 14:35 horas del día 13 de
septiembre de 1974. Un potente artefacto hizo
explosión en el interior de la cafetería Rolando,
situada en el número 4 de la calle del Correo de
Madrid, a pocos pasos de la Dirección General de
Seguridad. El atentado costó la vida a doce personas
e hirió a otras setenta y una. Quien esto escribe en
esas fechas se encontraba cumpliendo condena por el
Sumario 1017/71 del TOP, en la Cárcel de Torrero de
Zaragoza, y tuvimos noticias en el Telediario de las
9, que veíamos después de cenar en la sala de
televisión. Allí estábamos varios presos sociales y
algunos políticos, entre los que se encontraban un
par de militantes de ETA. Pues bien, sin saber quien
había cometido el atentado, sin que se supiese otra
cosa que la destrucción y la muerte, aquellos dos
cafres, empezaron a cantar el Eusko Gudariak. Creo
que hasta aquí, el papel ETA y su singular
contribución a la lucha por la "Libertad y la
Justicia" en este país en los últimos cincuenta
años, está bastante claro. Lo que ya está menos
claro es la asimilación hecha por el "pensamiento
oficial", de la izquierda radical vasca y ETA, sobre
lo que habría que hablar largo y tendido.
Es cierto que Sastre y Eva Forest fueron encartados
en este sumario, como lo fueron Vicente Sainz de la
Peña, director teatral; Antonio Durán, obrero;
Bernardo Badell, piloto de Iberia y su esposa María
del Carmen Nadal; María Paz Ballesteros, actriz;
Lidia Falcón, abogada; Eliseo Bayo, escritor y Mari
Luz Fernández y algunos de sus familiares, a la que
se dedicara aquella consigna de "Mari Luz, en
Asturies faltes tú".
La investigación policial fue llevada a cabo por
José Sainz González, al que algunos historiadores le
atribuyen "la condición de discípulo de la Gestapo
durante la ocupación nazi de Francia", contando con
la inestimable ayuda de Roberto Conesa Jefe Superior
de la Brigada Político Social (BPS) poseedor de una
de las historias más terribles como torturador
-desde poco después de la Guerra Civil con "Las 13
Rosas", hasta la disolución de la BPS en 1977- y
denunciada entre otros por Sánchez Dragó, o
Marcelino Camacho. Medios informativos de la época
implicaban a conocidos militantes de ETA en el
atentado, entre ellos a Juan Manuel Galarraga "Pototo"
que ante las autoridades francesas presento pruebas
de su estancia en Francia el día del atentado. La
tesis oficial de la policía en aquel momento fue que
el atentado había sido fruto de la colaboración de
ETA y el Partido Comunista. Como puede verse era una
"tesis de locos" que venía a confirmar que habían
sido en las "cloacas" de la propia Seguridad del
franquismo, absolutamente penetrada por la
ultraderecha y la CIA, donde se había cocido todo el
asunto, en favor de una involución del régimen.
El señor Bono no puede ignorar todo esto, porque
está en los diarios y está en la historia de España.
Ni tampoco puede ignorar que aquel juicio nunca se
llevó a efecto, ni hubo sentencia alguna, y que más
de una publicación calificó aquel asunto como «el
extraño caso de la calle del Correo». Por ejemplo en
aquellas fechas el semanario Cambio 16, en su número
150, publicó unas afirmaciones muy comprometidas que
nunca fueron desmentidas: «Fuentes relacionadas con
la DGS confirmaron los rumores según los cuales días
antes del atentado se habían dictado normas a los
funcionarios policiales en el sentido de que se
abstuvieran de pararse junto a las fachadas del
edificio, y de que tratasen de no circular ante la
puerta principal y no frecuentasen la cafetería
Rolando».
Pero además, y eso es lo más grave, en la acusación
del señor Bono hay un reconocimiento implícito de la
legitimidad de los tribunales de la dictadura y del
resto de aparatos de estado del franquismo. Tal vez
se deba a su profundo conocimiento de ellos, como
ministro del interior que fue. No cabe duda que
ninguno de los aparatos del Estado franquista fueron
depurados: ni el ejercito, ni la policía, ni la
guardia civil, ni la judicatura, ni el propio Jefe
del Estado actual: el borbón Juan Carlos, que
también fue designado por Franco, para que todo
quedase "atado y bien atado". Mientras la sociedad
española no desate esos nudos, seguirá siendo
posible que algunos torturadores de la Policía
Política de Franco, o algunos jueces del TOP,
continúen haciendo carrera. Y también será posible
que el Bono de turno calumnie e insulte a Eva Forest,
a Alfonso Sastre, a ti o a mi.