Las
declaraciones de Paul Krugman sobre la situación
de la economía española se están interpretando,
yo creo que inadecuadamente, como una
legitimación académica de quienes vienen
pidiendo moderación salarial para salir de la
crisis.
No me propongo
reinterpretar al Premio Nobel ni tratar de
adivinar lo que realmente piensa llevando el
ascua a mi sardina. Pero me parece que lo que ha
dicho Krugman no necesariamente pueda ser
entendido en el sentido de que la alternativa
que tienen ante sí la economía española sea la
de la moderación salarial.
Lo que me parece que hizo
Krugman aquí fue reiterar un planteamiento que
expuso hace unas semanas más brevemente en su
blog y que no admite mucha controversia pero que
debe ser leído de forma distinta a como se está
haciendo.
Decía Krugman con razón
que cuando España se integra en una unión
monetaria ya no puede utilizar el tipo de cambio
para hacer frente a los ajustes que resulten
necesarios frente a los demás países. Es decir,
para tratar de rebajar de esa forma los precios
de sus productos en el exterior para poder ser
así más competitivos ya que no pueden serlo
mediante otras vías.
Con otras palabras. La
economía española está más atrasada y compite en
el exterior principalmente a través de los
precios porque los productos que les vendemos
son muy poco "nobles". Los coches de lujo
alemanes, por ejemplo, o sus productos de
vanguardia tecnológica se venden aunque su
precio sea alto porque ofrecen calidad, diseño,
tecnología, etc. mientras que los que nosotros
vendemos tienen mucho menos valor añadido y por
eso tenemos que hacerlos atractivos gracias
solamente a su precio.
Una de las vías que un
país de las características del nuestro tiene
para bajar el precio de los productos que vende
al exterior es la llamada "devaluación
competitiva", es decir, la disminución del valor
de la moneda propia para que así los que los
compran con otras monedas tengan que pagar menos
por ellos.
Una vía a la que España
tenía que recurrir periódicamente en el pasado
como resultado de que nuestro patrón productivo
era atrasado y de poco valor.
Lógicamente, cuando
nuestro país entró en un espacio de moneda común
ya dejamos de tener moneda propia y, por tanto,
a partir de entonces no podemos modificar por
nuestra cuenta el valor de la moneda al que se
comprarán nuestros productos desde el exterior.
En esas condiciones, y si
se deja todo lo demás igual, cuando haya una
moneda común la única manera de mejorar el
precio de los bienes que vendemos al exterior
será reduciendo los costes y, en particular, los
salariales. Eso es lo que quiere decir que "el
ajuste se realiza a través de los salarios".
Por tanto, lo que dice
Krugman es de cajón. Y de hecho es lo que ha
ocurrido en España desde la entrada del euro y
por eso ha sido el país europeo con un
comportamiento de los salarios más negativo para
los trabajadores: al no cambiar nuestro patrón
productivo y no poder devaluar hemos tenido que
contener más los salarios. Es verdad que nuestra
economía ha cambiado en estos últimos años, que
tenemos más industrias de vanguardia y mejor
estructura empresarial y que gracias a ello el
ajuste salarial no ha tenido que ser muy duro.
Pero también es cierto que el cambio no ha sido
desde luego suficiente y por eso nuestro
déficit exterior se ha ido por las nubes.
Pero, en cualquier caso,
lo que cabe preguntarse es si eso ha de ser así
siempre y en todas las circunstancias .
La respuesta es que por
supuesto que no.
Eso es así solo si no
cambian las condiciones de nuestra economía. Si
efectivamente sigue especializada en productos
de bajo valor añadido, en servicios de baja
productividad, en bienes pobres sin más
atractivo que ser baratos... no nos quedará más
remedio que competir a través de los precios y,
en consecuencia, imponer salarios cada vez más
bajos. Y subrayo el "cada vez" más bajos porque
siempre habrá a nuestro lado algún otro país con
salarios más bajos aún, y otros con más bajos
que ese, y así sucesivamente.
Por eso podemos decir que
este tipo de competitividad es la de los pobres
y, además, empobrecedora.
En consecuencia, quienes
afirman que lo que necesita la economía española
es moderar más los salarios lo que están
proponiendo no es mejorarla sino mantenerla en
una situación de dependencia, de deterioro y de
empobrecimiento relativo y a medio plazo.
La solución no puede venir
por ahí, precisamente, porque este patrón es el
que tiene una gran parte de culpa de que la
crisis en España se esté manifestando con un
mayor coste en términos de desempleo, de
desigualdad y de pérdida de actividad productiva
y empresarial.
De hecho, es al aceptar
ese principio de mantenimiento de nuestro patrón
productivo cuando se deduce, como hace Krugman,
que España no puede hacer nada sino esperar a
que Europa se recupere.
Si nos limitamos a
moderar los salarios como desea los sectores
torpes de la patronal y como defienden quienes
están a su servicio estaremos hundiendo más aún
el mercado interno y serán las propias empresas,
sobre todo pequeñas y medianas, quienes sufrirán
en mayor medida sus demoledores efectos
negativos en los próximos años, además de los
propios trabajadores, lógicamente.
La mejor alternativa a la
crisis es un pacto de rentas orientado a generar
recursos para la reconversión productiva, para
recapitalizar nuestra economía, para generar
mucho mayor capital social, para ampliar el
mercado interno, para crear condiciones que
permitan que nuestro patrón productivo se base
en la generación de valor añadido y no solo en
el abaratamiento de la mano de obra.
La mejor respuesta a la
crisis, la más efectiva que puede darse en estos
momentos es incrementar los salarios,
principalmente los indirectos y los diferidos
que están vinculados al capital social que
dinamiza las economías, y combatir la
desigualdad. Lo demás solo nos llevará a
empobrecernos y a agudizar los efectos letales
de la crisis sobre el empleo e incluso la
rentabilidad empresarial.
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Juan Torres López
es catedrático de Economía Aplicada (Universidad
de Sevilla). Su página web:
http://www.juantorreslopez.com