Benjamín Forcano
El Periódico 2 de Marzo de 2009
En ocasiones, para los que no andan muy versados en el lenguaje de la política oficial, conviene echar mano de la gramática para aclarar el sentido de las palabras. Decía Mariano Rajoy –y no han cejado de repetirlo cuantos le obedecen–: “Esta no es una trama del PP, sino contra el PP”. La trama de corrupción es del PP (del, genitivo, que indica ser propiedad suya, en cuanto se genera y desarrolla en personas pertenecientes a esa agrupación política, que siguen su ideología y se organizan para conseguir un mismo fin y causa) y no contra el PP (contra, adversativa, en oposición y fuera de él). La tela sociopolítica de esta trama está tejida con la actuación de ciudadanos afiliados al PP y se los halla en diversos escalones de organismos y administraciones municipales y autonómicas suyos. Estos ciudadanos tienen nombre y apellido y han sido nombrados para esos cargos por autoridades de ese partido y según sus normas internas.
EL PP COMO TAL no es sujeto moral individual de nada, no existe y no se le puede reclamar directamente por haber aceptado sobornos, favores, prebendas, contratos, adjudicaciones, etcétera, y ser citado y juzgado en los tribunales. Ese es un sujeto abstracto, genérico, para designar a una agrupación, pero no se lo puede identificar con la actuación y responsabilidad moral de sus afiliados. Los inscritos en el PP obran por cuenta propia, y deben responder individualmente por el cumplimiento o incumplimiento del programa y reglamento del PP. El PP nunca será demandado para que, como sujeto individual, depositario de derechos y deberes, responda de responsabilidades ante los tribunales.
En ese sentido,
–¡vaya
chuminada!– la
trama es del PP,
en cuanto
alcanza a
sujetos
concretos que
pertenecen a él
y han sido
admitidos a él.
Proclamar
entonces que la
trama de
corrupción es
contra el PP y
no del PP, que
todo es mentira,
presumir de
transparencia y
rechazar todas
las acusaciones
como simple
conspiración
urdida por la
falsedad y el
odio, es salirse
hacia un PP
estratosférico,
inexistente,
vacío, sin
arraigo en los
millones de
ciudadanos que
lo componen.
Nadie se
ocuparía de él.
Ha habido
empresas y
empresarios –el
señor Francisco
Correa, al
parecer, a la
cabeza de todos–
que han recibido
de socios y
seguidores del
PP, sin concurso
ni publicidad,
concesión de
suelos,
contratos,
viviendas,
hospitales,
laboratorios,
oficinas,
videos,
pabellones,
visita del Papa,
premios de
Fórmula 1, actos
electorales del
PP, servicios de
limpieza,
estands en las
ferias… Y, a su
vez, ellos han
recompensado
este trato de
favor con
dádivas,
regalos, viajes,
dinero, mucho
dinero, a esos
miembros del PP.
Estos socios y
seguidores del
PP,
presuntamente
culpables,
aparecen en los
medios con
nombre y
apellido y no es
difícil, para
quien se lo
proponga,
componer
enseguida un
listado: Alberto
López Viejo,
Luis de Miguel,
Arturo González
Panero,
Guillermo
Ortega, Martín
Vasco, Alfonso
Bosch, Alvaro
Pérez, Pablo
Crespo, Serafín
Castellano,
Javier Nombela,
Sigfrido Herraez,
José Luis Pérez
Raez, Esteban
González Pons,
Guillermo
Paniste, Luis
Bárcenas, entre
otros,
encontrándose
entre ellos
alcaldes,
consejeros,
diputados,
parlamentarios.
La trama invita
a analizar la
reacción/respuesta
que ha dado y
orquestado el PP:
“Nadie jamás
financió al PP,
nunca el PP ha
recibido un euro
de nadie”,
“Podemos
presumir de
transparencia”,
“Podemos caminar
orgullosos, con
la cabeza bien
alta”, “Esta es
una campaña
clarísima contra
el PP, una
campaña múltiple
de acoso y
desprestigio”,
“Pretenden con
ello tapar el
paro y la
recesión y
encubrir con
basura las
propuestas del
PP”, “Quieren
evitar una
alternativa al
peor gobierno de
la democracia”,
“El PP destituye
a quien haya que
hacerlo, y no lo
hace el PSOE que
no admite
responsabilidades
políticas”, “El
Ministro de
Justicia y el
juez Garzón
deben dimitir
por haber
concertado una
caza
conspirativa”,
“El presidente
del Gobierno, de
no imponerles la
dimisión, se
convierte en
responsable y
avalistas de sus
cacerías”…
INDICIOS, pruebas y testimonios dan base suficiente para concluir que la trama de corrupción es una trama de gente del PP y contra gente del PP. Nadie se ha inventado lo que esos presuntos corruptos han hecho. Las instituciones de nuestra democracia, con sus responsables correspondientes, han abierto procesos y tratan de verificar y fijar responsabilidades. Tenemos, pues, como cosa primera, objetiva y verificable, lo que son los hechos, los actores y las reacciones sobre la trama de corrupción.
Pueden hacerse
estas
reflexiones:
¿Qué significa
la confusión
propalada de que
el PP nunca ha
recibido
financiación de
nadie? ¿A qué se
debe el intento
sistemático de
no darse por
enterados, negar
los hechos,
presentarlos
como bulo y
conspiración y
defenderse
atacando a
destiempo y sin
argumentos al
PSOE y a los
medios de
comunicación?
¿Da a entender
esta estrategia
que el PP
preferiría
implantar en un
Estado de
derecho la
práctica del
ocultamiento y
la impunidad y
darla como
buena?
Tiene ahora la
palabra el
pueblo. Pero,
con un tremendo
temor y una
previsible e
incomprensible
respuesta: una
buena parte
seguirá, pese a
todo,
defendiendo al
PP en estos
hechos. La
opción por uno u
otro partido
obceca con
frecuencia a sus
seguidores y no
dudan en
sobreponer el
sentimiento a la
razón, el
prejuicio a la
verdad. La
dependencia,
cuando es
emocional, ciega
y hace defender
lo contrario a
la verdad. Habrá
que seguir
exorcizando esta
lacra deplorable
de nuestro
maniqueísmo
político, hasta
lograr defender
lo que es justo,
noble y veraz
por encima de
tentaciones
partidistas
