Adiós Endesa, adiós
Luis
de Velasco
La Estrella
Digital 24 de Febrero de 2009
La
empresa privada española Endesa ha sido adquirida en su práctica
totalidad por la empresa pública italiana Enel. Termina así una
historia iniciada hace cerca de tres años y medio y termina con
un final previsto, siempre negado por el Gobierno.
Basta
echar un vistazo a las hemerotecas. Cuando apareció Enel, un
curioso ministro de Industria de apellido Clos afirmó que la
españolidad de Endesa estaba asegurada, cosa que ratificó el
propio presidente del Gobierno. O mentían o eran unos ineptos, a
elección del lector.
Conviene
echar la vista unos años atrás. Cuando el PSOE llega al Gobierno
en 1982, Endesa, la Empresa Nacional de Electricidad Sociedad
Anónima, era una empresa pública que tenía unos beneficios de
miles de millones de pesetas. La joya de la corona, para envidia
y ataques del resto de las eléctricas, todas ellas privadas. Era
una fuente saneada y segura de ingresos para el Fisco y un
contraejemplo de la afirmación, constantemente repetida, de que
las empresas privadas funcionan siempre mejor que las públicas.
Demasiado para los cada vez más influyentes sectores en los
gobiernos de entonces y en el PSOE, los que decidieron iniciar
su privatización. Es cierto que los gobiernos del PP culminaron
la misma pero el camino estaba iniciado y, además, por gentes
autotitulados de izquierda, lo que hacía sencillo el continuar
del PP. Nunca se tuvo en cuenta, entre otras cosas, el carácter
estratégico de una empresa energética, algo que hoy es
reconocido por todo el mundo. Ese carácter estratégico es
especialmente agudo en un país como el nuestro que depende en su
gran mayoría de energía importada.
Algunos
alegan que poco importa que la empresa este ahora en manos no
españolas porque, además, está en manos de una empresa de la
Unión Europea. Cuando el Gobierno defendía la españolidad de la
empresa, por algo sería. Ese algo es lo que se resume en el
"efecto sede". Quiere decir que donde esté el centro de decisión
de la empresa es fundamental, y eso radica hoy no en España sino
en Italia, y además no en una empresa privada sino en una
pública, es decir, al albur de las decisiones de algo tan poco
fiable como es un Gobierno italiano, el que sea.
El
Gobierno de Zapatero ha desempeñado, directamente y a través de
dudosos intermediarios, un papel clave en el desenlace de esta
poco edificante historia que incluye como primer actor en el
tiempo a la alemana E.On, como actor principal al "caballero
blanco" Entrecanales y Acciona (uno de los
darling del Gobierno),
que se han embolsado unas jugosas plusvalías, y como triunfador
a Enel. Sin duda que hay aspectos que exigen una explicación en
cualquier democracia normal. Ocurre que la nuestra no lo es. El
hecho cierto es que aquí se privatiza para terminar en manos de
una empresa pública y, para colmo, italiana.