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La Ertzaintza vuelve a torturar
Xabier Makazaga
ÍzaroNews
El 1 de diciembre de
2006 el pleno del Parlamento de Gasteiz aprobó una importante
proposición no de ley en la que se instaba al Gobierno español a
derogar la legislación antiterrorista, y a eliminar el régimen
de incomunicación y la Audiencia Nacional. Y el 16 de noviembre
de 2007, con el apoyo de los grupos parlamentarios de Aralar,
Ezker Abertzalea, PNV, EA y EB, se volvió a aprobar otra
iniciativa legislativa contra la tortura. Esa vez, instando a
las Cortes españolas a una modificación de la Ley de
Enjuiciamento Criminal que permitiera eliminar el régimen de
incomunicación de las personas detenidas, así como la
instalación de cámaras para grabar los interrogatorios.
Torturaren Aurkako Taldea se felicitó por ello, pero preguntó
por qué pedían las autoridades autonómicas vascas al Gobierno
español que eliminara el régimen de incomunicación y sin embargo
se negaban a declarar que su Policía, la Ertzaintza, no iba a
hacer uso en adelante, en ningún caso, de dicha medida.
Se suponía que el apoyo dado por el PNV a la propuesta implicaba
que en adelante la Ertzaintza no iba a incomunicar a nadie, no
al menos sin que el PNV se opusiera firmemente a ello, pero la
triste realidad es que dichas incomunicaciones se han vuelto a
producir: varios manifestantes anti-TAV detenidos el pasado 17
de enero en Urbina fueron no sólo incomunicados sino encima
trasladados a la Audiencia Nacional con la pretensión de que
fuesen juzgados por terrorismo.
El PNV no expresó la más mínima queja al respecto, dejando así
muy claro que su apoyo dos años antes a la iniciativa
legislativa instando al Gobierno español a que eliminara el
régimen de incomunicación y la Audiencia Nacional era puramente
hipócrita. Y que, aunque se vieron obligadas a tomar la decisión
política de acabar, de forma provisional, con la tortura de la
Ertzaintza, bien podían volver sobre sus pasos, pues se habían
encargado de dejar los suficientes resquicios como para que ésta
pudiera volver a torturar en cuanto lo considerasen necesario.
Lo sucedido con los manifestantes detenidos en Urbina fue un
primer indicio de que podían estar preparando el terreno para
volver a dar vía libre a las torturas de la Ertzaintza y
desgraciadamente se han cumplido los peores presagios: los
ertzainas han vuelto a torturar a una persona en comisaría tras
más de cinco años en que no se producían denuncias de ese tipo.
El joven de Villabona Manex Castro ha denunciado ante el juez
que los cinco días que ha permanecido incomunicado se le han
hecho "insoportables": los golpes y empujones comenzaron desde
el momento en que fue detenido y ha sufrido constantes amenazas,
tanto referentes a su familia y amigos, como a ser entregado a
la Guardia Civil. Además, le han obligado a permanecer en
posturas forzadas, y le han impedido dormir hasta forzar su
autoinculpación.
Han vuelto así a recuperar sus métodos de tortura de siempre,
sin que las autoridades del PNV hayan expresado la más mínima
inquietud al respecto por lo que cabe deducir que los
torturadores han actuado con el absoluto beneplácito de dichas
autoridades. Mas aún si se tiene en cuenta todo lo sucedido
estos últimos años.
En efecto, las autoridades del PNV hicieron todo lo posible,
mediante excusas, dilaciones y trampas de todo tipo, por
retardar y obstaculizar la puesta en práctica de medidas de
prevención que los organismos internacionales y todos quienes
luchamos contra la tortura en Euskal Herria veníamos demandando
desde hace un montón de años, y cuando no les quedó otro remedio
adoptaron la hasta ahora única medida minimamente eficaz:
empezaron a grabar también a las personas incomunicadas.
Sin embargo, transcurridos ya tres largos años y medio desde que
anunciaron la adopción de dicha medida, siguen sin aplicarla con
las suficientes garantías, a pesar de que entre tanto el
Ararteko ha formulado una y otra vez numerosas observaciones y
críticas al respecto a las autoridades de Interior.
Y encima han seguido pidiendo pruebas a los torturados por la
Policía y la Guardia Civil sabiendo como saben que una de las
funciones de la incomunicación es precisamente imposibilitar
dichas pruebas, y que la carga de la prueba debería recaer sin
duda en las autoridades españolas que pueden fácilmente grabar a
los incomunicados para probar que las torturas denunciadas no se
han producido, como demandan insistentemente los organismos
internacionales.
Eso sí, tanto las autoridades españolas como las autonómicas
vascas deben garantizar que dichas grabaciones de todo el
periodo de detención se realicen con todas las garantías y sin
que sea posible su manipulación. Y es evidente que ni las unas
ni las otras tienen interés alguno en que así sea. La
institución del Ararteko en la CAV lleva años trabajando tras
ese objetivo. La actuación del Defensor del Pueblo español,
mientras tanto, ha sido justo la contraria: ha hecho todo lo que
ha podido para negar la terrible realidad de la tortura. ¡Menos
mal que la presión de los organismos internacionales al respecto
sigue incrementándose sin cesar!
Como muy bien denunció Martxelo Otamendi en un artículo en
euskara publicado en el diario que dirige, Berria, «El Gobierno
vasco deberá decidir de una vez por todas qué hace con la
tortura. O reconoce que existe y que es estructural y adopta las
medidas políticas necesarias, o niega su existencia y no hace
nada.
En el primer caso –se tortura y es estructural–, deberá adoptar
una decisión política firme; deberá interrumpir las relaciones
administrativas (de cualquier tipo) con una administración que
legitima la tortura. Más aún, no celebrará más reuniones
operativas con responsables de cuerpos policiales que torturan,
ni reuniones de trabajo ni reuniones protocolarias, porque sería
imposible admitir un día que se tortura y el siguiente celebrar
una reunión con los responsables operativos de los que
torturan».
El artículo de Martxelo se titulaba “Hace falta decisión
política” y lo sucedido con los manifestantes anti-TAV detenidos
en Urbina y con el joven de Villabona Manex Castro muestran que
las autoridades del PNV han tomado una decisión política y ésta
no ha sido precisamente la que les demandaba Martxelo sino una
bien diferente: han decidido no sólo no oponerse
consecuentemente a las torturas de la Policía y la Guardia
Civil, sino que encima han tomado la decisión política de volver
a dar el visto bueno para que la Ertzaintza vuelva a torturar.
En nuestras manos está el volver a obligarles a reconsiderar,
esta vez para siempre, esa gravísima decisión política.
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Xabier Makazaga
es miembro de Torturaren Aurkako Taldea |