Peio Riaño
Público
29 de Mayo de 2009
Aparece una publicación con las imágenes inéditas
que el fotógrafo hizo en el campo de concentración
de Bram en 1939 y guardó casi 40 años. La familia
conserva los 4.000 negativos en una caja fuerte
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Durante la Guerra Civil era el gran
Centelles, el último fotoperiodista en
abandonar la ciudad de Barcelona horas antes
de la toma de la ciudad bombardeada por el
ejército rebelde. En cuestión de horas el
reportero desaparece en el exilio, comido
por los piojos, la sarna, el hambre y el
miedo. El nuevo Centelles llegaba al campo
de concentración de Bram, en Francia, el
primero de marzo de 1939, pronto, por la
mañana. Una cárcel humanitaria. Había
cruzado la frontera por Portbou, cargado con
una maleta, una manta y la cartera con sus
máquinas fotográficas. Sus amigos, los
Pujol,
llevaban lo que él llamaba "mi archivo Leica".
Comían pan y leche de bote.
Antes de llegar a Bram, habían pasado varias
semanas en el campo de concentración de
Argelès-sur-Mer, pura arena de playa. "Mi
padre dormía abrazado a la maleta. Tenía
miedo a que se la robasen por la noche. Pero
también temía que quien le viera pensara que
allí había un tesoro", cuenta Sergi
Centelles, a quien está dedicado el diario
que fue
publicado hace unos meses por la editorial
Península. |
Una de las fotografías que tomó
Centelles al poco de llegar al campo.
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En
esa maleta, una de las leyendas más importantes de
la historia de la fotografía y parte de la memoria
de la Guerra Civil española, estaban escondidos
entre la ropa los negativos que daban testimonio a
la contienda. Agustí Centelles (Valencia,
1909-Barcelona, 1985) huía con todo ese material
fotográfico para evitar las represalias contra su
mujer y su hijo Sergi, recién nacido, a los que
dejaba en Barcelona.
Pero la maleta creció.
Leyenda de madera
Una maleta cargada de memoria
El mito
encerrado en esa valija ha empezado a desmenuzarse
ahora, más de 60 años después de que fuese cerrada y
guardada en la casa donde vivió de alquiler
Centelles en Carcasona, nada más salir de Bram. "El
abuelo murió pronto, su hijo se hizo cargo de la
maleta, que le dijo al nieto que guardase la maleta
con cuidado, porque algún día volvería a por ella su
dueño", cuenta Sergi Centelles.
Regresaría
a por ella un señor que no conocían ni el hijo ni el
nieto de quien había dado la palabra al fotógrafo de
velar por todo su archivo. "Sólo sabían de mi padre
que les enviaba turrón todas las Navidades",
recuerda. "Mi padre
era una buena persona y caía bien a todo el mundo.
Tuvo muchos amigos", añade.
Las
nuevas noticias que llegan de este prodigio de
memoria hecha foto hablan con detalle de las
casi 500 fotografías, que el fotoperiodista hizo
durante su estancia en el campo de concentración
de Bram. Hasta el momento sólo habían aparecido
algunas fotos para acompañar exposiciones que
hablaban del Centelles de la Guerra Civil.
La
maleta del fotógrafo (publicado también por
Península) enseña por primera vez la práctica
totalidad de aquellas fotos, "la mayoría inéditas",
explica Teresa Ferré, que lleva once años
investigando la figura del fotógrafo catalán y que
no descubrió ese trabajo hasta 2002. Ese trabajo, en
el que aparece retratada la vida de los refugiados,
había pasado desapercibido debido a la fuerza de las
fotografías que Centelles tomó en Barcelona, el 19
de julio de 1936: los soldados republicanos
disparando, parapetados tras un caballo caído en la
batalla.
"Él
hizo todo tipo de fotografías mientras estaba allí
dentro: junto a las más documentales,
retrató por encargo a quien quería mandar fotos a
sus familiares y también a su grupo de amigos", a
Teresa Ferré le asombra la fuerza de voluntad de
Centelles.
Él estaba
deprimido, desconsolado y desesperanzado, como dijo
en sus diarios, escritos en dos pequeñas libretas de
colegio, con letra bien prieta. "Sarna y piojos. Las
autoridades francesas no han tomado ningún tipo de
medida para combatirlos. Todo el mundo se rasca.
Estos animalitos se reproducen con rapidez.
¡Cuánta miseria!", relató.
Y en otro
momento: "Los refugiados somos una atracción. Hacen
pagar seis francos para visitarnos (sin
comentarios). Esta tarde he recordado mis días de
reportero gráfico". Escribe atrapado por la
melancolía y la esperanza de salir de allí cuanto
antes. De hecho, después de todas sus
investigaciones a Ferré le queda una pregunta por
resolver: "¿Por qué no van a buscarle después de
haberle comunicado que iban a por él? Ya lo tenía
todo preparado y le dieron plantón. Me gustaría
encontrar el comunicado que explicase el porqué".
Motivos para vivir
La fotografía le salvó del desaliento
En aquel
campo de concentración, con 10 sectores de 20
barracas cada uno, 17.000 personas vigiladas por
guardas a caballo y cercados por alambradas de 2,5
metros de altura, del que las autoridades francesas
tan orgullosos se sentían, el prestigio del trabajo
de Centelles no podía conseguir nada, si nada hacía
porsobrevivir.
Rozaba la
depresión. Estaba cansado de todo. Así que decidió
montar a los pocos meses un pequeño estudio de
revelado dentro de su barracón, en el que trabajar
por encargo para presos y gendarmes.
La maleta
empezaba a hincharse. Documentaba la tragedia desde
dentro, revelaba su propio trabajo en el momento y
guardaba el material. "Hago fotos de
reportaje del campo para adjuntar a este diario",
escribió. Aunque como bien se ha podido ver, al
publicar los diarios por un lado y las fotografías
por otro no se ha respetado este deseo. Quizás las
ventas sean mayores.
"Como
fuente para el estudio de la entrada de los
españoles en campos de refugiados y salida de
ellos, los documentos de Centelles son únicos",
reconoce el historiador Francisco Espinosa.
Advierte que reúne tres cualidades únicas:
haberlo escrito, haberlo fotografiado y haberlo
padecido. El legado del fotógrafo es uno de los
documentos "más precisos y exactos que hay",
apunta el también historiador Julián Casanova.
Gracias a
sus fotografías y a su relato, conocemos Bram, "que
se parece a una prisión urgente, para dar cabida a
los españoles que huyen de las represalias", cuenta
Casanova. En ese sentido, el investigador apuesta
por la fotografía como una fuente que está por
encima en muchas ocasiones de las fuentes escritas.
"La fotografía es la imagen fidedigna de la
realidad". Para Espinosa, "la fotografía cada vez es
más importante en nuestro trabajo, porque las
palabras no llegan donde llegan las fotografías".
Sin
embargo, si esas imágenes han llegado hasta nuestros
días ha sido una cuestión a veces de carambola, a
veces de magia. Por ejemplo, Centelles consigue
salir inesperadamente del campo de concentración
porque el ayudante de un fotógrafo de Carcasona es
alistado para luchar en la Segunda Guerra Mundial.
El dueño del laboratorio llega al campo preguntando
si había entre los presos algún fotógrafo que
pudiera emplear en su local. Allí estaba Agustín.
"De lejos
me han dicho un ¡Adiós muchacho! que me ha puesto un
nudo en la garganta. En el barracón me he despedido
de todo el mundo", apuntó en su diario.
Llegó el olvido
Centelles prefirió borrar sus recuerdos
A Teresa
Ferré también le parece increíble que un elemento
tan delicado, como unos negativos de 35 mm revelados
en las peores condiciones imaginadas, se haya
conservado perfectamente.
Sergi
Centelles explica que la familia tiene guardados los
4.000 negativos en una caja fuerte: "Un sitio que no
es ni muy caluroso ni muy frío". No están al recaudo
de ninguna institución que cuide de ellos. "Tenemos
una oferta para archivarlo, pero todavía no nos
hemos decidido. Hasta hace un año nadie se había
puesto en contacto con nosotros para interesarse por
todo este material y yo creo que es un documento
histórico importante", explica el hijo del fotógrafo
desde su casa en Barcelona.
"Tenemos una oferta para archivarlo, pero
todavía no nos hemos decidido"
Cuando
regresa a España en 1944, tras haber montado un
laboratorio clandestino para la Resistencia
francesa, se olvida de todo. Atrás queda su
trabajo como fotoperiodista. Las autoridades
franquistas lo han inhabilitado y empieza su
carrera como fotógrafo industrial y
publicitario. A ello se dedicará hasta su
jubilación.
"No nos
hablaba de nada que tuviese que ver con su etapa en
el campo de concentración. Quiso defender a
su familia de todo aquel horror", recuerda
su hijo.
Antes
había vuelto, en los 60, para comprobar que la
maleta seguía en su sitio. "Guardó los negativos en
unas latas y claveteó la maleta", dice Sergi. A los
pocos meses de morir Franco viajó a Carcasona y
recuperó definitivamente los negativos y los
diarios.
"En Bram
tuvo la dignidad consigo mismo y el compromiso con
lo político", explica Miquel Berga, profesor de
Humanidades de la Pompeu i Fabra y comisario de la
exposición que el próximo 9 de junio dedica a Agustí
Centelles uno de los grandes centros mundiales de la
fotografía, el Jeu de Paume (Francia). Este
fotógrafo es la prueba de que finalmente, "el
testimonio que pervive es el de las víctimas".