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No consiento que se hable mal de Franco en mi

 presencia. Juan  Carlos «El Rey»   


 

Un funeral retrasado 73 años

 

Arturo del Villar

 

UCR 30 de Julio de 2009

 

   Los obispos de Euskadi han tardado 73 años en celebrar una misa funeral por los sacerdotes vascos fusilados en setiembre y octubre de 1936 por los militares monárquicos sublevados. El lehendakari José Antonio Aguirre, que pertenecía a la secta catolicorromana, censuró en su mensaje navideño de 1936 esos asesinatos, y trató de llevar su indignación hasta el Vaticano, pero sus lamentaciones no tuvieron eco. Es que la jerarquía eclesiástica se había puesto por entero al servicio de la rebelión, que ya calificaba de cruzada contra los infieles.

   No obstante, católicos de todo el mundo protestaron contra los fusilamientos de sacerdotes, y ante el escándalo se vio obligado el Vaticano a recomendar a los sublevados que cesaran las ejecuciones. El 6 de noviembre el ya dictadorísimo ex-general Franco ordenó que no se fusilase a más curas nacionalistas, pero que no se les permitiera continuar en sus parroquias. Así, al tomar Bilbao el 19 de junio de 1937, el vicario general de la diócesis, Antonio María Pérez Ormazábal, colaborador de los sublevados, deportó a otras diócesis conquistadas a 1.300 sacerdotes  “indeseables”. Se habilitaron cárceles especiales para los sacerdotes nacionalistas.

   La postura de la jerarquía eclesiástica estuvo en contra de la República desde antes de las elecciones del 12 de abril de 1931. Sin embargo, la República Española sólo tomó unas tímidas medidas para rebajar los privilegios de que gozaban los eclesiásticos bajo la monarquía. No les quitaron sus posesiones en bienes muebles e inmuebles, ni sus acciones bursátiles, ni su organización. Bajo la República la Iglesia española era más potente que la de los restantes países europeos. Pero los clérigos deseaban recuperar sus antiguos privilegios en materia fiscal, legal, de enseñanza, de exenciones, todo lo que les diferenciaba de sus colegas en el resto del mundo, sometidos a las leyes de los respectivos países.

   El papa Pío XI reiteró su apoyo a los sublevados en varias ocasiones; las más significativas fueron la alocución el 14 de setiembre de 1936, en la que negó la naturaleza humana a los milicianos; el mensaje navideño, en el que afirmó que lo sucedido en España era un aviso para el mundo entero, y la encíclica Divini redemptoris de 19 de marzo de 1937, en la que un apartado se titula “Horrores del comunismo en España”.

   Los obispos españoles siguieron su ejemplo en las ciudades conquistadas, azuzados por el muy retrógrado cardenal Gomá, y elaboraron diversas cartas pastorales en apoyo de los rebeldes. Culminaron su actividad el 1 de julio de 1937, con la publicación de la Carta colectiva del Episcopado español, en la que pedían a los catolicorromanos del mundo apoyo a la rebelión.

   Y cuando triunfaron el entonces papa Pío XII y sus acólitos llenaron de indulgencias y cánticos del Te Deum a los vencedores. Después vinieron las santificaciones de los “mártires de la cruzada”. En 1940 el Centro de Información Católica Internacional publicó en Madrid un libro anónimo, con prólogo de Hernán Cortés, provisor del Arzobispado de Toledo, y con censura eclesiástica, titulado El clero y los católicos vasco-separatistas y el Movimiento Nacional, que es un insulto continuo a los asesinados. Han tenido que pasar 73 años para que los obispos de Euskadi se acuerden de ellos. ¿Pedirán su beatificación al dictador del Vaticano?

 

Madrid, 13 de julio de 2009.

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Arturo del Villar es Presidente del Colectivo Republicano Tercer Milenio

 

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