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El
brigadista Hoffmann
Félix
Población
Público
14 de
Diciembre de 2009
Hasta hace un par de meses, que se lo escuché decir a
Gerhard Hoffmann, sólo sobrevivían cinco de los 1.400
brigadistas internacionales austriacos que como él
acudieron a combatir el fascismo en la Guerra de España
junto a la II República. Casi 300 encontraron la muerte
en el conflicto, según Hoffmann, que acaba de dar a
conocer esas y otras vivencias en un libro presentado
este mismo otoño en el Instituto Cervantes de Viena y
cuyo título aproximado en español deja entrever la
azarosa e intensa existencia de su protagonista:
Barcelona-Gurs-Nicaragua: un tortuoso camino a través
del siglo XX.
Hay dos capítulos en estas memorias
–redactadas en alemán y cuya traducción al castellano
quizá interese pronto a una editorial española– que
resultan muy significativos para entender la trayectoria
biográfica de Gerhard Hoffmann y el grado de compromiso
de su ideario socialista. El primero se refiere a la
ocupación de Austria por el Tercer Reich, cuando el
autor –que lleva un tiempo internado en la cárcel por su
temprana militancia en las Juventudes Comunistas– es
liberado al tiempo que los reclusos nazis acusados de
haber participado en el asalto a la cancillería y el
asesinato de su titular Dolfuss en 1934.
Coincidiendo con la entrada del ejército de
Hitler en su país en marzo de 1938, le llega a Gerhard
una carta de su hermano mayor, combatiente de las
Brigadas Internacionales, escrita desde el frente de
Teruel y donde le expresaba su confianza en la victoria
de la República, convencido de que con ella contribuiría
a la libertad e independencia de Austria. Gerhard
Hoffmann decide incorporarse a la lucha y ese mismo
verano viaja a Barcelona. En su equipaje lleva un
preciado manual de gramática que le regaló su padre para
que estudiara en prisión la lengua en que entendería ese
destino. Se titulaba Mil palabras en español y nunca
olvidó la primera frase que aprendió en nuestro idioma:
“Qué bonito es el trabajo visto desde lejos”.
El otro capítulo se refiere a la
participación de Hoffmann en la resistencia francesa
durante la ocupación nazi. A tal fin adopta un nombre
falso, Alejandro Giral, y vive bajo esa identidad la
liberación del país vecino, con la histórica entrada en
las calles de París de los tanques con topónimos
españoles, tripulados por quienes fueron sus compañeros
de lucha contra Franco. Mientras estos se aprestaban
para continuar combatiendo al franquismo como maquisards
–visto que la liberación de Europa del fascismo no
incluyó la de España–, el brigadista austriaco tuvo que
hacer frente a las trágicas consecuencias que el nazismo
deparó a su familia. Además de la muerte de sus padres
en sendos campos de concentración, su hermano mayor
pereció en el de Gross-Rosen (Polonia). Fue uno más del
casi centenar de brigadistas austriacos que perdieron la
vida en esos infaustos ámbitos de reclusión.
Considera Gerhard Hoffmann que su país apenas
reconoció significativamente su lucha contra el nazismo.
En cuanto a la que sostuvo contra el fascismo
franquista, es sabido que en 1996 un real decreto, tan
ridículo como tardío, reconoció a los brigadistas
internacionales la posibilidad de optar a la
nacionalidad española siempre que renunciasen a la
propia. Sirvió de muy poco, porque la inmensa mayoría se
abstuvo de ser español a costa de su propia
nacionalidad. La Ley de Memoria Histórica, aprobada
ahora hace dos años, derogó esa condición previa y
permitió hace unos meses que siete brigadistas ingleses
recibieran la nacionalidad española sin perder la propia
en la embajada de nuestro país en Londres.
Como pudimos leer y presenciar entonces en los
medios de comunicación, los ancianos ex combatientes
republicanos fueron noticia relevante y se mostraron muy
satisfechos y conmovidos por el hecho reparador de esa
simbólica distinción, aunque la mayoría lamentase tan
prolongado retraso en concedérsela, dado que muchos de
sus compañeros habían muerto antes, en el transcurso de
los casi 20 años amnésicos de nuestra democracia. “Hemos
tardado, pero ahora hemos llegado a casa”, dijo Sam
Lesser –uno de nuestros nuevos y nonagenarios
conciudadanos, luchador en la Ciudad Universitaria de
Madrid–, a lo que el embajador español respondió:
“Vuestra lucha no fue en vano. Vuestros ideales forman
parte de la fundación de nuestra democracia”.
Ocurre, sin embargo, que habrá otros ancianos
brigadistas a los que un impedimento fundamental aparta
de la nacionalidad española. La Asociación de Antiguos
Brigadistas Internacionales resaltó y denunció en su día
una más de las lagunas que tiene la vigente Ley de la
Memoria Histórica para compensar a quienes se merecen el
reconocimiento del que habla nuestro embajador en
Londres. El real decreto que regula la concesión de la
nacionalidad española a quienes lucharon junto a la
República contra el fascismo estipula que para ello se
requiere la jura o promesa de fidelidad al rey, tal como
exige el artículo 23 del Código Civil.
Gerhard Hoffmann, que combatió a Franco y a
Hitler en su mocedad, que perdió a toda su familia en
los campos de exterminio nazis, acaba de vivir, a sus 92
años, una dolorosa paradoja. Por un lado presentó en el
Instituto Cervantes de Viena las memorias donde describe
lo que él llama sus “jóvenes sueños de libertad y
solidaridad”, los mismos que en cierto modo comparten
ahora sus dos hijas como integrantes de organizaciones
humanitarias. Por otro, hace apenas seis semanas entregó
a nuestro embajador en aquella capital una carta de
renuncia a la nacionalidad española por no aceptar la
declaración de fidelidad al rey, aunque se le haya
sugerido –según me contó– “una solución escape” que no
le pareció digna de su pasado republicano. “No puedo
aceptar el hecho de que para que este mundo avance haya
que renunciar a la justicia”, escribe Hoffmann en su
libro. La voz de su memoria.
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Félix Población es escritor y
periodista
Ilustración de Iker Ayestaran
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