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El 18 de
octubre de 1936, las tropas de Francisco Franco invadían
en su camino hacia Madrid una
pequeña localidad
toledana a poco más de 40 kilómetros de la capital.
Al día siguiente, el comandante Jesús Velasco, jefe de
las tropas que habían tomado el municipio, convocaba a
ocho vecinos del pueblo para constituir una junta
gestora del Ayuntamiento que, "con una vibrante
exclamación de ¡¡Viva España y su glorioso Ejército
Nacional!!", tomó como primera medida solicitar al
general Francisco Franco "que en lo sucesivo esta villa
lleve el nombre de
Numancia de la Sagra por el hecho transcendental
de haber sido reconquistada por los gloriosos
Escuadrones del Regimiento de Numancia en la inolvidable
mañana del día dieciocho de los corrientes", según
refleja el acta de aquella sesión. |

El
Ayuntamiento de Numancia de la Sagra (Toledo).
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El motivo
del cambio no fue recogido en dicho documento, pero a ninguno de
los pocos más de 1.000 vecinos que por entonces vivía en la
localidad se le escapaba cuál había sido:
el pueblo se llamaba Azaña,
igual que el entonces presidente de la II República, Manuel
Azaña.
Desagravio
franquista
Ningún
vecino se atrevió entonces a advertir al fogoso militar el error
en el que caía al interpretar el nombre de la villa como un
homenaje al político, ni a hacerle ver que el nombre no era un
capricho del régimen republicano sino que se remontaba a
1158, cuando Azaña -del árabe "noria"- aparecía ya por
primera vez en un documento del rey Sancho III. Para el
comandante Velasco era suficiente razón su convencimiento de que
la sola presencia de carteles con dicho nombre soliviantaba los
ánimos de sus tropas que las emprendían a tiros con ellos.
"Recuerdo que cuando
era pequeño algunos ancianos decían en voz baja que el pueblo
volvería a llamarse Azaña". Quien habla así es Antonio Martín,
cronista de la villa e hijo de una de las ocho personas
convocadas por las tropas de Franco para constituir la junta
gestora del Ayuntamiento que cambió el nombre a la villa. "Mi
padre, Enrique Martín, era secretario de administración local y
fue el encargado de redactar el
acta de aquel atropello con galones", recuerda ahora
desde Almería, donde reside.
Ahora, cuando está a
punto de cumplirse el 73 aniversario de aquel cambio de nombre,
Antonio Martín espera estrenar una obra de teatro escrita por él
en la que recrea aquel pasaje de la historia de la localidad
toledana para que sea conocido por los 4.800 habitantes de la
localidad y propiciar un debate
en el municipio que lleve al cambio del topónimo, del que
se considera firme partidario.
La cuestión ha
llegado, incluso, al Congreso de los Diputados. Eso sí,
de puntillas. A través de una pregunta por escrito, el diputado
de IU, Gaspar Llamazares, reclamó antes del verano al Gobierno
de José Luis Rodríguez Zapatero que impulsara la recuperación
del histórico nombre del pueblo aprovechando la presencia del
PSOE en la alcaldía de la localidad.
El Ejecutivo, en una
respuesta publicada el pasado 29 de septiembre en el Boletín
Oficial del Congreso, se desentendía del tema con un simple
párrafo en el que recordaba que "el cambio del nombre de un
municipio corresponde al propio Ayuntamiento interesado con
informe de la Diputación Provincial respectiva y la aprobación
de la Comunidad Autónoma".
La "vuelta"
de Azaña
El debate por el
cambio del pueblo no es nuevo. Ya se abrió con la muerte de
Franco y la llegada de la democracia, pero hasta ahora
ningún gobierno municipal ha dado el paso. El primero
que amagó con ello fue Clemente Serrano, quien fuera alcalde del
PP en la localidad durante más de una década, pero al final dio
marcha atrás después de ver que los concejales de su propio
partido no se mostraban dispuestos a apoyar con sus votos la
propuesta.
La llegada del PSOE a
la alcaldía tampoco sirvió para dar impulso a una medida que
parecía tener todo a favor cuando, tras victoria de José Luis
Rodríguez Zapatero, se empezó a hablar de una futura Ley de
Memoria Histórica. En 2004, el alcalde socialista, Lorenzo
Toribio, llegó a plantear la convocatoria de un
referéndum para que los vecinos decidieran, pero nunca
se celebró.
"Era difícil que el
Gobierno nos autorizase a celebrarlo", reconoce ahora Toribio,
que aún conserva la alcaldía. ¿Y llevarlo el cambio a un pleno
del Ayuntamiento, como piden algunos vecinos? "En el pueblo, con
la crisis económica, hay ahora temas más urgentes que cambiarle
el nombre", asegura a Público.
No obstante, él
asegura que, si hubiera una votación, apoyaría recuperar la
histórica denominación y presume de haber dado unos primeros
pasos en este sentido al haber bautizado con el nombre de Azaña
el principal polígono industrial del municipio y el centro de
internet creado por el consistorio.
No ven la misma
disposición otros vecinos del pueblo. Uno de ellos, Iñaki Gauna,
ha sido hasta hace poco secretario de organización del PSOE en
la localidad. Desde su blog clama por aprovechar la Ley de
Memoria Histórica para borrar el vestigio franquista de los
mapas a pesar de que el texto legal no hace mención a la
cuestión. "El alcalde siempre se ampara en el ‘ahora no
toca', pero en realidad teme perder votos en futuras
elecciones", acusa.
De idéntica opinión
son los integrantes de la recién creada Asociación Cultural
Fazaña para la recuperación del nombre de Numancia de la Sagra.
Su presidente es, precisamente, Clemente Serrano, el alcalde del
PP al que sus correligionarios no dejaron llevar a cambio el
plan.
Baldomero Molina, un
albaceteño que hace más de dos lustros convirtió la localidad
toledana en su segunda patria, también participa en esta
asociación para ayudar "a quitar ese nombre injusto e ilegítimo
que tiene mi pueblo". Molina no se atreve a cuantificar
el apoyo con el que cuenta la idea entre los habitantes del
pueblo, aunque insiste que la mayoría de ellos, muchos de
llegados en los últimos años desde la cercana Madrid en busca de
pisos baratos hasta convertir en localidad dormitorio, "no saben
nada de lo que pasó y, por eso, primero hay que dar a conocer la
historia para que luego puedan intervenir en la decisión".
Al argumento de que el
cambio sería muy costoso que esgrimen los partidarios de
mantener el actual nombre de Numancia, responde con firmeza: "Es
mentira. No habría que cambiar ni DNI ni escrituras, como dicen
muchos".
Mientras llega el
momento, los habitantes de la localidad han trasladado
sutilmente hace tiempo sus discrepancias sobre el nombre del
municipio al día a día. Hay dos equipos de fútbol sala. Uno
llamado Club Deportivo Numancia. El segundo, una escisión del
primero, Club Deportivo Azaña. Una rivalidad que va más allá de
lo futbolístico en un foro local de internet. Bajo el título
‘Numancia o Azaña', los vecinos a favor de uno u otro topónimo
intercambian opiniones y alguna que otra descalificación. El 19
de octubre de 1936, el comandante Jesús Velasco y las tropas
franquistas no se lo hubieran permitido.