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No hubo dos bandos
Rafael Torres
Diarios del Siglo XXI
3 de Octubre de 2008
La decisión del
juez Garzón de ampliar sus pesquisas sobre los
desaparecidos de la Guerra de España a los tribunales
republicanos podría parecer ociosa o irrelevante, pues
de todos es sabido que las víctimas del terror
revolucionario, esto es, de los incontrolados, de los
matones de retaguardia y de los agentes de Stalin que se
aprovecharon del desplome de las estructuras del Estado
a consecuencia de la Sublevación fascista para cometer
sus desmanes, fueron localizadas, exhumadas, honradas y
recompensadas en las personas de sus familiares tras la
guerra, pero esa providencia del juez pudiera servir,
sin embargo, para determinar de manera taxativa la muy
diferente naturaleza y magnitud de los asesinatos en la
zona leal y en la sublevada, desbaratando de una vez el
tópico infame, bruñido por los interesados partidarios
del olvido y el silencio, de que "en los dos bandos se
cometieron las mismas atrocidades".
Ni se cometieron las mismas atrocidades, sino tres veces
más en la rebelde que en la gubernamental, ni había dos
"bandos", sino un bando, el de los bandidos que se
habían puesto fuera de la ley y se emborracharon de
sangre, y un Estado que, según logró recomponerse del
marasmo provocado por el Golpe, las revoluciones en su
propio territorio que le subsiguieron y el improvisado y
titánico esfuerzo inicial de la guerra, acabó
absolutamente con los paseos, las sacas y los ajustes de
cuentas.
Pero incluso en los primeros meses de horror, de julio a
diciembre del 36, cuando las noches y las calles
republicanas de las ciudades estaban en posesión de los
cobardes y los hampones "justicieros", los jueces
republicanos acudieron, pese a hallarse desbordados,
desobedecidos e intimidados, al levantamiento de los
cadáveres hallados en cualquier parte, les fotografiaron
y expusieron las instantáneas en lugares públicos para
que fueran identificados por sus conocidos y familiares,
ordenaron su inhumación legal y abrieron diligencias e
instruyeron cada caso, bien que con menguado éxito al
principio, como puede suponerse.
Cualquiera que acuda a las fuentes, y Garzón va a
hacerlo, descubrirá que casi el 98% de los crímenes en
la zona leal se cometieron entre julio y diciembre del
36, descendiendo vertiginosamente y cesando durante el
resto de la guerra, en tanto que los asesinatos del
franquismo no cesaron hasta quince años después de
finalizada ésta, produjeron una cantidad enorme de
desaparecidos y fueron perpetrados por los esbirros del
nuevo y sanguinario Régimen. |