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La ferocidad de Aguirre con el hospital de Leganés es otra muestra del ´guerracivilismo´ que no cesa

Morir sin dolor

Luis Antonio de Villena *

www.elperiodicodearagon 16 de Abril de 2005

El Gobierno de la Comunidad de Madrid, presidido por Esperanza Aguirre, ha emprendido una campaña, con todos los medios de que dispone, políticos y mediáticos, contra el doctor Luis Montes, que (antes de ser apartado de su cargo) dirigía el servicio de Urgencias del Hospital Severo Ochoa de Leganés, un pueblo de la gran periferia al sur de Madrid.

El Gobierno de la Comunidad retiró de su cargo al doctor Montes haciendo caso a una denuncia anónima (¿Qué ocurriría de hacer caso instantáneo a cualquier denuncia anónima que pueda recibirse?). Y este Gobierno --y desde luego su presidenta-- se dice liberal, aún siendo del PP. Esperanza Aguirre (que llegó al poder, tras perder una primera vez, con el indirecto apoyo de dos tránsfugas, ya desaparecidos de la política) usa sonrisa facilona y diestra, pero --no lo olviden-- cuando tiene que dar con el puño en la mesa, da sin vacilaciones, y el puño de acero, si es menester, se vuelve garra.

Hoy, desdichadamente, no hay centro ni derecha blanda en España. Toda la derecha nacional que gobierna es derecha dura (pupilos o pupilas de José María Aznar) e incluso hay no poca ultraderecha disfrazada de demócrata, uso que han aprendido como alumnos aventajados --les apoya la historia-- del señor Bush y de la señorita Rice (Condoleezza).

¿Por qué esta ferocidad del Gobierno madrileño contra un simple médico de Urgencias? Sutilmente --sin decirlo a las claras-- lo presentan como un asesino por vía eutanásica. Mueren muchos pacientes terminales en su unidad, probablemente por uso extremado de la sedación, en dolorosas enfermedades terminales. Al doctor y a su equipo (parece) no les gusta ver sufrir a tan desdichados pacientes. Al contrario, parece que a la señora Aguirre y a su equipo les encanta que los pacientes terminales sufran. ¿Acaso no hemos visto todos sufrir a Juan Pablo II hasta la extenuación y el mudo aullido de misericordia? ¡Señor, señor, porqué me has abandonado! ¿No ha de ser ése --nos advierte mudamente Aguirre-- ejemplo para todos?

Dejemos en manos de la justicia (donde debe estar únicamente) si el doctor Montes cumplió o no cumplió la voluntad de éste o aquél enfermo que escogió voluntariamente la vía del sufrimiento, y en lo demás permitamos que reine la libertad individual y no la fe católica más rigorista, para que España no vuelva a ser un país más papista que el Papa. Puesto que el caso del hospital de Leganés, situado por la derecha vaticanista directamente a los pies de los más enrabietados caballos, es sólo --en el fondo-- un caso de libertad individual, y no de eutanasia activa y no deseada, como asimismo se pretende presentarlo.

 

ESTAMOS CASIante el linchamiento de un médico (que supongo que tendrá que huir, como Spinoza, a Amsterdam) sólo probablemente por razones de ética opinable, en la que el paciente --o sus allegados-- puede y debe escoger. Aunque idealmente debe ser el mismo paciente quien haga la elección, por lo que las autoridades deben facilitársela cuanto les sea posible. Lo que ocurre es que las autoridades (católicas y de derechas, a menudo) prefieren siempre el sufrimiento.

Ya sabemos que para el cristianismo sufrir es un valor, no sólo porque asemeja al cristiano con Cristo, sino porque --ofrecido ese sufrimiento-- ayuda a redimir los pecados propios y los ajenos, pues la Iglesia entera es un cuerpo. Pero ¿qué ocurre si no se es católico ni cristiano, o no se quiere serlo? Puede haber (la hay) una ética del sufrimiento no cristiana --la estoica, verbigracia-- pero muy raramente se querrá aplicada a enfermos terminales, que sufren hasta extremos infrahumanos. Y la libertad (en cuyo nombre debemos defender, en principio, al doctor Montes) quiere que el individuo libre y cabal muera con arreglo al talante de su vida. Muera como quiera morir. Con eutanasia si lo desea, a mi juicio, pero ya dije que no es este el caso. Lo pertinente ahora es no criminalizar --y sólo la justicia sabrá si hay casos que se haya contravenido alguna expresa voluntad-- a un médico que, siguiendo una ética muy respetable y altamente humanista, aunque probablemente no católica, ha procurado que los enfermos terminales sufran lo menos posible, algo (insisto) que nada tiene que ver con la eutanasia. Y este proceder encocora al PP, lleno de vaticanistas y guerrilleras de Cristo, con un ars moriendi tan distinto.

 

MAS, PUEStan demócratas se dicen, que sus gobiernos preparen en todos los hospitales un sencillo formulario en que se pregunte al enfermo si desea que se le palien sus dolores, y en casos terminales, si lo desea aún sabiendo que la aplicación de tales fármacos, probablemente derivados de la morfina, pudieran quizá poner en riesgo su vida, que --no lo olvidemos-- está ya en riesgo gravísimo. El PP (y la terrible y cruel señora Aguirre) está en contra de esta libertad en la hora final, y han armado, en Madrid, una espantosa batahola por ello.

A título personal, como es lógico, acabaré con dos consideraciones precisas. Si yo llegase a ser un enfermo terminal no quisiera estar en hospitales que dependan de gobiernos de obediencia católica, pues no lo soy. Querría que me sedaran al máximo en total evitación de dolores, y no me importaría que tal práctica abreviara mi muerte unos días. Lo firmo y rubrico con total lucidez, si es que el PP me la reconoce... Y lamento, una vez más, ver que en España la derecha moderada y abierta tenga tan mala fortuna, y anden tan de capa caída sus seguidores. España necesita (para acabar con el guerracivilismo que no cesa) de una derecha centrada, moderna y laica. Afirmar que el PP sea eso --salvo cortas excepciones-- de verdad, me parece un chiste. Así de terrible.

*Escritor.

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