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Santiago no cierra
España
Arturo
del Villar
UCR
1 de Agosto de 2009
El presidente de la Xunta
de Galicia, Alberto Núñez Feijoo, actuando como delegado del rey
católico Juan Carlos I, ha renovado una vez más el voto al apóstol
Santiago en su catedral de Compostela.
Dice una leyenda.
desmentida por los historiadores, que en el año 844 el emir Abderramán
de Córdoba reclamó a Ramiro I, rey de Asturias, el tributo de las cien
doncellas prometido por Mauregato. Se negó a cumplirlo y armó un
ejército que fue vencido por los sarracenos en Clavijo. Pero esa noche
se le apareció en sueños Santiago y le prometió la victoria para el día
siguiente, porque él mismo combatiría contra los moros montado en un
caballo blanco, como así fue según declara la leyenda. Es el motivo de
que el apóstol sea venerado en España con el apodo de Santiago
Matamoros. Sin embargo, los historiadores aseguran que nunca tuvo lugar
tal batalla en Clavijo, con argumentos indudables.
No obstante, sigue contando
la fábula que, en agradecimiento por tan milagroso favor, Ramiro I
estableció el voto de Santiago, por el que los cristianos debían ofrecer
a la basílica de Compostela las primicias de las cosechas y vendimias y
el diezmo del botín conquistado a la morisma. Así se estuvo repitiendo,
hasta que las Cortes de Cádiz en 1812 concluyeron que nunca se libró esa
batalla en Clavijo, por lo que debía suprimirse el voto. Pero el
indeseable Fernando VII lo restableció en 1816.
Por eso el 25 de julio de
cada año, en la festividad religiosa de Santiago, el rey de este país
sin religión oficial hace una ofrenda al apóstol en su catedral,
habitualmente representado por un delegado regio; se dirige a él como si
se conocieran desde niños, y le pide que proteja a esta nación laica. El
artículo 16:3 de la Constitución vigente declara: “Ninguna confesión
tendrá carácter estatal.” ¿Cómo se armonizan tales contradicciones? Está
claro que el rey incumple la Constitución, como la incumplió su
antepasado Fernando VII. Ahora bien: según el artículo 56:3 el rey es
irresponsable, y sus actos tienen que ser refrendados por el presidente
del Gobierno (artículo 64.1), que es el responsable de los actos del rey
(artículo 64:2). En consecuencia, José Luis Rodríguez está conculcando
la vigente Constitución, al consentir la continuidad de ese disparate
histórico.
Por otra parte, los
historiadores aseguran que los restos humanos guardados en la catedral
de Santiago no pertenecen al apóstol. Sin embargo, la Iglesia
católico-romana mantiene la vieja fábula en su beneficio. El 1 de
noviembre de 1884 el papa León XIII expidió la bula Deus omnipotens,
en la que aseguraba que los restos conservados en la basílica
compostelana son los de Santiago y sus compañeros Atanasio y Teodoro. En
consecuencia, los pertenecientes a la secta catolicorromana deben
propalar esa mentira histórica, a pesar de todas las pruebas en su
contra. Nada importa si con esa fábula se nutren las arcas vaticanas: no
es la única, en una institución sustentada en la mentira, el error y la
sangre.
¿Hasta cuándo va a
seguir repitiéndose esta estupidez que insulta a la historia, puesto que
ni se libró batalla alguna en Clavijo, ni Santiago participó en ella
matando moros, ni sus restos se conservan en Compostela?
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Arturo
del Villar
es Presidente del Colectivo Republicano Tercer Milenio
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