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No consiento que se hable mal de Franco en mi

 presencia. Juan  Carlos «El Rey»   

 

 

 
 
Joaquim Pisa
 
Aventura en la Tierra 7 de Abril de 2009
 
 
La crisis que nos azota invade ya todos los intersticios de la españolidad. Ya no se habla aquí de crisis económica o de "crisis de valores," sino de crisis de las esencias mismas del ser y sentir español. O al menos, de lo que nos han vendido como tal.
 
Resulta que las procesiones de Semana Santa, espectáculo arraigado en lo más hondo de la españolidad carpetovetónica como ningún otro, se están quedando sin costaleros. Cada vez es más difícil encontrar gente que cargue con las imágenes religiosas en esos interminables desfiles que atraviesan las noches españolas, especialmente las andaluzas y castellanas, en los días que dicen conmemoran la Pasión y Muerte de un dios torturado, muerto y resucitado de un modo sospechosamente similar al padecido por otros dioses de Oriente Próximo en tradiciones mistéricas anteriores a la cristiana.

 
El caso es que en la ciudad de Melilla, avanzada de la civilización occidental incrustada en la morería africana, ya no hay suficientes cristianos que se presten a hacer de costaleros, así que las cofradías han tenido que echar mano de "sin papeles" para cubrir esa función. Y claro, los inmigrantes indocumentados que se hacinan en lo que pomposamente llaman allí "Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes", resultan proceder en su mayoría del "África subsahariana" y también de Asia. Total, que este año un contingente de 34 africanos, pakistaníes e hindúes cargarán sobre sus magras espaldas los pasos procesionales católicos.
 
Todo un ejemplo de "aggiornamiento" espiritual. Porque resulta que los inmigrantes "acogidos" en Melilla son en su gran mayoría de religión musulmana o hindú. O sea, que ya ven: la Iglesia católica se pone al día a marchas forzadas, integrando bajo su manto a las ovejas de otros rebaños que han venido a pacer a la vera de las presuntamente abundantes praderas europeas. Parece que incluso ha habido proceso de selección, pues los llamados fueron muchos pero finalmente pocos los escogidos. Lo que no se nos dice es lo que van a cobrar los nuevos portadores por sus servicios, que evidentemente no serán gratuitos; de hecho, hay cofradías que hace tiempo pagan a sus costaleros, y evidentemente los inmigrantes "subsaharianos" no están en condiciones de ir regalando su fuerza de trabajo ni a dios.
 
Sic transit gloria mundi. O como diría un castizo en la piel de alguna jerarquía católica melillense: ¡hay que joderse, cómo nos hemos de ver!.
 

 

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