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No consiento que se hable mal de Franco en mi

 presencia. Juan  Carlos «El Rey»   

 

 

 

 

 

La secta católica: Análisis crítico de sus doctrinas esenciales: II.

 

La omnipresencia divina

 

Antonio García Ninet *

 

 

 

2. La DOCTRINA que afirma que Dios es omnipresente, es decir, que se encuentra en todo lugar, pero que se encuentra “de un modo especial” en las Iglesias, consideradas como “casas de Dios”, y en la “hostia consagrada”. 

 

CRÍTICA: El estar o no estar no admite grados: Se está vivo o no, se está presente o no, se está embarazada o no, pero no tiene sentido decir que alguien está vivo pero sólo un poco, que está presente, pero sólo un poco, o que está embarazada, pero sólo un poco. Por ello, ¿qué sentido tiene afirmar que Dios se encuentra en todas partes y a continuación puntualizar que donde se encuentra “de verdad” es en la hostia consagrada? Si Dios existiera, su omnipotencia, le permitiría estar “en el Cielo, en la Tierra y en todo lugar” –como decía el catecismo- y si además su presencia fuera mejor que su ausencia, no tendría sentido la afirmación de que Dios estuviera de un modo especial en las iglesias y en las hostias.

 

Resulta evidente que la insistencia de la Secta Católica en afirmar que donde se encuentra Dios “de verdad” es en las iglesias proviene de sus intereses económicos, pues sólo desde el momento en que los fieles acuden a la Iglesia se les puede seguir adoctrinando y tratando de someterles mentalmente para que sigan sus consignas y para que sigan ofreciendo sus limosnas y sus pagos por las misas de sus difuntos, por los bautismos, por las bodas, por los funerales y por todo el folklore que se monta en torno a las diversas celebraciones litúrgicas: Nacimiento de Jesús, Cuaresma, Semana Santa, Pascua de Resurrección, Corpus Christi, festividades patronales de cada localidad y un sin fin de actos rutinarios y repetitivos, como el rezo del “Santo Rosario”, que no tienen otra utilidad que la de un ejercicio de autohipnosis colectiva, inducida por los jefes de la secta, a fin de mantener secuestradas las mentes de sus “fieles” aceptando el valor de las doctrinas y consignas que se les inculcan.     

 

Evidentemente es el interés económico de las jerarquías de la secta católica el que les lleva a defender esa absurda doctrina sin la cual peligraría gravemente su negocio en cuanto la gente comprendiera que para ponerse en contacto con la divinidad no hacía falta acudir a “la casa de Dios” –como si Dios necesitase de una casa-. Pues, en cuanto aquellos que necesitasen creer en fantasías religiosas comprendieran que no necesitaban acudir a las iglesias, muchos obispos y curas se quedarían sin trabajo y deberían dedicarse a trabajar de verdad para ganarse el pan con el sudor de su frente, dejando de engañar a gente inocente.

 

Si fuera posible la existencia de un Dios trascendente que al mismo tiempo estuviera en todo lugar,  ¿de que serviría esa supuesta omnipresencia divina? En principio podría servir para ayudar en aquellos casos concretos como el de la niña  colombiana Omayra Sánchez, que estuvo atrapada en el agua hasta el cuello a causa de una serie maderas que le impedían salir. Y allí estuvo durante una larga serie de horas, confiando hasta el fin, hasta que murió sin que nadie, ni Dios pudiera hacer nada por salvarla. ¿De que serviría esa presencia divina en todas las zonas del mundo donde millones de niños mueren antes de cumplir los diez años en medio del hambre, de las enfermedades y de la miseria más absoluta? Creo que sería una ofensa a Dios –si existiera- afirmar que está delante de esos niños, viendo impasible su sufrimiento y no haciendo nada por evitarlo. Decir que eso es un misterio es un acto de hipocresía o de cobardía ante el hecho de tener que reconocer que, si Dios existiera, sería un sádico en cuanto, siendo omnipotente y contemplando el sufrimiento de tantos seres inocentes, no se dignase remediar esos males que para nada merecen y que de nada positivo sirven.   

Por otra parte, la afirmación de la omnipresencia de Dios sólo resulta compatible con un panteísmo como el de Spinoza en el que Dios es omnipresente porque se identifica con el conjunto de la Naturaleza (Deus sive Natura), pero evidentemente ese Dios dejaría de tener un carácter personal y antropomórfico para ser entendido como el origen y el fin de todas las cosas.

 

 

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*Antonio García Ninet  es  Doctor en Filosofía

 

 

 

 

 

 

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