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Cullera
Laica-L’Expressió
14 de Mayo de 2007
Gonzalo
Puente Ojea, miembro de
C.L.
Brevemente, ¿qué es la libertad de conciencia?
G.P.O.
La capacidad y el derecho de cada individuo humano de pensar libremente en el
fuero íntimo de su conciencia sobre todas y cada una de las cuestiones que su
entendimiento, exento de coacciones, le va sometiendo, a fin de optar y
expresarse con plena libertad acerca de las ideas, pensamientos y convicciones
que la sociedad le plantea.
C.L.
¿Y el laicismo?
G.P.O.
El laicismo es un idearium apoyado en una
antropología y en una ontología social y jurídica definidas por cuatro
principios fundamentales, a saber: 1) El principio de libertad de conciencia y
de igualdad formal de las conciencias; 2) El principio de distinción entre el
ámbito de lo privado (res privata) y el ámbito
de lo público (res publica); 3) El principio de la titularidad jurídica de
los individuos como únicos sujetos reales de derechos; y 4) El principio de
no-interferencia de la esfera pública en la esfera privada, y viceversa.
C.L.
¿Se disfruta en España de la libertad de conciencia?
G.P.O.
Pese a lo estatuido con carácter vinculante en el art.º 14 de la
Constitución —y que reitera el art.º 18 de
C.L.
¿Puede supeditarse la libertad de conciencia a voluntades políticas, mayorías
sociales, perpetuación de tradiciones, etc.?
G.P.O.
La subordinación de la libertad de conciencia a decisiones de carácter
político o religioso —además de otras— genera en nuestro país una
permanente situación de atropello de los principios esenciales de la
democracia y, por consiguiente, del laicismo en cuanto principio indisociable
de la igualdad y libertad de los ciudadanos.
G.P.O.
Los responsables han sido las oligarquías políticas y fácticas que, a
través de partidos antidemocráticos y corruptos, impusieron a los españoles
durante la llamada cínicamente “transición democrática” —entre 1976 y
1978, con los preludios de los tres años anteriores a la desaparición de
Franco—, con la asidua cooperación de la Iglesia, una oligarquía de
partidos —partidocracia— cubierta por la
Corona en perfecta simbiosis. Fue la gran mentira de la transición, la mayor
estafa a los ciudadanos de la historia de España. Desde entonces, tanto el PP
como el PSOE han rivalizado en el esfuerzo por hacer inviable cualquier
apertura u oportunidad para intentar una revisión radical del actual régimen
político que controla a la ciudadanía con refinados instrumentos de
dominación mental y material que jamás llegaron a poseer con tan probada
eficacia los regímenes anteriores.
C.L.
¿Cree que hay alguna voluntad política de instaurar un Estado verdaderamente
laico?
C.L.
En Cullera tenemos símbolos religiosos en
espacios públicos (incluso en el propio Ayuntamiento), actos religiosos
oficiales, participación activa de autoridades municipales en misas y
procesiones, imposición de símbolos católicos a toda la ciudadanía, etc.
¿Qué piensa de todo esto?
G.P.O.
Un sistema de libertad de conciencia, y el principio de no-interferencia de lo
público con lo privado, en un auténtico espacio laico, no toleran la
presencia de símbolos religiosos de ninguna especie en instituciones o bienes
de carácter público. Es una afrenta a otras conciencias, sean numerosas o
no, que por sus iguales títulos de ciudadanía se ven discriminadas.
C.
L. ¿Cómo valora la creación de una asociación como Cullera
Laica?
G.P.O.
Una encomiable iniciativa que debería apoyarse por los ciudadanos que,
despertando de su provocado adormecimiento, reclamen la democracia y el
laicismo sin engaños. Nuestro deber es entregar a estas iniciativas nuestro
dinero y nuestra acción.