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Los
obispos atacan de nuevo
Antonio
García Ninet *
Con su arrogancia estúpida habitual, el señor Martínez Camino, como secretario de los obispos católicos teóricamente españoles, ha manifestado su oposición a que el Estado Español pueda dar una formación cívica a los ciudadanos, considerando que tal pretensión representa un atentado contra la libertad de conciencia y contra el derecho de los padres a dar a sus hijos la formación moral que consideren oportuna. Ya en otra ocasión este señor, refiriéndose al gobierno de España, dijo con una sonrisa despreciativa: “¡¿qué valores morales van a enseñar ellos?!”, queriendo dar a entender que toda moral que no fuera la de su grupo religioso era indigna de ese nombre. No sé si realmente ese señor cree en la moral que “teóricamente” defiende, pero en cualquier caso se trata de una moral que en la práctica siempre les coloca del lado de los poderosos –que tradicionalmente han sido siempre sus aliados- y no del lado de los pobres, una moral contraria a los valores democráticos y que no defiende la solidaridad ni el derecho de todos a participar en la vida política.
Es inverosímil que a estas alturas y después de tantos siglos de crímenes de su “Santa Inquisición”, de sus “santas cruzadas”, de su cómplice intervención “santificadora” en la conquista y del reparto de América entre España y Portugal por la mediación del papa Alejandro VI, con un desprecio absoluto hacia los derechos de los pueblos autóctonos, de las guerras europeas fomentadas por ellos en contra de los protestantes, de sus “cazas de brujas”, de sus aportaciones ideológicas para justificar la masacre de los pueblos autóctonos americanos, de su racismo activo o pasivo contra los negros, y de su constante complicidad con tantas dictaduras, todavía se consienta la presencia en España de la jerarquía de esta asociación, guiada exclusivamente por su ambición de poder.
Es inconcebible que las jerarquías de esta organización, que dio el título honorífico de “Cruzada nacional” a la guerra fraticida encabezada por el general Franco, título que sigue ostentando sin que todavía hayan rectificado su incalificable decisión de santificar aquel levantamiento militar contra un gobierno democrático, con la enorme cantidad de muertes que provocó y con todo el periodo de opresión, de injusticias y de gobierno totalitario que le siguió, ni siquiera haya tenido la humildad de reconocer su error y de anular este abominable título honorífico. Y no sólo no lo han retirado sino que además a aquella insensatez se suma ahora la de haber decidido “santificar” a los “mártires” del bando fascista para así volver a transmitir al pueblo la impresión de que en aquella guerra había buenos y malos, y que los buenos eran los fascistas y los malos quienes defendieron la legalidad vigente, y, casi con total seguridad, para intentar presentar al actual gobierno como el sucesor de aquellos “rojos diabólicos” contra quienes el general Franco se alzó en armas, ayudado por la Santísima Trinidad y por la aviación de Hitler, con quien también simpatizaban esos “talibanes” que aprendieron a saludar al estilo fascista, como puede comprobarse en cientos de repugnantes fotos.
Olvidando los tiempos del nacional-catolicismo que ningún obispo criticó, el señor Martínez Camino critica la asignatura Educación para la ciudadanía como si de una barbaridad se tratase, cuando la secta religiosa que sigue las consignas del Vaticano tendría tanto que revisar en sus propias doctrinas, en cuanto sigue sin asumir los valores democráticos y se rige por un gobierno endogámico medieval que desprecia al que ellos llaman “pueblo de Dios” y le niega su participación en la elección de los obispos y en la de su primera autoridad.
¿Cómo podrían defender los valores democráticos quienes todavía viven en un sistema político feudal y tratan a sus miembros como borregos que deben cuidar en un “redil”?
Igualmente la “moral” (?) de la jerarquía de esta asociación tiene muy poco que ver con el respeto a la idea de igualdad entre el varón y la mujer desde el momento en que de modo irracional sigue defendiendo en sus propias estructuras un machismo radical que impide a las mujeres acceder a puestos relevantes como el de sacerdote, obispo o jefe supremo de su organización.
¿Cómo podrían defender la igualdad entre varón y mujer quienes la rechazan en sus propias normas y estructuras?
La jerarquía de esta asociación se dedica a amasar riquezas de forma insaciable y a inmiscuirse en los asuntos internos de cada país en lugar de dedicarse, en cuanto defensores teóricos de la fraternidad humana, a ayudar a los pobres.
¿Cómo van a defender la solidaridad humana, a no ser de un modo absolutamente hipócrita, quienes se dedican a vivir de los pobres con total descaro y sin apenas disimular el lujo faraónico en que lo hacen en lugar de vivir para los pobres?
¡Y que esta gente se atreva a levantar su voz contra las decisiones de un gobierno democrático! Si un presidente de cualquier otro estado hubiese actuado de ese modo, se habría producido tal reacción que por lo menos habrían peligrado las relaciones diplomáticas entre ambos estados.
¿Por qué, sin embargo, se consiente a esa chusma que interfiera en nuestros asuntos y fomente impunemente aquellas disensiones internas de las que pueda sacar tajada? Si dijeran que son españoles y que como tales tienen derecho a opinar, conviene tener en cuenta que, aunque en teoría posean nacionalidad española, en realidad son agentes del estado Vaticano, con la renta per capita más alta del mundo, y que siguen sus consignas sin preocuparse para nada de otros intereses que los suyos.
¡¿Cómo es posible que se acepte que esos señores, vestidos con el color de los cuervos o con el de la sangre de sus víctimas, se inmiscuyan en la política española en lugar de ponerse a trabajar de una vez?!
Los obispos consideran normal el adoctrinamiento en una religión y en una “moral” que ni ellos mismos practican en sus aspectos positivos, y enfocan la enseñanza de sus doctrinas desde el adoctrinamiento, tratando de imponer sin escrúpulos sus doctrinas a niños de seis años, atentando contra sus derechos a no ser manipulados por nadie. Y, sin embargo, tienen el descaro de oponerse a que el pueblo español, a través de sus representantes libremente elegidos, pueda darse a sí mismo una formación y unos criterios cívicos de comportamiento basados en el respeto, en la tolerancia y en la libertad.
Por ello, ya es hora de que deje de ignorarse el artículo 20.4 de nuestra Constitución en su referencia a la protección de la infancia y de la juventud, y de que el Código Penal contemple como delito la manipulación mental que supone el adoctrinamiento “moral” y religioso que impunemente hasta ahora se ha permitido ejercer a los obispos contra las mentes de los niños, fomentando la sumisión hipnótica a sus palabras en lugar de fomentar el desarrollo de su capacidad racional y crítica.
Señores obispos: ¡Hagan el favor de dejarnos tranquilos y de preocuparse de los asuntos de “su país”!
Señores del gobierno: ¡Recuerden que son ustedes nuestros representantes! ¡No permitan que los agentes del Vaticano sigan interfiriendo en la política de nuestro país y sigan manipulando las mentes de nuestros hijos!-------------------
*Antonio García Ninet es Doctor en Filosofía y en Ciencias de la Educación