| Designed by: |
| La Ley del silencio borbónica |
|
|
|
| Escrito por Arturo del Villar / UCR |
| Viernes, 17 de Febrero de 2012 00:00 |
|
Es lo mismo que hizo su hijo, éste sí rey Juan Carlos I gracias a la instauración decretada por el dictadorísimo, cuando regaló el ducado de Palma de Mallorca a su hija Cristina, por caer en la tentación de casarse con el jugador Iñaki Urdangarin, sin molestarse en consultar a los palmesanos su opinión. Estos borbones se han quedado en la Edad Media, cuando los reyes disponían de vidas y haciendas de sus vasallos, merced a las armas de su ejército, a las predicaciones de sus clérigos, y a la sumisión de sus jueces y fiscales a la real orden. Pero en el siglo XXI ya no somos medievales. ¿O sí? Su alteza Pilar tiene bajas ocurrencias. Una de ellas es la salida destemplada de tono con la que respondió, cuando le preguntaron su opinión sobre el proceso judicial incoado a su sobrino político el duque mallorquín: "Nadie es culpable hasta que los jueces no lo digan, con lo cual, a callar." Dejando aparte la incorrección gramatical de la frase, porque si los jueces no lo dicen es que no hay sentencia, sigue el modelo impuesto por su hermano el rey por la gracia del dictadorísimo: nunca olvidaremos aquel histórico 10 de noviembre de 2007, en la antigua ciudad colonial de Santiago de Chile, cuando intentó hacer callar al presidente elegido por el pueblo de Venezuela, Hugo Chávez, creyéndose que se hallaba todavía en épocas de la triste colonización española. Le respondió adecuadamente el presidente elegido por el pueblo venezolano, que no se callaba porque los latinoamericanos son libres. Una lección histórica.
¿Todos somos iguales para la Justicia?
Los españoles no somos libres desde el 1 de abril de 1939, cuando los militares rebeldes ganaron la guerra gracias a la colaboración de nazis alemanes, fascistas italianos, viriatos portugueses, y el dinero vaticano, instaurando una dictadura militar seguida de una monarquía militarizada. Pero tampoco nos callamos, porque es intolerable el tratamiento que se está dando a sus altezas reales la infanta Cristina, grande de España por motivos espermatozoicos, y su marido, el excelentísimo señor don Iñaki Urdangarin, que también es grande de estatura física, aunque su talla moral ni se vislumbra siquiera. Su majestad el rey católico nuestro señor, que Dios guarde, que buena falta le hace, leyó solemnemente en el discurso que le escribieron para la pasada nochebuena de los vasallos (todas sus noches son buenas), estas inolvidables reflexiones: "Cuando se producen conductas irregulares que no se ajustan a la legalidad o a la ética, es natural que la sociedad reaccione. Afortunadamente vivimos en un Estado de Derecho, y cualquier actuación censurable deberá ser juzgada y sancionada con arreglo a la Ley. La Justicia es igual para todos." Mintió el escriba del mensaje. Prueba de que no es igual la ha dado el juez José Castro, instructor del sumario incoado al duque de Palma, al prohibir la presencia de vídeos, grabadoras, móviles y objetos semejantes en la sala donde se le tomará declaración el próximo día 25 de febrero. El Consejo General del Poder Judicial ha respaldado esta decisión, porque "no todos los imputados son iguales". ¿En qué quedamos? ¿Es que el Consejo no respeta al rey?
Las leyes tienen excepciones
Lo ha aclarado muy bien el novísimo fiscal general del Estado, Eduardo Torres-Dulce, el día 14, en sus primeras declaraciones públicas sobre el caso que indigna a los vasallos españoles. Manifestó para perplejidad de los oyentes: "La Ley es igual para todos, porque así lo establece la Constitución, con las excepciones que establece la Ley." De donde se deduce que la Justicia no se aplica igual para el apellidado Pérez que para el apellidado Borbón, un apellido falso, por cierto, porque Alfonso XII tuvo como padre biológico al teniente Enrique Puig Moltó, y no a su padre putativo, Francisco de Asís de Borbón, alias Doña Paquita la Puntillera, así que esta dinastía es la puigmolteja, apodo con el que era conocido Alfonso. La llamada impropiamente Cristina de Borbón era vocal del Instituto Noos y propietaria del 50 por ciento de Aizoon, las empresas fraudulentas montadas por su marido para defraudar a Hacienda, evadir capitales y robar al pueblo prevaliéndose de su parentesco real. Por lo tanto, debiera ser procesada como cualquier presunto delincuente, si fuese cierto que la Justicia es igual para todos en esta monarquía instaurada por el dictadorísimo. El abogado del duque palmesano, Mario Pasqual, que ha demostrado no ser muy inteligente, afirmó el 11 de febrero, tras la negativa a declarar ante el juez de Diego Torres, el compinche de Urdangarin, que su cliente sí declarará, "porque está deseando verter su versión de los hechos". Otra falacia. En primer lugar, si quisiera hacer declaraciones públicas para alegar su disculpa de las acusaciones judiciales, no tenía más que convocar una rueda de Prensa, porque sería multitudinaria. Incluso podría vender la exclusiva a una cadena de televisión, que le pagaría una millonada. Además, el día 15 reporteros de Telecinco intentaron aproximarse a él cuando salía de su casa en Washington, y el antiguo olímpico echó a correr como si le persiguiera su conciencia, en el supuesto de tenerla.
Lavados rosas de cerebros
En tanto los medios de comunicación de masas informan sobre la evolución de los conocimientos añadidos a la trama del caso Urdangarin-Borbón, esas revistas conocidas como rosas o del corazón, única lectura de muchas desgraciadas vasallas, mantienen una campaña de auxilio a los duques. ¿Gratuita o pagada por quien tiene interés en que no padezca demasiado acoso la llamada familia real, que es la más irreal de todas las posibles? Semana tras semana, las tituladas precisamente Semana, ¡Hola!, Lecturas, Love, Pronto y Diez Minutos, las de mayor circulación, lamentablemente, se esfuerzan por presentar una imagen favorable de los duques, que según cuentan sufren una terrible persecución por parte de los medios de comunicación (¿pues qué son estas revistas? Lo sabemos: basura impresa). Se dice que tales bazofias las leen las mujeres mientras les lavan el pelo en la peluquería. Sea o no cierto, lo indudable es que contribuyen a lavar el escaso cerebro de las lectoras, al crear un estado de opinión favorable sobre los delincuentes. A ellas se une (¿voluntariamente o gracias a una propina?) la francesa Point de Vue, especializada en informaciones sesgadas, por supuesto, en torno a las casas reales o principescas que todavía sobreviven. En su último número, sobre una fotografía acaramelada de los tripríncipes de Asturias, Girona y Viana, alarma con este titular: "Crise sans précédent à la Cour d'Espagne", y se atreve a calificarla de "Campagne calomnieuse contre les souverains". La calumniadora es la revista, porque el caso Urdangarin-Borbón está bajo investigación judicial. Una de estas revistas hasta se ha acordado de una antigua novia del tripríncipe, con la que no le permitieron casarse porque sus padres están divorciados, para después dar el consentimiento a su boda con una hija y nieta de divorciados y divorciada ella misma (de un exmarido desaparecido). Puede verse en Lecturas un apasionante reportaje titulado "Isabel Sartorius: la conmovedora historia de su vida contada por ella misma." Desde luego, es para derramar una catarata de lágrimas. Hay que dar la vuelta al apotegma de Larra: leer en España es llorar.
Actividades triprincipescas
Mientras tanto, los tripríncipes arriman el hombro para apuntalar la maltrecha imagen de la monarquía del 18 de julio instaurada por el dictadorísimo, que nunca fue buena, pero ahora es comatosa. La triprincesa ha puesto en venta sus trajes, por si alguna anoréxica los quiere lucir de segunda mano, lo que ha dado lugar a los ditirambos habituales por parte de los turiferarios de la llamada casa real, que es la más irreal de todas las españolas. La triprincesa ha montado su propio rastrillo, también de futuro muy inadecuado, como el de su tía política (que, según se cotillea, no la soporta). Por su parte, el tripríncipe es que no para. El día 13 se disfrazó de militar para realizar una completísima visita al Parque y Centro de Mantenimiento de Material de Transmisiones, al de Sistemas Hardware-Software, y al Regimiento de Guerra Electrónica número 31, en el acuartelamiento de Zarzo del Valle, en El Pardo. En las guerras convencionales los militares españoles no han ganado una batalla desde el siglo XVIII (excepto cuando estuvieron armados por nazifascistas europeos), pero en la guerra electrónica podrían hacer el mayor de los ridículos. Todo por su majestad el rey, señor de vidas y haciendas de sus vasallos. Pues diga lo que quiera su alteza real la infanta duquesa de Badajoz, este vasallo no se calla. Y como sea verdad que "la Justicia es igual para todos", los que se van a tener que callar son los acólitos de dictadores que intentan hacer callar a los demás indiscriminadamente, desde jefes de Estado elegidos por el pueblo hasta al pueblo mismo que quiere poder elegir al jefe del Estado que lo represente. Pilar: a callar. |






