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No consiento que se hable mal de Franco en mi

 presencia. Juan  Carlos «El Rey»   


 

Jornadas sobre Palestina. Madrid,  27 y 28 de Mayo de 2009

Por una paz justa en Oriente Medio

Resumen de las Jornadas sobre Palestina.

Celia Tellez

UCR 2 de Junio de 2009

 

        Sólo tenemos que hacernos un reproche a nosotros mismos: no hemos debido saber “vender” este encuentro –o hemos tenido la desgracia añadida de coincidir con un partido de fútbol internacional en la primera jornada del 27–, ya que el nivel de los participantes merecía una afluencia de público en la Fundación Progreso y Cultura que no se ha dado. En todo caso paso a resumir de forma muy condensada lo que han dado de sí las once conferencias magistrales, ya que esa es la impresión sacada por los asistentes.

 

        La primera de las Mesas estuvo presidida y coordinada por el arabista Pedro Martínez Montávez, alguien de tan dilatada experiencia como de reconocida solvencia dentro y fuera de España en los temas sobre Oriente Medio. Su breve intervención abriendo el acto del día 27 estuvo cargado de simbolismo. Señaló algo en lo que casi todos coincidimos, que sin la referencia activa de la Administración de los EE. UU. en este viejo conflicto el problema se seguirá pudriendo, de uno a otro enfrentamiento, espontáneo o provocado. Puso su esperanza (más bien deseo) de que la nueva Administración Obama sea sólo un poco más inteligente que sus predecesores. Con esos débiles mimbres se podría comenzar a tejer una cesta para contener los gérmenes de una deseable paz estable en el futuro, aunque el moderador se mostrase escéptico al respecto.

 

        Majed Dibsi, no actuaba como abogado que es, sino como palestino de origen. Su experiencia le demostró a lo largo de los años que Israel nunca ha querido la paz. Si en algún momento existió un atisbo de conseguirla, consiguieron abortarla como el malogrado acuerdo de Oslo, seguido del asesinato por envenenamiento de Yaser Arafat. Este antiguo presidente de la Asociación de la Comunidad Hispano-Palestina “Jerusalén” también se decantó, como único camino para reconducir el nivel de violencia en la zona, tanto actual como potencial, en imponer la única cordura que entienden los genocidas: el Tribunal Penal Internacional para crímenes de lesa Humanidad y de violación reiterada de los Derechos Humanos.

 

        Teresa Aranguren, apelando a su experiencia en Cisjordania y su amistad con familias que siguen en la zona, relató un hecho que vivió en su última visita a Belén. La familia que le acogió vio cómo   

su casa amaneció un día rodeada por tres de sus cuatro lados por una valla electrificada de cinco metros de altura, dejando sólo el acceso frontal a la misma. Cuando al caer la tarde subieron a la azotea para contemplar el campo que se extiende aún delante de la casa, fueron conminadas desde una de las torretas circundantes para que abandonasen de inmediato la azotea so pena de ser tiroteadas por el soldado israelí de vigilancia. A eso había quedado reducida la vida de esa familia Palestina.

 

Los sionistas hace tiempo que pusieron en marcha un experimento en Psicología que está demostrado desde hace años que unos ratones a los que se encierra en un espacio limitado, que se va reduciendo de forma paulatina (como se está haciendo con los llama- dos territorios ocupados, en especial en Cisjordania), terminan por devorarse unos a otros. Los estallidos de violencia entre palestinos, que aquí nos resultan tan incomprensibles como suicidas, son sin duda un resultado de ese experimento diabólico de Israel.

 

Téllez, conectó sus lecturas de profesora de psicología,  con el  conocimiento del Mundo Árabe como arabista, para denunciar el hecho de que las circunstancias que viven los palestinos, privan, en la infancia de los derechos a la salud psíquica, reconocidos entre los Derechos del Niño y los Derechos Humanos en general. Esas circunstancias, que en nuestra sociedad son más que suficientes para generar la “ansiedad rasgo de la personalidad”, el “estrés postraumático”, y la “ansiedad generalizada”, sin hablar de depresión pánico etc, obligan a los palestinos a vivir en un esfuerzo ingente para combatir las secuelas de esos fenómenos bien conocidos como de hecho aparece en estudios de autores palestinos, israelíes y otras nacionalidades; la ansiedad rasgo hace percibir el mundo como hostil en casos donde la información es neutra, por lo cual su mundo social estaría abocado a ser marcadamente hostil.  El estudio de las secuelas que padecen los palestinos expuestos a un ambiente en que los eventos traumatizantes,  como la muerte de parientes, la destrucción de todo tipo, ha documentado los efectos terribles que el llamado “síndrome post-traumático” tiene tanto para menores como mayores expuestos a una situación cotidiana de violencia israelí,  que daría como resultado quedar presos de una de las miles de escenas que allí se viven, privándoles de la flexibilidad de procesamiento de la información necesaria para una vida normal. En tercer lugar puso de relieve la posibilidad de que como fruto de los acontecimientos que allí se viven se vea dañada la estructura de la “amígdala”, responsable del sistema de alerta de los peligros ambientales, lo cual conlleva que el individuo viva en constante alerta incluso cuando no hay peligro y ello le inhabilita para la vida social y laboral. Igualmente resaltó que quizá por un mecanismo no suficientemente estudiado, quizá un alto grado de conciencia,  muchos palestinos logran compensar, mejor que otros pueblos, todas esas circunstancias.  No obstante el índice de trastornos psicológicos imputables a la situación en que les obligan a vivir es enormemente alto en los territorios palestinos y ello tiene un coste humano y económico que alguien tendrá que afrontar

 

        Cerró la Mesa de la primera Jornada la directora ejecutiva para España de la Agencia de Naciones Unidas para los refugiados palestinos (UNRWA, en sus siglas inglesas). Aunque como funcionarios de una agencia internacional humanitaria tienen expresamente prohibido hacer manifestaciones de carácter político, mostró un considerable número de planos y maquetas de Cisjordania que reflejan la situación que vive ese pequeño territorio, poco mayor que la comunidad de Madrid, donde viven en asentamientos ilegales más de medio millón de colonos judíos (la mayoría ultraortodoxos llegados de todas las partes del mundo) y sobreviven en espacios cada vez más aislados unos de otros poco más del doble de palestinos. Los puestos de control, las carreteras cortadas por excavadoras, las vallas eléctricas y, sobre todo, el muro serpenteante construido sobre territorio palestino (y que fragmenta el propio espacio interior de Cisjordania) dibuja una realidad que no permite una vida mínimamente digna a los palestinos autóctonos. Este muro fue declarado ilegal por la Asambles General de Naciones Unidas del 13 de julio de 2004, en base al dictamen de la Corte Internacional de Justicia y por la práctica unanimidad de sus miembros. Israel, como viene siendo ya habitual, ha ignorado hasta hoy esa condena internacional. En el debate que cerró su intervención reconoció, como dos meses antes ya había manifestado el coordinador para Europa de la Agencia, que  “a Israel es inútil exigirle que afronte las consecuencias de la destruc- ción que sus represalias acarrean, y que deben ser pagadas por los llamados países donantes, entre ellos España”. 

 

        La segunda de las Mesas, correspondiente al jueves día 28, tenía por lema el análisis de las posibles consecuencias políticas y judiciales de la destrucción de Gaza en enero de este año. Para debatir sobre este tema se ha contado con Ignacio Álvarez-Ossorio como presidente y moderador de la Mesa; los juristas Raúl Maíllo y Gonzalo Boyé; la arabista y catedrática emérita de la UAM Carmen Ruíz-Bravo Villasante; Francisco González de Tena, sociólogo y presidente de la Asociación Cultural de Amigos de Siria (ACAS, como organizadora de las Jornadas); Francisco Pérez Esteban, profesor y candidato por IU al Parlamento Europeo; y Musa Odeh, embajador en España de la Autoridad Nacional Palestina.

 

        El letrado Maíllo se centró en el procedimiento abierto en la Audiencia Nacional contra siete militares israelíes por crímenes contra la Humanidad en base al ataque perpetrado en 2006 contra un supuesto dirigente del movimiento Hamás y en el que murieron 14 civiles inocentes bajo una bomba de una tonelada, lanzada por Israel contra un edificio de viviendas en Gaza. Hizo un repaso de las bases jurídicas que motivaron la admisión de la causa, además de las pruebas, presentes y futuras, en las que se basan las denuncias del delito. La tipificación ha sido finalmente la de “crímenes de guerra” aunque las víctimas no tenían en ningún momento el carácter de fuerzas combatientes en un presunto enfrentamiento no demostrado. El letrado Boyé centró su intervención en lo que entiende que es un intento del Gobierno de cerrar el paso a este proceso (y otros que le puedan seguir) introduciendo una reducción invalidante del principio de Justicia Universal, no sólo plegando la soberanía española a las quejas de la anterior ministra de Asuntos Exteriores de Israel, sino ignorando que España tiene suscritos desde hace muchos años Acuerdos Internacionales vinculantes en materia de defensa de los Derechos Humanos y de persecución de delitos imprescriptibles, como el Genocidio y la vulneración del Convenio de Ginebra sobre Derechos de Gentes y Crímenes de Guerra que no admiten fronteras.

 

        Carmen Ruiz-Bravo fijó la atención de los asistentes en el carácter con el que ha actuado desde su creación el Estado de Israel. La diáspora provocada por la voluntad de exterminio de toda la población palestina originaria no es una novedad, aunque ahora la estrategia haya adquirido una deriva peligrosa. Señaló, como un elemento inquietante, el anuncio por parte de Israel de que se le reconozca como “Estado Judío”. Ello implicaría de forma automática el que ningún ciudadano que no ostente ese carácter religioso único no podría tener la condición de ciudadano de pleno derecho. No se ha valorado suficientemente, a su entender, el peligro que esta deriva totalitaria representa. La “limpieza étnica” denunciada por Ilán Pappé tendría, a partir de ese reconocimiento que exigen los sionistas de una “patria exclusiva para los que se llamen judíos”, consecuencias imprevisibles para la estabilidad mundial, creando de paso, un pozo de futuros terroristas despojados de todo referente territorial y de señas de identidad. Por la propia seguridad futura de Israel, que debiera medir la consecuencia de sus exigencias enloquecidas, y la de todos los países, se tiene que poner coto a la impunidad de la política sionista en su ansia expansionista y de consolidación propia en detrimento de los palestinos originarios.

 

        El presidente de ACAS, Francisco González de Tena, hizo un recorrido por lo que llamó “el síndrome de fortaleza sitiada” al referir- se a esa especie de burbuja privilegiada en la que se ha convertido Israel, con el aval americano y la complicidad culpable de la Unión Europea. La actitud desafiante de los israelíes como matones impunes y guardas de la zona, ha traspasado todos los límites posibles hasta la indignación de los ciudadanos mínimamente sensibles de Europa. Esa separación entre una sensibilidad cívica ante un el exterminio planificado del pueblo palestino y la actitud complaciente de nuestros representantes políticos europeos, se evidenció en la escandalosa salida planificada (sin duda alguna por los más reaccionarios de los sionistas) de la Cumbre celebrada en Ginebra contra el Racismo y la Xenofobia, al denunciar el presidente iraní el comportamiento de Israel en contra de una parte de sus propios ciudadanos árabes. Justificó el ponente en este divorcio de valores la propia convocatoria de estas Jornadas, a las que ni el PSOE ni, por supuesto, el PP quisieron acudir. Cerró su intervención con una mención al plan del presidente Obama, que ha trascendido a la prensa occidental, basado en cuatro puntos: 1º) Compensar económicamente a los expulsados ilegalmente por Israel; 2º) Reconocimiento diplomático de Israel por parte de todos los países a cambio de una retirada escalonada de los territorios ocupados; 3º) Retomar el estatuto compartido de la ciudad de Jerusalén, permitiendo a los palestinos el establecimiento de su capitalidad en la zona este de la ciudad; y 4º) Ajuste de las frontera a las resultantes de 1967. Aunque el plan tiene numerosos errores de partida (como el impedir el retorno de los cinco millones de expulsados de sus tierras, a cambio de una compensación económica indeterminada; el establecimiento de fronteras confusa y una retirada sine die) puede ser un punto de partida siempre que Europa refuerce esa postura inicial con un planteamiento serio y riguroso, lo que parece improbable.

 

        El candidato por Izquierda Unida al Parlamento Europeo echó mano de su especialidad como profesor de Historia para señalar las inexactitudes históricas que ha manejado todos estos años Israel en su propio beneficio. En primer lugar el sionismo, como movimiento organizado, tuvo su origen a finales del siglo XIX, aproximadamente coincidiendo con el nacimiento de Hitler. Por tanto el Holocausto fue un hecho oportuno y sobrevenido, que reforzó al movimiento que antes de la II Guerra Mundial ya venía comprando algunas tierras en Palestina y que, simultáneamente a la misma, desarrolló una intensa actividad de exterminio y guerrilla bien organizada para asentar las bases de lo que después sería su argumento territorial en 1947. Si alguien le debía algo a los pocos supervivientes del Holocausto sería en todo caso Alemania que ha seguido compensando anualmente con cuantiosos fondos a Israel pero que, en justicia, debería haber sido la que acogiese en uno de sus “landers” a esa población que, en su mayoría, tenían mucho más que ver con Alemania que con Palestina. En cuanto a las posibilidades de impulsar acciones en el Parlamento Europeo futuro para frenar, e incluso penalizar, a Israel lo ve muy difícil por la presencia mayoritaria de parlamentarios conservadores y por la experiencia hasta ahora de cualquier iniciativa en ese sentido. No obstante la única vía para poner fin a un enfrentamiento estéril e irresoluble (nadie, nunca, va a conseguir exterminar a los palestinos) será la vía de la Justicia Internacional.

 

        La intervención del embajador palestino fue la más esperada y no defraudó. Comenzó por señalar algo en lo que muchos de los intervinientes previos habían coincidido: El mapa resultante de la Asablea General de 1947, conocida como Resolución 181, era ya un mapa imposible de aplicar por la fragmentación en seis zonas, tres para cada futuro Estado (repartiendo entre Israel y Palestina un territorio exiguo, ya injusto y arbitrario de partida) lo que hacía inviable cualquier atisbo de estabilidad y funcionalidad de esos teóricos Estados, separados internamente e intercalados por unos vecinos insatisfechos cada uno por sus intereses. Los palestinos por verse sometidos a una partición impuesta y sin su consentimiento, y los israelíes por no alcanzar la totalidad de sus aspiraciones, que eran en el fondo (y siguen siendo hoy) la totalidad del territorio de lo que llaman la Tierra Prometida. Cuando hoy se reclama el reconocimiento de un Estado de Israel con fronteras seguras, se pregunta: “¿Qué fronteras, las de 1947, las de 1953, las de 1967 o las que Israel ha impuesto, y sigue modificando continuamente aún hoy?” Israel no ha aceptado ni cumplido ninguna de las Resoluciones de Naciones Unidas ni ninguna de las condenas, como la del ignominioso “muro de la vergüenza”, dictada por la Corte Penal Internacional a instancias de la ONU. Sigue obsesionada su cúpula sionista con desviar la atención hacia un presunto peligro nuclear de Irán, cuando el propio Israel está plagado de peligrosas armas de destrucción masiva incluyendo un arsenal atómico sin ningún control ni firmar los Acuerdos Internacionales de no Proliferación Nuclear. En estas circunstancias se permite incluso amenazar a la Unión Europea si no prosiguen las negociaciones para un Tratado Económico Preferencial. Sólo el reconocimiento de que Israel es mucho peor y más peligros que la Sudáfrica del “apartheid”, con un acuerdo entre los Estados dignos de que se trata de un Estado que no cumple la Ley, y que ha de ser tratado conforme a esas vulneraciones, alumbraría un horizonte de Paz deseable. Nadie en su sano juicio pretende destruir a Israel, pero éste debe respetar la Ley para vivir en paz.       

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