Golfería
a la italiana
Arturo del Villar
UCR
25 de
Junio de 2009
LOS medios de comunicación
italianos están sacando a relucir los escándalos sexuales del primer
ministro, Silvio Berlusconi; parece ser un golfo insaciable porque se lo
permite su saneada fortuna personal. Las fotografías delatoras se
complementan ahora con declaraciones de algunas protagonistas de las
orgías paradisíacas, adjetivo obligado por la desnudez de los
participantes.
Italia es una nación
miembra –como diría la ministra de Igualdad para el Analfabetismo
Socialista-- de la Unión Europea, en la que existe y se respeta la
libertad de información. Nuestra nación también es miembra, por decirlo
bibianescamente, pero aquí es imposible que se pueda desarrollar una
campaña informativa de ese tono. Los fiscales y los jueces del reino de
España velan por la limpieza de las costumbres privadas de los hombres
públicos.
Siempre ha sucedido así: en
la historia de España no ha habido escándalos sexuales de los
dirigentes, con una sola excepción, tan notoria que no se podía ocultar:
Isabel II era tan golfa que los altos manos de los ejércitos de Tierra y
Marina la enviaron al exilio con su amante de turno, sus hijos
adulterinos, y sus joyas y acciones.
Y sin embargo, al fallecer
los reyes salen a relucir los bastardos que engendraron, para que los
mantenga la Hacienda Pública. Así sucedió a la muerte de Alfonso XII,
apodado El Puigmoltejo por los apellidos de su verdadero padre, ya que
el matrimonio de Isabel II con su esposo legal nunca fue consumado. Con
ese precedente, no era de extrañar que la ex-cantante Elena Sanz
reclamase al Estado una pensión para sus dos hijos, por haber quedado
huérfanos y sin el dinero que les pasaba su real padre, sacado del
presupuesto oficial concedido a la real casa para sus reales gastos,
entre los que parece figurar la golferancia real. Al negársele la
pensión, y dado que Elena estaba acostumbrada a cantar, amenazó a la
reina regente con publicar las cartas eróticas manuscritas que le envió
su real amante, así que el Gobierno aprobó comprárselas por 750.000
pesetas, una fortuna en 1886.
También después de muerto
Alfonso XIII aparecieron los dos bastardos tenidos con la ex-actriz
Carmen Ruiz Moragas, igualmente mantenidos con las donaciones reales,
antes y después del exilio, porque el ex-rey tenía bien colocada su
fortuna en Suiza, y no necesitó cambiar sus hábitos lujosos de vida. El
varón, llamado Leandro Alfonso, con los nombres de su abuelo materno y
de su padre putativo, consiguió en 2003 el reconocimiento oficial como
hijo adulterino del llamado Alfonso de Borbón.
En el reino de España no
existen los adulterios reales en vida de los protagonistas. Salen a la
luz póstumamente. Es curiosa la predilección por las actrices que
demuestran los borbones, lo que parece una costumbre bárbara, por más
que sea del rey. Son unas costumbres que les cuestan mucho dinero a los
españoles. Las aventuras sexuales de Berulusconi están pagadas con los
beneficios obtenidos por sus prósperas empresas, de modo que a los
ciudadanos de la República no les cuestan nada, y se pueden divertir al
conocerlas. En cambio, a los súbditos de sus majestades borbónicas les
han salido muy caras las diversiones reales. Es una de las muchas
diferencias entre las monarquías y las repúblicas.
Madrid, 24 de junio de 2009.
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Arturo del Villar es
Presidente del Colectivo Republicano III Milenio