Uno de los
buques de la Armada norteamericana utilizados como
cárceles secretas flotantes para trasladar e
interrogar a centenares de prisioneros de la
denominada guerra contra el terrorismo, el “USS
Bataan”, ha pasado cuatro días anclado en aguas
españolas. La figura siniestra de este coloso
portahelicópteros se destacaba con sus 257 metros de
eslora, entre centenares de embarcaciones de recreo,
en el Dique Oeste del puerto de Palma de Mallorca.
Las autoridades portuarias le concedieron permiso
para efectuar una escala programada (del 27 al 30 de
mayo) para aprovisionamiento y descanso de la
tripulación, en virtud del vigente Convenio de
Cooperación para la Defensa entre España y los
Estados Unidos. Pero las denuncias de organizaciones
de derechos humanos tan acreditadas como Amnistía
Internacional o la británica Reprieve forzaron una
declaración de la embajada norteamericana negando
que el “USS Bataan” sirviera de prisión política
flotante. El portavoz oficial de Washington en
Madrid aseguró desconocer el cometido que este buque
haya podido desempeñar en el pasado. ¿Flaca memoria,
cinismo o escasa documentación? Basta teclear el
nombre del barco en Internet para conocer tanto su
hoja de servicios como las numerosas acusaciones de
su empleo como cárcel secreta y centro de torturas.
Entre las
50.000 referencias que vomita Google, figura la
escandalera periodística que levantó su presencia en
Lisboa y Oporto en 2003, llevando a bordo –según
entonces se dijo– a numerosos talibán presos. Y
también pueden leerse las crónicas de prensa que en
su día recogieron el reconocimiento oficial del
gobierno de Bush de que por los calabozos del “USS
Bataan” habían pasado ocho presuntos colaboradores
de Al Qaida.
La lista
de barcos norteamericanos convertidos en prisiones
ilegales comprende diez buques militares, además del
“USS Bataan” (“USS Peleliu”, “USS Ashland”, “USS
Stockham”, “USNS Watson”, “USNS Sister”, “USNS
Charlton”, “USNS Pomeroy”, “USNS Red Cloud”, “USNS
Soderman” y “USNS Dahl”) y cinco embarcaciones
civiles (“MVPVT Franklin J. Phillips”, “MVCPL Louis
J. Hauge Jr.”, “MVPFC William B. Baugh”, “MVPFC
James Anderson” y “MV1stLt Alex Bonnyman”).
Reprieve
ha logrado identificar hasta nueve prisioneros
interrogados y torturados a bordo del buque que
estos días ha visitado Palma de Mallorca. Entre
ellos se destacan el llamado talibán americano, John
Walker Lindh; el australiano David Hicks y el libio
Ibn Al-Sheikh Al-Libi, que pocas semanas atrás
falleció en una cárcel de Libia. La función
carcelaria del “USS Bataan” durante la presidencia
de Bush no admite discusión. La duda es si todavía
continúa desempeñando el mismo cometido. La abogada
Clara Gutteridge, investigadora de Reprieve, señala
que “los barcos han sido empleados para encarcelar a
sospechosos de terrorismo desde los días del
presidente Clinton, así que no resultaría extraño
que tales prácticas continuaran bajo el gobierno de
Obama”.
Pero hay
más: la llegada de esta cárcel secreta flotante
coincidió con una escala de 24 horas en Palma (en la
base militar de Son San Joan) de un avión de la US
Navy, un Airbus con nueve tripulantes, que
oficialmente trasladaba a cinco militares
estadounidenses desde Argel hasta Aviano (Italia).
Un recorrido muy corto para una escala tan larga de
un avión con más de 6000 kilómetros de autonomía de
vuelo. “La coincidencia en el tiempo y en el espacio
genera bastantes interrogantes”, escriben los
periodistas mallorquines Juan Riera y Carla Arrieta
en el diario El Mundo, que ha publicado fotos de
ambas naves.