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No
consiento que se hable mal de Franco en mi presencia.
Juan Carlos
«El Rey»
El ser y la piedra
Jesús Nieto Jurado
Diarios del Siglo XXI 29 de abril de 2005
Miente cual bellaco quien asevera que el periodismo carece de la sublime capacidad lírica de conmover, quien niega al periodista la capacidad de emocionar, pues puedo asegurarle que hasta las fibras más profundas de mi alma de observador semanal de la actualidad, llegaron a conmoverse no ha mucho, apenas unos meses antes de esta calma tensa que se respira en oriente Medio arribara a Tierra Santa, cuando se vivía en los territorios ocupados la más trágica violación a los derechos humanos desde que Ariel Sharon se paseó desafiante por la explanada de las Mezquitas.
El breve internacional
al que atribuía en el párrafo anterior la emotividad lírica, apenas aparecía
como complemento a una foto trágica en la que dos cadáveres palestinos se
descomponían bajo el sol de Palestina, siendo observados por dos soldados judíos,
que como marines norteamericanos en Vietnam, mascaban chicle, ajenos al trágico
escenario que les presentaba como antagonistas de un conflicto del que víctimas
y verdugos se observan cada mañana, bajo la sempiterna mirada de un muro de
hormigón.
La noticia hacía mención al asesinato por tropas israelíes de un joven de
diez años que había sido abatido por las huestes de Yahveh cuando cazaba pájaros
en los pedregales palestinos, quizá como juego infantil, o como forma de
alimentar a una familia que supuse destrozada y mermada por una guerra terrible,
mutilada por la sinrazón de un ultra ortodoxo que desde lujosos palacios de Tel
Aviv o Jerusalén, en nombre de Dios, y con el beneplácito del tejano loco de
La Casa Blanca , jugaba a la guerra tecnológica contra indefensos musulmanes,
resguardados en el abrigo ideológico del fanatismo islámico.
Imagino el entierro multitudinario de aquel chico que no es más que un número
indefinido en la lista de bajas palestinas, rodeado de vecinos y amigos con los
que ataviado seguro con las camisetas de equipos españoles, disfrutaba del fútbol,
mientras el cielo de tierra santa era recorrido continuamente por cazas israelíes,
y el muro de Sharon servía como improvisada portería de un juego de niños.