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La ruina de Nueva Orleans revela la tensión racial y militar en EEUU

Carlos Enrique Bayo

• Ola de denuncias de que Bush hizo oídos sordos a los avisos de que la ciudad era vulnerable

 
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Una soldado juega con un niño en el centro de convenciones de Nueva Orleans. Foto: AFP / HÉCTOR MATA
 
 
 

El Periódico 4 de Septiembre de 2005

Las negras aguas tóxicas que ahogan Nueva Orleans están reflejando las tremendas desigualdades y contradicciones de una sociedad que sustenta a la única superpotencia pero sufre gravísimos desgarros internos.

La primera y más evidente tensión reflejada en el pútrido pantano que dejó el huracán Katrina es la racial, puesto que casi todas las víctimas de la catástrofe, supervivientes o no, son de raza negra --en una ciudad donde dos de cada tres habitantes son negros--, en su mayoría muy pobres. Como el 27,9% de la población de la capital de Luisiana vivía por debajo del umbral de la pobreza, fueron decenas de miles los neorleaneses que no pudieron huir, como les instó su alcalde, Ray Nagin, simplemente por falta de medios materiales para hacerlo. En definitiva, la clase más humilde coincide en EEUU con la raza más oscura y, en este cataclismo, también concuerda con las masas de muertos, refugiados y desplazados de la más espantosa pesadilla que haya conocido el país.

Racismo de la Casa Blanca

Ahora bien, ¿por qué tardó tanto en reaccionar la Casa Blanca ante la horrible tragedia de tantos negros? "Si fueran blancos, habrían sido evacuados hace mucho tiempo", aseguraba ayer a France Presse una de las fugitivas del horror, Yvette Brown. "Habrían enviado una flota de helicópteros, aviones, barcos y autocares".
La comunidad de color de EEUU está acusando de racismo a sus gobernantes; de dejar abandonadas a las víctimas del huracán porque no les importa el sufrimiento de la minoría más necesitada del país. El presidente "George Bush se burla de los negros", clamaba el famoso cantante de rap Kanye West.

"No podemos permitir que la historia diga que la diferencia entre los que sobrevivieron y los que murieron en la gran tormenta del 2005 no fue más que la pobreza y el color de la piel", advertía el diputado demócrata por Maryland Elijah Cummings, expresidente del Caucus Negro del Congreso.

Por supuesto, "los pobres son sistemáticamente los más afectados por las inundaciones", recordaba Craig Colten, profesor de Geografía de la Universidad de Luisiana, "porque habitan los barrios situados más por debajo del nivel del mar" en la hoy inundada Nueva Orleans.

Menos dinero para diques

Esa polémica se agudizó con las sugerencias del presidente de la Cámara de Representantes, el republicano Dennis Hastert, de que quizá no vale ya la pena siquiera gastar decenas de miles de millones de dólares en reconstruir Nueva Orleans, tal como prometió Bush en su visita a la zona, puesto que es tan vulnerable a las inundaciones.
Un argumento que no hizo más que intensificar la ola de denuncias de que la Administración de Bush hizo oídos sordos a los numerosos avisos de los científicos de que era preciso reforzar los diques de Nueva Orleans porque, si no, los efectos de un huracán como el Katrina serían apocalípticos. Ya en el 2001, la prestigiosa revista Scientific American publicó un informe que comenzaba:

"Un gran huracán puede sumergir a Nueva Orleans bajo seis metros de agua, matando a miles de personas. Las actividades humanas a lo largo del Misisipí han incrementado enormemente ese riesgo, y ahora sólo una reestructuración masiva de la ingeniería del sureste de Luisiana puede salvar la ciudad".

En cambio, la Administración de Bush redujo drásticamente el presupuesto dedicado a mejorar los diques que defendían la urbe --en el 2005, rebajó un 80% el dinero destinado a esas obras--, y la asignación de 100 millones de dólares (80 millones de euros) que solicitaba el organismo controlador de las crecidas del río Misisipí en Luisiana la redujo a sólo 34 millones, la mitad de la del año 2001.
"Hemos obviado el problema hasta que ha llegado la catástrofe", subrayaba ayer Mark Fischetti, editorialista del Scientific American.

Recursos en Irak

Todo ello, mientras EEUU hacía un colosal esfuerzo económico en la guerra de Irak, en la que ahora están empantanados muchos recursos que habrían servido para hacer frente al desastre.
"De los 11.000 soldados de la Guardia Nacional de Luisiana, 3.000 están en Irak con la mayor parte de su equipo pesado, incluidos los generadores de electricidad, las lanchas y otros vehículos que hubieran podido servir para las tareas de socorro a los damnificados", denunciaba Nancy Lessin, fundadora del grupo de familiares de militares que se oponen a la aventura bélica de Bush.

Celeste Zappala, cuyo hijo Sherwood murió en acción en Bagdad en abril del 2004, agregaba: "El desastre de Nueva Orleans es el tipo de cosas para las que Sherwood se ofreció como voluntario, pero en lugar de ser asignado a tareas de socorro y ayuda, terminó siendo el primer miembro de la Guardia Nacional de Pennsylvania muerto en combate desde la segunda guerra mundial, mientras buscaba el supuesto armamento prohibido de Irak".

Bush volvía ayer a aplicar la solución militar, esta vez frente a una catástrofe natural que se ha convertido en la mayor crisis de su mandato junto a la del 11-S, al enviar 7.000 soldados más a pacificar Nueva Orleans. Sin duda, muchos damnificados se felicitaron de la intervención del Ejército. Pero las tropas tampoco lograrán ahora sacarle del apuro.

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