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No
consiento que se hable mal de Franco en mi presencia.
Juan Carlos
«El Rey»
IzaroNews 19
de Agosto de 2005
Creo que una gran parte de la población mundial lo tiene claro. La guerra
emprendida por numerosos países de economía occidental contra Irak, nada
tiene que ver con los supuestos deseos de democratización del país, ni mucho
menos con la pretendida amenaza bélica que éste u otros estados árabes
puedan representar. Esta guerra tiene como único objetivo el garantizarse el
control del petróleo.
Dado un sistema, y el modelo económico occidental es uno de ellos, a éste le
es totalmente imprescindible dominar y controlar todas y cada una de las
variables fundamentales sobre las que se sustenta el propio sistema; y el petróleo
es una de ellas, hoy día tal vez la más importante. Sin este control el
sistema corre el grave riesgo de desintegrarse.
Y en este sistema querido lector, nos encontramos tanto usted como yo, nos
guste o no. En este preciso momento en el que lee amablemente estas líneas,
deténgase por favor unos segundos y mire a su alrededor, incluida su propia
ropa; y cuente empezando por la botonadura de su pantalón, cuantos productos
de los que usted tiene y precisa, están elaborados con derivados del oro
negro.
A partir de este recuento inicial añada el consumo corriente en generación
de energía con aplicaciones tan diversas como el transporte, luminotecnia,
calefacción y tantas aplicaciones industriales. Cuando se haya cansado,
porque se cansará, imagínese lo que sucedería si en un momento dado, se le
privase a usted y a la sociedad en la que se encuentra inmerso, del preciado líquido
negro. Caos, derrumbe del sistema. Por lo tanto y dada la tensión habida
entre productores y controladores, al sistema no le ha quedado otro remedio
que emplear la fuerza armada.
Se ha quitado la careta y ha dado un golpe de estado en toda regla. Ha robado,
ha asesinado, ha usurpado territorios y ha por último, vilipendiado y
mancillado a otros sistemas, pueblos e idiosincrasias distintas. Eso sí, lo
ha legalizado, compulsado, bastanteado, timbrado, sellado y firmado por los más
insignes notarios del reino. Ha cometido una atrocidad, pero legal..!Qué
alivio!. El sistema se garantiza su supervivencia; y usted y yo querido
lector, el suministro de todos los productos que nos son necesarios.
Antes de proseguir, es
preciso el señalar que los fuertes vaivenes en el precio del barril de petróleo,
en nada tienen que ver con la variación de la producción, sino con las
necesidades de recaudación mediante impuesto indirecto de los estados.
Esta pasada semana en la que el precio del barril rozó los 65 dólares, todos
los medios informativos decían que se había alcanzado el precio más alto
desde hace 25 años. Recuerda usted cuanto nos cobraban por un litro de
gasolina en 1.980 ¿….. Pues se lo digo yo, aproximadamente unas 22 pelillas
de nada. Como es posible que hoy costando lo mismo que hace 25 años, nos
cobren por ese mismo litro en torno a las 180 Pts. ¿.
Está claro que el productor (el moro) no ha ganado ni un duro, ha trabajado durante un cuarto de siglo para los señoritos. Estos en este tiempo han creado unos sistemas de infraestructuras y protección social, jamás previamente soñado por el más iluso de los intelectuales de izquierdas. Y en ello han colaborado los jauntxos locales, también llamados jeques, espléndidamente cebados por el César y temidos por su pueblo. Han sido unos excelentes gerentes locales a órdenes del sistema occidental.
Tanto lo de las torres gemelas, como cualquier otra atrocidad que hayan podido acometer las milicias árabes (actualmente denominados extremistas islámicos), no son ni más ni menos que el grito de desesperación que la parte más exasperada de un pueblo transmite al resto del mundo para decirle que le están aniquilando con total impunidad, consentimiento explícito e ilegalidad adaptada a textos legales.
Yo particularmente no me siento bien. Creo que, ya que no puedo hacer nada por evitarlo, al menos me siento alícuotamente responsable de lo que sucede. Esto de mantener un sistema masacrando a otro no me gusta nada. Esta fue otra de las razones por las que me encarné en perro.