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No
consiento que se hable mal de Franco en mi presencia.
Juan Carlos
«El Rey»
Nagasaki
Rafael Torres
diariodirecto 9
de agosto de 2005
No se habían extinguido los incendios ni se había despejado aún la niebla
de muerte sobre las ruinas de Hiroshima cuando otro bombardero norteamericano
dejó caer otra bomba atómica sobre Nagasaki. Otra niebla, esta vez atmosférica,
natural, coadyuvó a su desgracia, pues la bomba letal iba destinada a la
ciudad de al lado, que se hallaba oculta e impracticable para el genocidio
desde el aire por una densa capa de niebla. No se iban a ir las fortalezas
volantes de los EE UU sin dibujar en el cielo de Japón, por segunda vez en
los tres días, el hongo tenebroso, y menos tras el éxito obtenido en la
primera, casi cien mil japoneses muertos de una sola tacada, de modo que la
gente de Nagasaki ardió de súbito, y con ella el último adarme de decoro y
vergüenza en la Humanidad.
Han transcurrido sesenta años desde que, tal día como ayer, Estados Unidos
empleara el arma atómica dos veces contra objetivos civiles, pero si entonces
el listón de la maldad humana se situó muy alto, hoy, cuando aún se
justificaban aquellas matanzas por los horrores ejecutados por el Imperio del
Sol Naciente o diciendo que eran necesarias porque ahorraron las víctimas de
la inminente invasión del Japón ya derrotado, comprobamos con estupor que
ese listón no ha bajado ni un ápice.
Claro que el Japón imperial y fascista de la década de los 30 sembró de
muerte, atrocidades y ruinas Asia y el Pacífico, claro que extendió la II
Guerra Mundial, y bien arteramente, con el ataque a Pearl Harbour, y claro que
su fanática determinación de combatir hasta la propia destrucción de su
pueblo hacía difícil su definitiva derrota militar mediante la invasión,
pero ¿había necesidad de igualarse moralmente con los criminales asesinando
a millares de hombres, mujeres, ancianos y niños con el arma más destructora
que haya existido jamás? ¿O lo que había era, en realidad, ganas de probar
'en vivo' ese arma para, de paso, establecer la superioridad militar sobre la
URSS, ese viejo aliado que principiaba a ser el enemigo a batir en la
incipiente Guerra Fría? Nagasaki. Otro capítulo, en fin, de la Historia
Universal de la Infamia.