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Juan Carlos
«El Rey»
El Gulag Americano y el Cinismo Republicano
Arturo von Vacano
www.loquesomos.org 16 de Noviembre de 2005
Desde las mazmorras de la CIA en Washington emergió la semana pasada un soplón con conciencia tibia y le contó al Washington Post que la Agencia maneja y administra una red de prisiones secretas en Asia y Europa Oriental en la que se da el gusto de torturar y masacrar a sus prisioneros (capturados a capricho en todo el mundo) antes de asesinarlos entre cataratas de sangre como lo haría un Nazi cualquiera.
El
Post, que es más un diario pro-Israel que uno nacional estadounidense, recuerda
cada día las maldades del Holocausto y por ello es que se dio a la tarea de
repetir con todo entusiasmo lo que le soplara ese soplón. Hay países que, por
un poco de ayuda en $$.$$, prestan sus sayones profesionales a los gringos que
gustan de escuchar árabes agónicos sin ensuciarse las manos en sus cadáveres.
Se supo así que Jordania, cuya capital Amman se viera estremecida la pasada semana nomás por tres bombas en otros tantos hoteles gringos, es uno de los países que gusta de ofrecer servicios especializados en tortura pseudo-científica a USA. Se confirmó también que su reyezuelo Abdula es un cerdo sádico casado con una mujer guapa y aficionado a mazmorras y presos colgados de las paredes. Abdula juró "sacar de sus cuevas" a los asesinos de 56 personas que hirieron en los tres hoteles a otras 100.
También Polonia y Rumania son sospechosos de ganarse así unos cuantos dólares, pero la Unión Europea, que se faja por decirse civilizada, no ha dicho nada definitivo todavía. Solo indicaron, tímidos ellos, que "esas prisiones, de existir, violarían los principios sobre derechos humanos que rigen el continente". Son muy despiertos, los europeos.
Pero la cosa es seria: el matutino dijo que la CIA oculta e interroga a sus prisioneros más importantes de al-Qaida en prisiones de tiempos soviéticos en Europa Oriental. Tales ambientes son parte de un sistema mundial establecido hace cuatro años que incluye prisiones en ocho países, varios de ellos presuntas democracias. Algunos países dominados antes por el bloque soviético negaron ser parte del gulag de la CIA, pero habiendo abundancia de $$$ de por medio, nadie les cree.
En Washington estalló una bomba de indignación formidable ante la noticia. Mejor seria decir CONTRA la noticia. Tanto el capitán de los Senadores Bill Frist (el peor médico del mundo) como el de la Cámara Baja Dennis Hastert (un idiota puesto allí por el delincuente Tom Delay) lanzaron una furibunda carta de protesta exigiendo que se investigue, "caiga quien caiga", NO el gulag mundial norteamericano, SINO la denuncia publicada por el Washington Post. Esto es, no se trata de castigar la violación cometida por la CIA contra leyes de USA y acuerdos internacionales, sino el atrevimiento de un diario local que hizo publico ese despreciable delito.
Como dijera Kenneth Roth, director ejecutivo de Human Rights Watch (Vigilancia de los Derechos Humanos), los republicanos "deberían investigar la ilegalidad de esas prisiones y no la denuncia de esa ilegalidad", esto es, las prisiones secretas en el exterior dedicadas a torturar en servicio de USA.
Ambos políticos
firman el papel ese que dice, entre otras minucias, "semejante enormidad de
noticia podría tener consecuencias dañinas y peligrosas a largo plazo y largo
alcance y pondrá en peligro nuestros esfuerzos por proteger al pueblo
norteamericano y nuestro territorio contra ataques terroristas", y así
sigue hasta empalagar a cada lector. Es un cinismo que enferma.
Por su parte, el presidente de la Comisión Senatorial sobre Inteligencia, el
senador republicano por Kansas Pat Roberts, aceptó la carta y la perdió entre
otros papeles tres segundos y medio después, demostrando así su habilidad política
y su opinión sobre semejante documento.
La hizo desaparecer, en parte, porque después del Escándalo Plame (ese que acusa al asesor vicepresidencial Lewis Libby de ser otro soplón), Washington observa con enfermizo interés una sorda lucha entre el Vicepresidente Cheney, Dick (pinga) para sus amigos, y el Senador canceroso pero bueno John McCain, quien hizo aprobar hace dos semanas un proyecto de ley anti-tortura por el Senado.
Hoy, y tras una histórica gira por Latinoamérica en la que cosechara más ajos y cebollas que ningún otro presidente del Imperio, el Rey Jorge es la figura política más despreciada, más odiada y más peligrosa del planeta. Sus caricaturas aparecen en publicaciones de los cinco continentes hasta el extremo de hacerle el viajero más caro del mundo: si sigue así tendrá que llevarse medio ejercito norteamericano consigo cada vez que visite Honduras.
Pero el Escándalo Plame (en el que un alto empleado del Ejecutivo (Libby) dio el nombre de una espía de la CIA al desprestigiado periodista Robert Novak para que lo publicara, arruinándole la carrera) ha resultado nefasto para el Rey Jorge.
No sólo le ha costado los servicios de Libby sino que puede derrocar a su principal auxiliar, Karl Rove, y al mismo Dick Cheney, ese que anda por allí con su cara de bulldog y es el malo más malo de este drama de pésimo olor.
Cheney es la figura central del Escándalo Plame (primer soplón) pero, como es el Vicepresidente, nadie se atreve a colgarle el cascabel del cogote.
Es también la principal figura que hizo posible la Segunda Guerra del Golfo, es el principal protector de Donaldo Rumsfeld, instaurador de la tortura en las cárceles y cuarteles militares norteamericanos del mundo, y es hoy un accidental opositor del republicano McCain, quien hiciera aprobar por el Senado (90 votos contra 9) su proyecto de ley que prohibe en absoluto a los militares y a los espías americanos la tortura.
Perdido por perdido, (se predice la renuncia de Cheney como precio del Escándalo Plame) Dickie the Dick quiere cambiar el proyecto anti-tortura de MacCain para que los chicos de la CIA puedan continuar torturando sin temor alguno a la ley de USA.
Para ello se ha reunido con los senadores republicanos que forman la mayoría del Senado y les ha cantado en todos los tonos la necesidad que tienen los muchachos espías de la tortura y el asesinato para cumplir sus patrióticas funciones. Esta vez, pero, la arenga le falló y los senadores dieron el gusto a McCain. Ahora sólo falta que la Cámara Baja apruebe su ley para que Bush la vete y se bañe aún más en mugre política.
Pero no le será fácil: tanto republicanos como demócratas (el ala izquierda del régimen plutócrata que rige el estado hoy totalitario llamado USA) se han emperrado en poner fin al "desastroso experimento" de Bush que consiste en sancionar oficialmente el uso de la tortura en sus negocios con el resto del mundo.
Existen ya miles de documentos y testimonios que prueban que el régimen de Bush hizo posible el uso masivo de la tortura en las interrogaciones de los prisioneros musulmanes. El Departamento de Justicia y el actual Secretario de Justicia (un latino para desgracia nuestra) hallaron lenguaje untuoso y legalista que hiciera posible evadir las Convenciones de Ginebra, firmadas en su momento por USA. El Secretario de la Guerra, Donaldo Rumsfeld, declaró en público que las Convenciones de Ginebra no se aplicaban a la guerra contra Al Qaeda porque a USA no le daba la real gana. Bastó con ello para que sus soldados y la maquinaria de guerra de USA (dos millones de uniformados) usara con enorme liberalidad el arte de masacrar presos. Sucedió así en Guantánamo en Noviembre de 2002, cuando, al enterarse de que los presos eran forzados a pararse inmóviles durante cuatro horas, Rumsfeld anotó en un memo: "¿Por qué sólo cuatro? Yo me las paso parado ocho horas", pero no quiso anotar cómo lo hubiera hecho si hubiera estado desnudo, hambriento, sucio y en manos de guardas con perros entrenados para morderle las partes.
Fue así como se hizo posible Abu Ghraib y las fotografías de las sádicas mujeres que torturaban a sus prisioneros poniéndoles los pechos desnudos sobre las narices. El caso es que los testimonios de cientos de militares han demostrado que la tortura y el abuso de los prisioneros es el pan de cada día para los soldados de USA.
Las pruebas más recientes provienen de las autopsias de 44 prisioneros muertos en cárceles norteamericanas en Irak y Afganistán. La mayoría murió en circunstancias que sugieren el uso de tortura. Los informes hablan de "estrangulación", "asfixia" y heridas causadas por instrumentos brutales. Hasta una muerte "natural" fue causa de un "ataque arterioesclerótico cardiovascular", esto es, un inesperado ataque cardíaco.
La ley aprobada por el Senado del Senador McCain propone un lenguaje sencillo y absolutamente claro que afirma que le ley de Estados Unidos no permite la tortura de prisioneros en caso alguno, posición que sostuvo USA durante cinco décadas. Cheney se opone, ejercitando su poder como si fuera otro Rey Jorge.
Esta vez, empero, el Rey Jorge anda con el rabo entre las piernas gracias a Katrina y el Escándalo Plame. Colin Powell y Condo Rice, su sucesora, se cuentan entre los muchos opositores republicanos de Cheney, visto alguna vez como el verdadero poder tras el trono.
Se presenta
entonces la sombra de Watergate, el escándalo que derrocó al presidente Nixon.
Watergate demostró que en USA ni siquiera el presidente estaba en esos días
por encima de la ley.
Hoy la imagen es inversa: sólo un par de soldados rasos fue castigado por el
escándalo de Abu Ghraib, Rumsfeld insiste en imponer la tortura entre las
practicas militares de su país, Cheney defiende el derecho de la CIA a usar
tortura contra sus prisioneros secretos y es posible percibir cuan nefasto ha
sido el Rey Jorge para el país que gobierna con la totalitaria Ley Patriota
privándole de sus libertades tradicionales.
Arturo von Vacano