TRANSICIÓN, REPÚBLICA Y CUESTIÓN NACIONAL

Corriente Roja (IU)

 0.- Introducción

 El 18 de julio de 1936 se truncan los sueños y certezas que millones de españoles depositaron sobre la IIª República. El levantamiento militar fascista sume en una negra noche y en una densa niebla a España. Cuarenta años de represión, tortura, persecución se barren de un plumazo en el proceso denominado "transición", donde las fuerzas potencialmente transformadoras, el PCE básicamente, pactan una entrada no traumática en la "era democrática", teñida de olvido y vigilada de cerca por una restauración borbónica tan injusta como trasnochadamente feudal. Se establece un marco constitucional que permite un referente de libertades limitado y que impide romper decisivamente con el régimen anterior: el horizonte de la República, el derecho de autodeterminación de los pueblos, la movilización popular, las políticas agrarias progresivas, la independencia nacional, quedan como reivindicaciones desterradas. Se firma un pacto de silencio que no hace sino agravar la problemática de estas cuestiones durante los años que han seguido a ese pacto. Es evidente que la izquierda oficial legitima este silencio, desterrando de sus programas políticos estas cuestiones a cambio de una representación institucional que les permita sobrevivir sumisamente de las migajas que el sistema nos reparte.

 1.- La Izquierda española

 El comunismo español llega al momento histórico de la transición con una serie de características que influyeron decisivamente y que hoy en dia siguen siendo importantes; por un lado, el PCE se presenta a finales de los sesenta como la única fuerza opositora al franquismo con un grado de organización alto y con un número de militantes superior a cualquier otro partido de izquierda. Por otro lado, las escisiones que se producen a partir de 1964, van conformando toda una serie de grupúsculos de izquierda (o "ultraizquierda" como se denominaban), enfrentados a la línea política del PCE, con poca militancia y enfrentados entre ellos también. Este panorama supone para las bases del comunismo español una especie de esquizofrenia militante, ya que por una lado ven como el principal partido de la oposición deriva gradualmente hacia la derecha, desechando el lastre de los gloriosos años de lucha anticapitalista y antifascista del Frente Popular, del PCE durante la guerra, de la experiencia táctica y moral de las guerrillas españolas hasta 1952, etc. Los militantes ven como todo este arsenal histórico se cambia por políticas contradictorias con los mismos fines del Partido: la "reconciliación nacional", los pactos posibilistas, el freno de la movilización popular radicalizada, la aceptación de la monarquía borbónica y su bandera y la incapacidad de establecer alianzas tácticas con el movimiento que se estaba generando a su izquierda.

A todo ello hay que sumar el peso de la clandestinidad, la cárcel, la represión incluso la muerte de los militantes que luchaban diariamente para ir conformando una especie de desilusión que acabó en tantos y tantos casos en el abandono de la lucha política o en la huida hacia partidos minoritarios. El PCE pierde su fuerza tanto en la línea política como por la base. La aceptación de la constitución, de los pactos de la Moncloa acaban por perfilar un Partido Comunista que se debate entre la revolución y la reforma constantemente y que acaba integrándose dócilmente en el sistema, aunque superado por el campeón del oportunismo que fue el PSOE, que entra en la era de la transición con una objetivo claramente marcado por la socialdemocracia alemana y por el imperialismo yanqui: guiar la entrada del estado español en las estructuras capitalistas occidentales (CEE y OTAN) y hacer de colchón del ímpetu popular que se iba diluyendo pero que aún podía causar algún sobresalto a las élites de este proceso.

El problema es que con el tiempo este proceso no ha hecho más que confirmar la no existencia de alternativa política revolucionaria en el estado español. La creación de Izquierda Unida tiene el sentido de intentar conformar un movimiento social transformador, pero el paso del devenir político nos demuestra que los mismos "males" que afectaron al PCE en la transición se contagiaron después a IU (posibilismo institucionalista, burocratismo, falta de democracia interna, luchas de poder entre "clanes", desideologización,...), haciendo imposible la creación de una alternativa al sistema que adopte el socialismo como referente y como objetivo. Este es el marco donde nace Corriente Roja. Esta es la lucha: crear un verdadero movimiento socialista que esté en íntima relación con los movimientos antisistema y con la más heroica tradición de lucha del movimiento obrero.

 2.-La transición: el papel de las clases dominantes

 El 20 de noviembre de 1975 murió el dictador Francisco Franco. Años antes las clases dominantes españolas más los servicios secretos norteamericanos y alemanes habían diseñado qué hacer a partir de aquel momento. El postfranquismo es una etapa decisisiva de nuestra historia y de nuestro presente, conflictos de clase, de territorialidad y de la forma de estado tienen sus orígen en la transición postfranquista.

Las clases dominantes españolas habían diseñado una voladura controlada del sistema imperante, los intereses económicos demandaban una apertura hacia el mercado exterior, la subordinación a un espacio económico más amplio y la modificación del capitalismo de estado  franquista, el cúal constreñía las estructuras de un capitalismo occidentalizado- sector servicios, capital financiero...- dominado por los tecnócratas del INI y del Opus Dei, que se había desarrollado fuertemente al calor de un crecimiento productivo global en los países capitalistas. Este nuevo rumbo necesitaba un nuevo revestimiento, acorde con Europa y con los EE.UU, es decir, una democracia formal y parlamentaria. Pero el contexto de esos años (Golpe de estado Pinochet-CIA en Chile 1973, la revolución de Los Claveles en abril de 1974) junto a las movilizaciones populares y luchas obreras en España conformaron un proceso de transición  rigidamente controlado desde los centros de decisión económicos y militares norteamericanos y alemanes.

 Los objetivos que se marcaron las clases dominantes con el proyecto político postfranquista son hoy lastres que nos permiten entender las causas y las características de las condiciones de explotación actuales. Los objetivos señalados fueron los siguientes:

 -Preservar las estructuras socioeconómicas que alimentaron su dominio durante el franquismo para perpetuarse en el poder.

 -Mantener a España en el sistema capitalista  mediante la integración en la CEE, eliminar cualquier atisbo de proyecto socioeconómico democrático y socialista. Asentando los parámetros económicos favorables a los intereses de las  transnacionales (desmantelamiento de los principales sectores de la industria pública, eliminar derechos individuales y colectivos de la clase trabajadora, cooptación del sindicalismo de clase combativo).

 -Borrar la posibilidad de una federación de pueblos ibéricos, garantizar la unidad de España, lo que implicaba no reconocer el derecho de autodeterminación de los pueblos.

 -Alinear y subordinar  a España a las estrategias de los EE.UU, reafirmando el dominio de los EE.UU sobre el territorio, la economía y los recursos del país.

 Otro pilar de la estrategia elaborada por las élites económicas y políticas contemplaba la fusión de la clase política franquista  y los opositores antifranquistas y nacionalistas. Proyectos e ideologias irreconciliables se diluían gracias a los marcos y a los  dólares.

 3.- La Restauración borbónica

 La  última vez que el pueblo español decidió sobre la forma de Estado que quería fue el 14 de abril de 1936 y la decisión soberana fué la República. No ha habido en los años posteriores la libertad para que el pueblo español ratificase esta decisión que tanta sangre nos costó. Posteriormente hemos tenido que ver cómo aquel hito histórico quedaba enterrado en el pasado sin que tuviésemos la posibilidad de reclamar lo que era nuestro. Para que este proceso de robo de la memoria la dictadura fascista impone una monarquía que garantiza en todo momento la asunción del parlamentarismo como un logro de las fuerzas democráticas, cuando en realidad ha sido una de las más absurdas burlas que hemos sufrido. La figura del rey no es ni mucho menos anecdótica; en su figura se concentra la garantía de la indivisibilidad del Estado español, es el jefe de todos los ejércitos y le mantenemos a él y a toda su cohorte de cuentistas con nuestro trabajo, algo que en sí mismo, al margen de cualquier valoración política, es extremadamente injusto.

Esto es lo que la oposición domesticada acepta en su momento y sigue aceptando hoy. Este es uno de los gritos de Corriente Roja: no aceptamos la monarquía. Reclamamos la República. Reclamamos que al pueblo español se le devuelva lo que es suyo.

 4.- La Independencia nacional

 El proceso del postfranquismo supone un jalón más en el proceso inacabado de pérdida de soberanía nacional que se inicia con la intervención italo-alemana en 1936-9, que continua con la firma del tratado de cooperación con los EE.UU, en 1953, en donde de manera oficial España se somete a los dictados del Imperio, se consolida en la transición a la democracia formal cuando la OTAN se asegura el control estratégico sobre España y la utilización de territorio nacional para asentar sus bases militares en plena guerra fría. La integración se formaliza con la entrada de España en la OTAN en 1986, siendo el PSOE su principal garante, la cuadratura del círculo del proceso de cooptación y reconducción del proceso político del postfranquismo estaba a punto de alcanzar la perfección. No será hasta 1994 cuando uno de esos opositores al franquismo surgido de Suresnes y patrocinado por la socialdemocracia alemana y la CIA, militante del PSOE alcanza la secretaría general de la OTAN; el círculo se había cerrado.

El proceso de sometimiento al poder imperial de los EE.UU y de cesión de la soberanía nacional contínua hoy más candente que nunca. El tratado de amistad y cooperación con los EE.UU  se ha renovado en condiciones escandalosas, como la de que los miembros de las agencias de seguridad nacional estadounidenses gozarán de inmunidad y libertad de movimientos en España, mientras las bases siguen siendo utilizadas para masacrar a los pueblos del mundo. Las principales directrices en matería de política exterior se toman en los centros de dirección de los EE.UU.

La constitución española fruto privilegiado del proyecto postfranquista lesgisla la cesión de soberanía en unas condiciones de laxitud muy graves, a diferencia de otros países europeos. En España con una simple ley orgánica se puede transferir a organizaciones o instituciones internacionales competencias inherentes al Estado sin ninguna limitación (artículo 93). La lucha por la recuperación de la soberania popular ha de ser una de las principales líneas de trabajo de cualquier organización que se reclame socialista, trabajo irrenunciable en el escenario bélico en el cúal estamos instalados.

 5.-La constitución española

 La constitución de 1978 es la materialización del pacto histórico firmado entre las élites franquistas y la oposición antifranquista cooptada, acuerdo programado por los centros de decisión norteamericanos. La constitución tenía que ser el corpus legislativo que preservara las estructuras económicas, sociales y jurídicas del franquismo, potenciara la plena integración de la economía española en el contexto internacional y finalmente dotara de legitimidad el paso de una dictadura a un régimen de monarquía parlamentaria. La legalidad franquista fue la base de la legalidad constitucional, cabe recordar que 77 miembros de las cortes orgánicas franquistas continuaron en sus escaños como diputados y senadores en las cortes constituyentes.

La constitución era la herramienta adecuada para propulsar el proyecto social de las clases dominantes y a la vez frenar las fuerzas sociales y políticas que propugnaban un cambio radical. Desde 1978 hasta ahora la “carta magna” ha sido el sostén fundamental a la hora de cercenar derechos colectivos e individuales de la clase trabajadora  en beneficio de las plusvalías del capital español y extranjero. El barniz más social,  mísera moneda de cambio, se quedó en estériles derechos ignorados flagrantemente.

En el terreno económico el sistema  capitalista quedaba refrendado por ley, así la libertad de empresa y la economía de mercado se elevaban a rango constitucional (artículo 38), cualquier proceso o propuesta socializante podría ser declarada ilegal. Defender los intereses del capital frente a la clase trabajadora era  el modelo económico que se asentó. Hoy en día vemos como los raquíticos resquicios legales favorables a la clase trabajadora van siendo eliminados (ETT, precariedad, desregulación laboral...).

En el modelo de Estado la constitución legitimó la monarquía frente al estado republicano, último gobierno elegido democráticamente. El monarca se convertía en el jefe de las fuerzas armadas, garantes del ordenamiento constitucional (artículo 8), lo que entronca directamente con la cuestión del derecho a la autodeterminación; la constitución niega ese derecho en pos del proyecto unitario de la burguesía española, de esta manera en estos momentos debido a la debilidad de las organizaciones políticas y sindicales ese proyecto se está expandiendo (ilegalización de Batasuna, ley de calidad de la enseñanza...) a pasos agigantados.

 La herida gangrenada del franquismo no se curó, es más, sobre esa herida se ha construido un modelo de sociedad profundamente injusta y desmemoriada, la constitución de 1978 ha sido y es uno de los principales instrumentos que utilizaron y utilizan  el capital extranjero y español para perpetuar las agresiones a los trabajadores, al medio ambiente y  a los pueblos, por eso la lucha por la ruptura constitucional ha de ser uno de los estandartes de Corriente Roja.

 6.- La cuestión nacional

 Corriente Roja se reclama de la tradición del movimiento comunista internacional y por ello adopta ante la cuestión nacional un claro posicionamiento en favor del derecho de autodeterminación de los pueblos, en favor de que los hombres sean los protagonistas de sus destinos, en favor de la independencia de las naciones de cualquier injerencia de otra potencia, ya sea esta intromisión cultural, económica o militar.

Somos conscientes también de que los procesos soberanistas estan supeditados a los procesos de lucha de clases que están implícitos en ellos, por lo que diferenciamos entre el nacionalismo burgués del PNV por ejemplo, que no persigue más que el asentamiento de la relaciones sociales de producción capitalistas, pero controladas por las élites "locales" y el nacionalismo proletario o socialista que sí tenga como fin estratégico el socialismo o que esté inmerso en un proceso de lucha contra una potencia imperialista.

 7.- Euzkadi

 El primer lugar: Corriente Roja rechaza el terrorismo individualista como parte de la solución a la cuestión vasca. Corriente Roja aboga por el diálogo de todas las partes en conflicto como la principal baza que permita entrever una solución a la cuestión.

El tema de Euzkadi es altamente definitorio de la claridad política de cualquier organización y en el caso e IU asistimos a la pérdida más absoluta de perfil ideológico y político de los últimos años. Vemos como las direcciones autonómicas de la organización tienen cierta autonomía para determinar su postura mientras que a nivel de dirección federal se siguen los dictados del pensamiento único, de los postulados de la monarquía parlamentaria. Asistimos horrorizados a la abstención de IU respecto a la ilegalización de Batasuna cuando se había votado anteriormente en contra de la neofascista ley de partidos. Desde luego esta postura adoptada por la dirección de IU no hace más que ahondar en la pérdida de perfil político de la organización, no hace más que traicionar a los miles de militantes que creían que trabajaban en una organización alternativa y transformadora y que no ha sabido estar a la altura del mayor ataque desde la dictadura a las libertades del pueblo. La historia demuestra que las libertades son indivisibles. Hoy es Batasuna y mañana puede ser cualquier organización que no condene el terrorismo que el imperialismo (máxima expresión del terror) defina. El problema de un posicionamiento coherente en el tema vasco es que obligaría a la organización a redefinir temas que entran en el "pacto de silencio": la función de la monarquía, el papel de la transición, el sentido de la expresión armada de los conflictos, la república,...

En el fondo el conflicto vasco hunde sus raíces en las formas que asume la transición. La salida negociada, no rupturista, de la dictadura supuso para el Estado franquista en descomposición aceptar las libertades democráticas y para la izquierda aceptar una democracia tutelada por los intactos poderes fácticos (capitalismo financiero e industrial, altos cuerpos de la administración pública, alta oficialidad de las fuerzas armadas y la propia corona, reinstaurada por el régimen anterior). De este modo la monarquía parlamentaria como forma política del Estado español bloqueó toda salida, pues la idea de Estado español sólo se puede definir bajo los postulados que están presentes en una forma monárquica: la necesaria indivisibilidad de la patria y la negación del derecho de los pueblos a decidir por sí mismos. La redacción del artículo 2 de la constitución es concluyente a este respecto: la constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la nación española, patria común e indivisible de todos los españoles (...).

Una posición clara, valiente, que apuesta por la defensa de las libertades colectivas es insostenible con la presencia en el pacto antiterrorista, es incoherente con los pactos con el nacionalismo burgués, es incongruente con la aceptación de la constitución. La soberanía de los pueblos se lucha defendiendo el sistema público, las libertades democráticas, los puestos y las condiciones de trabajo, las condiciones de vida, etc y no reforzando la solución militarista y policíaca.

 La bandera de la lucha antiterrorista puesta en pie desde el primer gobierno del PP constituye un golpe de timón que, en compañía del conjunto de políticas desarrolladas desde el ejecutivo, persiguen crear las condiciones más favorables para someter y romper todas las resistencias a las políticas más brutalmente capitalistas bajo el designio del amo yanqui y atraer a todos los partidos "de orden" hacia esta postura, sin fisuras ni voces críticas. Corriente Roja se niega a participar en este cortejo fúnebre donde se entierran derechos, libertades y procesos históricos. Por eso pensamos que sólo la Unidad de todos los trabajadores en torno a las reivindicaciones sociales y democráticas sin restricción, sin intereses explotadores, en torno a un proyecto socializante, pueden defender una alternativa popular y autodeterminista. Por eso la lucha por la defensa de las libertades, por la derogación de la ley de partidos, por la solidaridad con Batasuna y por una salida verdaderamente democrática para la situación de Euzkadi son las Banderas de Corriente Roja.

 

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