No es terrorismo, es la guerra

Juanjo Sánchez Arreseigor

Historiador especialista en el mundo árabe

Lo que esta sucediendo en Irak no es terrorismo, sino una verdadera guerra de guerrillas contra todas las fuerzas extranjeras, sin distinciones. Cuando el ministro de Defensa, Federico Trillo, habla de terrorismo está engañando al público y se engaña a sí mismo. Confieso que cuando vi las obscenas imágenes de unos jovenzuelos bailando de alegría sobre los cadáveres de nuestros siete compatriotas asesinados, mi reacción fue de ira y de rabia. Pero hay realidades que es preciso encarar, aunque sean incómodas, desagradables, y contrarias a nuestros deseos: jamás puede clasificarse como terrorismo el ataque armado contra los miembros de una fuerza de ocupación militar formada por invasores extranjeros.

Una insurrección guerrillera puede usar de forma puntual métodos terroristas, pero se trata de fenómenos muy diferentes. Un grupo terrorista no es más que una guerrilla que ha fracasado a la hora de conseguir el apoyo del conjunto de la población, de manera que acaba volviéndose contra la misma población a la que pretendía defender. Cuando la población opta por apoyar a los insurgentes, aunque sea de forma pasiva, la guerrilla es invencible salvo que se recurra a métodos extremos como el genocidio o la limpieza étnica. También las tácticas son diferentes: una guerrilla es una fuerza de combate y su principal objetivo es el ejército enemigo. Un grupo terrorista es una organización esencialmente política, a menudo extremista y sectaria, por lo que prefiere atacar a civiles indefensos para eliminar rivales o provocar represalias indiscriminadas.

Es instructivo comparar la Tercera Guerra del Golfo con la Guerra de la Independencia Española. Cuando Napoleón derrotó a los ejércitos regulares españoles también creyó que la guerra había terminado y cantó victoria como lo haría el presidente Bush dos siglos más tarde. Las pequeñas partidas que atacaban esporádicamente al poderoso ejército imperial no eran más que 'brigands', es decir, bandidos. Esa era la versión oficial, y el emperador se aferró a ella incluso cuando los 'bandidos' se habían convertido en verdaderos ejércitos, con millares de combatientes organizados en batallones. Al igual que Bush, Napoleón declaró sus nobles intenciones de 'salvar' a un país atrasado y bárbaro, liberándole de un gobierno tiránico y del fanatismo religioso, proporcionándole las ventajas de un sistema de gobierno laico más avanzado. Pero los documentos que se conservan demuestran que Napoleón buscaba tan sólo aprovechar los recursos de España para su propio beneficio, al igual que los estadounidenses en Irak protegieron todo lo relacionado con el petróleo y dejaron que se fuera al infierno todo lo demás. Napoleón trajo consigo contingentes de sus aliados y vasallos, de manera que gran parte del ejército 'francés' en España estaba formado por alemanes, holandeses, italianos y polacos, entre otros. De la misma manera, los norteamericanos han llevado sus contingentes aliados, incluidos británicos, españoles, italianos y polacos.

El presidente Aznar envió tropas a Irak porque deseaba complacer a los norteamericanos, realzar el papel internacional de España, y de paso el suyo propio, y porque creía que el todopoderoso Estados Unidos habían ganado la guerra y no existía riesgo alguno para nuestros hombres. Pero la conquista de Irak ha sido tan sólo la primera batalla de un largo conflicto. Esta es la verdad incómoda que nuestro Gobierno no ha querido admitir. Por el mero hecho de estar allí, ejerciendo tareas de guarnición de un territorio ocupado, nuestras tropas son beligerantes en un conflicto bélico que no nos concierne. No tiene sentido hablar de misión humanitaria o labores de reconstrucción porque en Irak no hay reconstrucción alguna en marcha. Tanto en Bosnia como en Afganistán la población recibió bien a las fuerzas extranjeras porque las veían como protectores y nadie tenia motivos para guardarnos rencor. En cambio en Irak, tras doce años de embargo, hambre y privaciones, la población estaba predispuesta en contra de todo lo extranjero, ONU incluida. ¿Tras arrasar Irak en 1991, dejar en el poder a Sadam Hussein, tras doce años de sanciones y miseria, tras invadir el país y hacerlo migas a base de bombas, y luego dejar que se desencadenase el caos, van a venir ahora los extranjeros haciéndose los simpáticos y repartiendo migajas humanitarias? Esta es la forma en la que ven la situación los propios iraquíes, y por eso reaccionan como reaccionan. Un solo dato alentador: la totalidad de las bajas mortales que hemos sufrido han sido fuera de nuestra zona de ocupación, cuyos habitantes no parecen sernos hostiles.

Esta situación tiene tres salidas posibles: a) Un escenario 'somalí' en el que hartos de sufrir bajas, y sin un plan para resolver el embrollo, los norteamericanos se marchan sin más. b) Un escenario ideal en el que los norteamericanos modifican de forma muy drástica su política, poniendo sobre la mesa los ingentes recursos necesarios para reconstruir el país y atraerse a la población civil. Y c) un escenario 'vietnamita' en el que la guerra se prolonga durante años y termina con la derrota militar de los invasores. Este último escenario es el más probable. En Vietnam los estadounidenses tenían ventajas de las que carecen en Irak, incluyendo un gobierno adicto, un ejército autóctono aliado y segmentos de población que los apoyaban, y aun así perdieron.

Mientras la población iraquí apoye a las guerrillas, es la guerra, se reconozca o no. ¿Conviene a los intereses de España hacer la guerra contra un país que nada nos ha hecho, y encima, perderla?

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