25 años sin Constitución
Joaquín Navarro Estevan
Editorial FOCA. 171 páginas PVP: 9.62 euros + 4% IVA = 10.00 euros. Librería Central
Dos
postulados esenciales presiden la realidad constitucional de cualquier Estado
que se reclame democrático. Donde no hay separación de poderes, no hay
Constitución. Donde no hay control del poder, no hay democracia. Una cosa es la
división formal del poder y otra bien distinta su separación efectiva. La
primera existe con muy escaso esfuerzo expositivo. Basta con que se enuncien y
regulen los tres poderes clásicos, con su correspondiente esfera de
atribuciones, para que exista división del poder. La separación exige mucho más.
No es compatible con la injerencia institucional del ejecutivo en el
legislativo. Poco más, este último, que apéndice ornamental de las mayorías
gubernamentales de turno y de las oligarquías aliadas a las mismas.
Abundan en nuestro país políticos e intelectuales que defienden el discurso de
la resignación oligárquica. Que entienden que el sistema es suficientemente
democrático y que no hay que «tocarlo». Que piensan que es preciso asimilar
la corrupción de las oligarquías y tragarse el triste fantasma de la monarquía
que las integra y las alienta. Y que sienten un verdadero pavor a que la
libertad política, el gobierno representativo de las leyes y el control del
poder exijan una reforma total de la Constitución, presupuesto indispensable
para la regeneración de las instituciones y de la convivencia. Es el miedo a la
libertad del ciudadano acostumbrado a la servidumbre voluntaria.