Javi Murcia
Ilegalización de formaciones políticas, cierre de periódicos, criminalización
del nacionalismo (que no sea castellano-español, claro), campañas mediáticas...
son ejemplos de la línea política que sigue la derecha en el País Vasco. Una
derecha nacionalista que nunca olvidó su modelo de España: una, grande y
libre. Y esa obsesión viene de muy lejos. Nos tendríamos que remontar a
principios de s.XIX, cuando comienza a surgir en Europa Occidental el moderno
Estado- Nación (triunfo de las revoluciones liberales), necesario para adecuar
la vieja estructura política a las nuevas relaciones económicas imperantes,
asegurando así la hegemonía de la burguesía como clase dominante.
Pero la construcción de los Estados nacionales modernos no fue homogénea. El
Estado burgués se creó sobre la base económica de un mercado nacional
previamente existente y no sobre bases culturales o nacionales.
En algunos países (Francia, Italia, Alemania) se llevó a cabo la unificación
de las diferentes nacionalidades, debido al gran impulso revolucionario de la
burguesía, mediante la represión violenta y la imposición de un único modelo
cultural.
Sin embargo, en España, la unificación nacional sólo se produjo parcialmente
debido a la debilidad de la burguesía. Esto es algo que nunca han olvidado las
clases dominantes, su incapacidad para completar la unidad de España. Este
viejo objetivo por la unificación nunca ha desaparecido, ejemplos
significativos serían las dictaduras fascistas de Miguel Primo de
Rivera(1923-1930) y Francisco Franco(1936-1975) con la liquidación violenta de
los derechos nacionales de los diferentes pueblos que configuran nuestro país.
Esta breve introducción era necesaria para situar el problema de fondo, la
construcción inacabada del Estado-Nación. Resultado de esto último tenemos
que España es un país formado por distintas nacionalidades(a diferencia de
Francia o Alemania), que supieron resistir los embates de una clase dominante
que buscaba exterminar cualquier reivindicación nacional que pudiera disminuir
su tasa de ganancias.
Hoy la burguesía españolista todavía no acepta que España es plural y
heterogénea. Tampoco acepta el pasado; no acepta que nunca ha existido un
pasado unificado común, todo lo contrario: ha inventado un pasado manipulado e
idealizado por el cual siempre ha existido una sola España, castellana y católica.
No aceptan, por tanto, que han existido varios estados en esta zona geográfica,
varias religiones, varias lenguas, varias economías, varias infraestructuras
jurídicas, etc.
Al manipular el pasado, es fácil distorsionar el presente.
Tras 40 años de dictadura franquista, las identidades nacionales no
desaparecieron, el franquismo fracasó(en parte) al intentar crear un Estado tan
redondo y homogéneo como el francés.
Durante la transición, en concreto al redactar la Constitución monárquica,
los comunistas apostaron porque se reconociera en ésta el problema de identidad
diferenciada de determinados pueblos, y proponían que la mejor organización
territorial para reconocer a esa España plural era el federalismo. La derecha
reivindicaba la unidad nacional, y proponía un Estado unitario. Al final se
llegó a un "empate"; la "España de las autonomías". Esto
se explica por el clima de tensión política y social que se vivía en aquellos
días. La derecha temía un giro a la izquierda que cuestionase sus privilegios
como clase explotadora. La izquierda, tras tantos años de persecución y
represión, temía a la reacción encarnada en otro golpe militar. Es en esta
coyuntura histórica, donde los comunistas aceptan este modelo de organización
territorial, con la certeza de que una descentralización política real serviría
para caminar hacia el federalismo, al poner en evidencia las insuficiencias del
modelo territorial de la Constitución del 78.
Sin embargo, este proceso se estancó hace tiempo, no lo hizo solo, interesaba
que se estancara.
Hoy, el PP sólo respeta la "España de las autonomías" cuando ellos
dirigen las autonomías. No profundizando en este proceso de descentralización
política y de gestión, sino todo lo contrario, subordinándose a Madrid y
apostando por un modelo de Estado claramente centralista.
En caso contrario, en que no puedan "desarrollar" su idea de España
mediante su democracia formal (como es el caso de Euskadi), recurren al
enfrentamiento, la criminalización, la represión, el recorte de
libertades...recurren a radicalizar el conflicto, eliminando cualquier opción
de diálogo.
Esta actitud autoritaria y reaccionaria fortalece la opción nacionalista
extrema, corrompe la convivencia y aleja soluciones reales. Todo esto es
adornado cínicamente de lucha contra el terrorismo, intentando rentabilizar políticamente
los actos criminales de ETA. Y no les ha ido mal.
Dicen que al final todo acaba salpicando. ETA no aparece de la nada, sino de un
régimen fascista que liquidó brutalmente los derechos nacionales de Euskadi en
1937. Fueron las clases dominantes las que se alzaron contra una República que
encaraba el problema de la construcción de España de una manera pacífica y
democrática. El terrorismo de ETA nace fruto de la represión, del odio
acumulado de un pueblo que tuvo que soportar durante 40 años una mutilación
cultural y política.
Es ingenuo pensar que mediante más represión algo va a cambiar. Esa dirección
lleva al odio, a la crispación y a la barbarie.
Nuestra apuesta, por tanto, pasa por la superación del Estado autonómico
actual, que ya resulta caduco e insuficiente para solucionar los problemas de
las distintas nacionalidades. Nuestra apuesta pasa por la finalización de un
proceso histórico: la construcción de España. Pero no desde arriba a golpe de
imposiciones como pretende la derecha. Sino desde la base; una base plural,
tolerante y solidaria. Nuestra apuesta pasa ineludiblemente por la República
Federal.
Un federalismo amplio también deberá ir acompañado del derecho de
autodeterminación, con el que los pueblos que configuran España se manifiesten
como tales, y por tanto, se ha reconocida su existencia como tales. Y que estos
mismos pueblos asuman libremente la construcción del Estado Federal.
Pero esta construcción federal sólo funcionará si viene acompañada de una
democracia real, en la que prevalezcan las decisiones de los pueblos y de las
personas sobre las del capital.
En los próximos meses, y durante las próximas elecciones, mucho se va a hablar
de la estructura territorial de nuestro país: la Cataluña de Maragall, el Plan
Ibarretxe, la "una, grande y libre" del PP, el modelo oportunista que
a última hora sacará el PSOE para agradar al electorado centrista, etc.
Los comunistas, junto con nuestros compañeros de IU, frente a esto tenemos que
defender nuestro modelo de Estado sin vacilación alguna. Con la convicción de
que la República Federal es el único instrumento capaz de construir la
convivencia entre todos los pueblos que conformamos España.
El momento es difícil, pero nuestra propuesta más necesaria que nunca.