El misterio del cambio de himno

Josep Pernau
elperiodico.com

La pregunta cruza los mares y nos la formulamos igual en España que los compatriotas que siguen en Australia la final de la Copa Davis: ¿cómo pudo llegar la partitura del himno de la República española al trompetista? Se ha dicho que lo envió la Federación Australiana. Pero ¿no pudo haber una mano negra que secuestró el himno oficial del Reino de España y puso en su lugar el dedicado al general Riego, mártir de la lucha contra el absolutismo, descuartizado en Madrid en 1823, después de una ejecución sumarísima?

Los servicios secretos españoles habrán abierto ya una investigación. Aunque no ha habido ninguna declaración oficial, no sería de extrañar que las sospechas recayeran sobre el señor Carod-Rovira. Es muy casual que la apoteosis electoral de ERC haya coincidido con el cambiazo de partitura. Un infiltrado de la formación republicana pudo llevar a cabo el trapicheo sedicioso. Y, ¿por qué no creer que un agente australiano, siguiendo los planes de ERC, llevó a cabo la operación del cambio de partituras? No hay que olvidar que en Australia hay un movimiento republicano muy fuerte, que no quiere ver a Isabel II de Inglaterra y tierras adyacentes en los sellos de correos.

Aquí dormíamos aún y ante las autoridades de la isla-continente constaba ya la enérgica protesta del secretario de Estado para el Deporte, señor Gómez-Angulo. Pero los objetivos de quién ideó la operación estaban conseguidos. Millones de españoles se han enterado de que hay otro himno de España, que también fue oficial. Muchos lo han descubierto con su letra apócrifa, además, lo cual lo hace más irreverentemente divertido:

"Si los curas y monjas supieran la paliza que les vamos a dar subirían al coro gritando ¡Libertad, libertad, libertad!".

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