
EL ESTADO DEMOCRATICO.
(UNA
ASPIRACIÓN REPUBLICANA)
La lucha por la república, no es otra cosa que la lucha por lograr el Estado Democrático, Estado nacido de la voluntad popular y por tanto de las Cortes Constituyentes electas por esa misma voluntad popular. La república en si no debería ser un objetivo, puesto que es la consecuencia natural del Estado Democrático, así como la monarquía y la dictadura, donde la primera magistratura no es elegida por la voluntad popular, son la consecuencia natural del Estado Retrógrado y Oligárquico. Esto no debe interpretarse como que todas las repúblicas sean democráticas. Frecuentemente se tiende a simplificar peligrosamente, refiriéndonos a la república, como exponente de la democracia, cuando de hecho no tiene por que ser así. Cierto es que el significado democrático de la elección de la Primera Magistratura del Estado, implica al menos un concepto democrático previo.
Cuando
hablamos de Estado Democrático, nos referimos a aquel que permite las
libertades individuales
y püblicas,
prevaleciendo siempre estas sobre aquellas, pero indudablemente no nos
referirnos al Estado promotor de ideologías neoliberales, que entienden por
democracia la economía de mercado. Este nuevo concepto de Estado, incumpliría
sus funciones como tal, ya que el Estado como árbitro de la política nacional,
no define las soluciones políticas nacidas de las ideologías, que corresponderían
ser definidas por los partidos políticos. Jamás en un Estado democrático se
mezclarán conceptos de gobierno con conceptos de Estado, esto nos llevaría al
estado dictatorial, como lo fue el fascismo o la dictadura franquista. En
definitiva, el Estado debe ser el garante de la democracia, y por tanto del
libre planteamiento de las distintas soluciones de gobierno nacidas de las
distintas ideologías.
El problema radica en las normas de planteamiento de las distintas ideologías,
donde las influencias de la oligarquía o de grupos de presión económica
transnacionales, no influyan en la toma de decisión de la ciudadanía. Es
decir, la toma de decisión individual y libre, se basa en la capacidad de
decisión del individuo, libre de influencias externas y por lo tanto dueño del
conocimiento de la realidad que le rodea y capacitado para analizarla.
Planteamos en defensa del Estado democrático dos necesidades: Desarrollar una
ciudadanía con poder de decisión, es decir desarrollar una ciudadanía culta,
y evitar la influencia interesada de grupos de presión económica en relación
con la desinformación.
Para conseguir una ciudadanía culta, necesitaríamos como planteamiento
estatal, por encima del gobierno de turno, la creación de una instrucción pública,
laica e igualitaria, que evite la promoción de elites culturales como producto
de continuidad de unas clases dominantes. Si la cultura de calidad, solo se
consigue en centros privados cuyo costeo tan solo se pueden permitir unos pocos,
estaremos ayudando a conseguir una ciudadanía en manos de esas futura elites
pensantes. Así mismo, la Iglesia Católica contribuye mediante su programa de
docencia al fomento de esas elites, perpetuando así ese viejo matrimonio
formado por la Iglesia y el Poder, que complementa y tiende a perpetuar a ambos
cónyuges.
En cuanto a la acción de evitar la influencia interesada de grupos de presión
económica en relación con la desinformación, se contribuiría en gran medida
a sustentar el Estado Democrático, puesto que ayudaría a los individuos a
poseer su propia capacidad de toma de decisión, y
por tanto a la anulación
del poder oligárquico. Con frecuencia se intenta distorsionar la realidad
apelando a la libertad, cuando en realidad se apela a la libertad individual
olvidando la colectiva, mediante argumentos que limitan la libertad colectiva y
benefician la de unos pocos.
Vemos con sorpresa que en aras de la libertad, se crean medios de información
privados, que tan solo defienden los intereses de sus propietarios, denostando
los medios públicos, en lugar de reclamar unos medios de comunicación públicos,
eficaces, (recordemos la campaña a favor de las televisiones privadas, hoy en
manos del Opus Dei, Berlusconi y el Grupo Prisa).
Vemos
como se populariza el concepto de incapacidad del funcionariado, dejando las
obligaciones públicas del Estado en manos de empresas privadas que no son mas
que negocios en busca de dividendos, que ni ven mas halla de ahí, ni les
importar la eficacia y equidad de los servicios que prestan a la sociedad.
Comprobamos como en vez de reformar nuestro ejército, poseedor de una
estructura arcaica, heredada del franquismo, en un ejercito del pueblo y para el
pueblo, donde este se sintiera representado y donde la casta militar no
impusiera su bárbaro concepto de la disciplina y el mando piramidal, se ha
creado un ejercito profesional de mercenarios, al servicio al servicio de sus
patrones, olvidándose el concepto de ejercito popular. Esta idea se nos vendió
con facilidad como forma de evitar el paso por la milicia de nuestra juventud en
un ejército despótico con la tropa, en vez de democratizarlo y por tanto
civilizarlo. Este planteamiento fue defendido por todos los partidos políticos,
que en su afán por obtener el voto fácil de la juventud, hicieron demagogia
del tema. Y así como se creaba un ejército mercenario, se hizo desaparecer en
gran medida a la policía del Estado, en incremento de una policía privada (
empresas de seguridad )
en defensa de
intereses privados, que actúa cada vez con mayor poder e impunidad.
Ingresamos en la OTAN, utilizándose razones imposibles de entender, razones ilógicas
de modernidad, de fatalismo ineludible, que los medios de comunicación supieron
propagar con tal habilidad, que las urnas dieron vía libre al ingreso en esa
organización. Pero recordemos que nuestro ingreso no lo fue en la estructura
militar, y hoy ante el tramposo incumplimiento del mencionado referéndum, nadie
reclama que actuemos dentro de la estructura militar, participando en guerras
que en nada atañen al Estado Español.
El Estado posee un senado inoperante, que para nada representa las
nacionalidades tenemos una antidemocrática ley D’Ont que permite el
bipartidismo repartiendo los votos populares de forma arbitraria. Tenemos pues
una democracia a la medida de los intereses de una casta y en contra de los
intereses populares, una democracia de mercado, de coacción, de anulación del
pensamiento individual, tal y como ocurría en el franquismo, pero con
elecciones. Elecciones condicionadas por costosísimas campañas publicitarias,
pagadas por aquellos que tienen intereses en medrar en la vida pública de España
y que tienen el efecto de que los votos vayan a aquellos partidos que se avienen
a este chalaneo.
Vemos
como la ausencia de cultura para el pueblo y de información, atentan
directamente contra el poder del Estado. Pero no pretendemos un Estado poderoso,
pretendemos un Estado democrático que proporcione unas normas libres e
igualitarias a cualquier partido aspirante a formar gobierno, o a expresar públicamente
sus soluciones de gobierno. La memoria de un Estado autoritario como lo fue el
Estado franquista, hizo en la ciudadanía rechazar cualquier atisbo de autoridad
del Estado, dejando libertad de acción a los neoliberales, que aspiraban a una
sociedad sin normas o al menos tan solo con normas represivas y nunca
coercitivas para sus grandes beneficios. Por otro lado la propaganda oficial,
ahondó en esa idea de falsa libertad, aplicando campañas dirigidas a alienar
al ciudadano, tales como, las ya mencionadas acerca de la libertad de información,
que en manos de grupos de presión económica tan solo informan de acuerdo a sus
intereses, con sus correspondientes temas tabú, como el que imposibilita la mas
breve crítica a la familia real española ,
utilizándose a la
familia real británica como la única forma de criticar la monarquía.
Se han fomentado los fondos de pensiones privados, ante la campaña de terror desatada sobre la imposibilidad de pagar las pensiones, lo que supondría que el Estado se encontrarla en situación de quiebra, y este hecho mucho menos probable que la quiebra de una compañía de inversión privada
Se promociona una medicina tercermundista aplicada en los centros privados, carente de medios adecuados, adquiriendo material a saldo que jamas seria admitido en ningún hospital público, con cuadros médicos que incumpliendo las incompatibilidades, trabajan en turnos de mañana en la sanidad pública y en turnos de tardes en centros privados, con la consiguiente desatención del enfermo, con una masificación de las sociedades médicas exactamente igual o incluso mayor a la existente en la seguridad social. Esta sanidad es la que el Estado por medio de los distintos gobiernos de la monarquía, han intentado fomentar, frente a una sanidad pública, igualitaria y gratuita, a la que a pesar de las innumerables trabas impuestas, sigue siendo infinitamente más eficaz y profesional que esos hoteles de cinco estrellas con quirófano, en los que el enfermo se juega la vida por una habitación individual y un zumo de naranja en la mesilla.
Se nos ha desinformado en las campañas a favor de la libertad de enseñanza, libertad que podría ser razonable, si existiese previamente una enseñanza pública y de calidad para todos. La enseñanza privada, no pasa de ser un negocio privado, y por tanto no debe recibir apoyo económico del Estado en detrimento de la enseñanza pública que si es de su obligación. Hoy el Estado invierte mayores cantidades en sufragar el gran negocio de la Iglesia Católica en forma de Colegios y Universidades, que en crear una eficaz y moderna instrucción pública., con el agravante de una juventud ideologizada por una identidad tan politizada como lo es la Iglesia Católica. A estos beneficios e influencias sobre la sociedad, la Iglesia Católica añade el valor inmobiliario de sus propiedades, disfrazadas de colegios, universidades, seminarios, templos, o conventos.
Se ha negado las funciones administrativas del Estado, encaminadas a velar por los intereses sociales de la ciudadanía, y en su lugar ha nacido una guerra a lo público e favor de lo privado, donde todo vale en aras de la libertad, o mejor dicho de la libertad de mercadeo de aquellos que pueden mercadear. Y esta falsa teoría de la libertad dirigida desde los centros de poder económico y político, siempre al servicio de las ideas más reaccionarias, ha calado con profundidad en un pueblo desconcertado e inculto y ha sido adoptada por el papanatismo, la falta de visión política cuando no la maldad de los dirigentes políticos Y junto a esta guerra declarada a lo público, se ha desatado otra guerra más injusta y cruel, la desculturización de la sociedad, el desprecio por la cultura, creando una subcultura populachera, subcultura que no penetra en la elites económicas, que siguen prefiriendo escuchar a Bach que a los cantantes de Operación Triunfo, y leer literatura al alienamiento producido por la televisión. Pero esta campaña anticultura, no cesa ahí, se desprecia la figura del docente, como si de un predicador de doctrinas peligrosas se tratara, se desatan campañas a favor del aprobado fácil, en lugar de exigir y poner los medios para la obtención de altos niveles de instrucción del alumnado. Es curioso contemplar como estas ideas calan en la ciudadanía, al comprobar la inexistencia de una mayoría de padres que exijan un nivel adecuado de instrucción del alumno, pero insisten en el aprobado y promoción de curso de sus hijos
Recordemos
a Marx en la alusión hecha a Prusia en su obra “La Burguesía y la
Contrarrevolución”. Marx nos dice: “La burguesía alemana se había desarrollado con tanta
languidez, tan cobardemente y con tanta lentitud, que en el momento en que se
opuso amenazadora a/ feudalismo y al absolutismo, se encontró con la
amenazadora oposición de/ proletariado y de todas las capas de la población
urbana cuyos intereses e ideas eran afines a los del proletariado. Y se vio
utilizada no-sólo por la clase que estaba detrás, sino por toda la Europa que
estaba delante de ella. La burguesía prusiana no era, como la burguesía
francesa de 1789, la clase que representa a toda la sociedad moderna frente a
los representantes de la vieja sociedad... inclinada desde el primer instante a
traicionar al pueblo y a pactar un compromiso con los representantes coronados
de la vieja sociedad, pues ella misma pertenecía ya a la vieja sociedad; no
representaba los intereses de una nueva sociedad, sino unos intereses renovados
dentro de una sociedad caduca. . . situada a la cabeza, no porque representase la
iniciativa de una nueva época social, sino por que expresaba el rencor de una
vieja época social; era un estrato del viejo Estado que no había podido
aflorar por sus propias fuerzas, .sino que había sido arrojado a la superficie
del nuevo Estado por la fuerza de un terremoto sin fe en si misma y sin fe en el
pueblo, gruñendo contra los de arriba y temblando ante los de abajo, egoísta
frente a ambos y consciente de su egoísmo, revolucionaria frente a los
conservadores y conservadora frente a los revolucionarios, recelosa de sus
propios lema, frases en lugar de ideas, empavorecida ante la tempestad mundial y
explotándola en provecho propio, sin energía en ningún sentido y plagiando en
todos, vulgar por carecer de originalidad y original en su vulgaridad,
regateando con sus propios deseos, sin iniciativa, sin una vocación histórica
mundial, un viejo maldito que está condenado a dirigir y a desviar en su propio
interés senil los primeros impulsos juveniles de un pueblo robusto; sin ojos,
sin orejas sin dientes, una ruina completa: tal era la burguesía prusiana
cuando después de marzo, se encontró al timón del Estado prusiano “.
Si lo anteriormente expuesto por Marx en 1.848, refiriéndose a Prusia,
hubiese sido escrito hoy, con relación a la transición española de 1.978, veríamos
reflejada a una clase social y política cobarde, que no atreviéndose a acabar
con un pasado vergonzoso o no queriendo hacerlo, construyo un supuesto nuevo
Estado sobre los pilares de la dictadura, traicionando al pueblo en sus
esperanzas liberadoras, traicionando a aquellos que dieron su vida por devolver
al país la legitimidad republicana, traicionándose así mismos y creando un
Estado mediocre, inculto, injusto en lo social, y en cuyo seno descansan
blandamente los traseros de aquellos a los que el nuevo Estado nacido de la
desaparición de la dictadura, habría debido poner coto.
A ese Estado democrático, que pudo ser y no fue, es al que aspiramos los republicanos. Por encima de nostalgias y banderas, por encima de nuestra rabia, por encima de indefiniciones bastardas, ese Estado democrático del que algunos se esconden, temerosos de dejar al descubierto su mediocridad, cuando no su felonía.
Juan Luis Utrilla