Hotel Victoria, Madrid, 15 de noviembre de 2003
Eduardo
Calvo
Queridos
amigos:
La
alianza milenaria entre el trono y el altar en España debería servirnos a los
republicanos laicos españoles para estar prevenidos a la hora de planteamos
cualquier iniciativa dirigida a implantar en nuestro país un estado laico.
Borrar de un plumazo más de catorce siglos de
adoctrinamiento religioso con sus connotaciones de oscurantismo, superstición y
fanatismo, no va a ser posible.
Los
republicanos laicos, tendremos que sopesar muy inteligentemente todas las
dificultades que la oposición a esta idea de implantación del laicismo en España
nos va a presentar, luchando contra nosotros con garras de águila capitaneada
por la Iglesia Católica Apostólica y Romana.
Según
mi opinión y la de otros consultados por mi, todos conocedores del transcurrir
histórico del laicismo, éste proyecto nunca nos debería llevar al
apresuramiento, puesto que cualquier error nos conduciría hacia lo desconocido,
o lo que es peor a meternos en un jardín lleno de espinas del que tic podríamos
salir como airosos ganadores de esta causa.
Democráticamente
propongo desde aquí, que la principal acción que debería ocupar nuestro
tiempo, tendría que ser la de una intensa labor de proselitismo enfocada a
conseguir una mayoría social suficiente inclinada a sostener la idea laica del
Estado. Sin ésta premisa y no me quiero equivocar, el proyecto de una República
laica para España, también será imposible
Por
otro lado y según mi opinión, la cual me parece estará acompañada por la de
la inmensa mayoría de los asistentes a éste acto, quisiera afirmar al
respecto, que en una República donde la laicidad del Estado no esté expresada
en su Constitución con toda su
pureza, ésta no sería una República moderna, democrática ni humanista. Al
contrario, ésta seria una República a la búlgara, a la congoleña o bananera,
formas de Estado éstas que como es conocido, los republicanos demócratas
rechazamos.
En este sentido, seria bueno constatar que la laicidad viene a ser el cordón umbilical de una República moderna, democrática, universalista y por consiguiente, humanista.
La laicidad se apoya sobre das pilares básicos; la ética y el estatus cívico; la ética encarna la libertad absoluta de conciencia y el estatus cívico la separación de las iglesias y el Estado, norma ésta última que ha de ser considerada como la piedra angular de una República laica moderna, democrática y humanista. La laicidad establece estrictamente la diferencia entre das universos diferentes; ci interés general y la convicción individual.
La
reivindicación dci laicismo debe desarrollarse en aquellos lugares donde las
Iglesias y por casualidad aquí en España, la Iglesia Católica Apostólica y
Romana, ha querido imponer su poder totalitario en el sentido más estricto del
término, esto es, englobando todos Los aspectos de la sociedad civil, política
y económica en beneficio propio y concretamente allí donde se ha convertido en
poder fáctico.
Frente
a éste poder en el transcurso de la historia se han producido actuaciones
sucesivas de liberación, unas veces políticas, otras espirituales, o las dos a
la vez. Por ejemplo en la Edad Media y en el seno de la propia Iglesia católica
Francesa, ya nacieron estos movimientos rápidamente calificados como heréticos
y urgentemente asfixiados.
Desde
los primeros reformadores, los filósofos del siglo XVIII, la idea laica ha
evolucionado quedando hasta estos momentos asociada a un doble movimiento
emancipador: el del pensamiento libre, con el que se ha ido poco a poco
liberando las creencias obligatorias y el movimiento de una sociedad
reivindicadora de las libertades políticas.
Frente
a éstos hechos, la iglesia católica dirigida par un papado aferrado a un poder
temporal que no lo reconocen ni sus textos fundamentales, se ha ido enrocando
cada vez mas en un rechazo total contra cualquier intento emancipador. En
Francia. por ejemplo. la también milenaria alianza del altar con el trono, hizo
inevitable la contestación religiosa a partir del momento en que se
desarrollaba la contestación política.
En
nuestro país vecino, debido a este estado de animo, los filósofos del siglo
XVIII anonadas por. el espirito de las Luces, realizaron un doble salto ideológico
contra las dos formas de absolutismo; el real y el religioso. La reivindicación
de la libertad de pensamiento y la referencia a la Razón, radicalizaron este
movimiento, el cual está perfectamente ilustrado por el marqués de Condorcet,
En
el siglo XIX, la formación progresiva de la idea republicana adherida al
ideario de la Revolución de 1789, al progreso social y a la idea de la liberación
de los espíritus en todas sus formas de oscurantismo, aporté el último toque
a ésta evolución.
La separación de las Iglesias y el Estado podría haber sido el símbolo de terminación de una etapa esencial, si ella no hubiese estado después constantemente cuestionada, en forma directa o no, por los ataques de todos los que se mantienen persuadidos de que el hombre es incapaz de asumir plenamente los efectos de su libertad de conciencia.
En
España como en Francia, diferenciando objetivamente cada situación, han
existido grandes luchas por la libertad y la justicia, siempre acompañadas por
la exigencia de la idea laica del Estado. No obstante, todos los penados de
reacción han girado siempre por oposición cruenta hacia el retorno dominante
de la religión. En Francia la dictadura de Vichy, donde ciertas circunstancias
60 años después aun no han sido liquidadas y en España la usurpación del
poder legítimo republicano por el general Franco, cuyos efectos en la
actualidad seguimos sufriendo los españoles casi setenta años después, pueden
ser das buenos ejemplos.
Los republicanos españoles, deberíamos una vez ilustrados por el transcurrir histórico de la laicidad estar convencidos, aunque la sublime trilogía de LIBERTAD IGUALDAD Y FRATERNIDAD no esté perfectamente instalada en el Mundo de que la idea laica lejos de ser un freno para la integración europea. es un instrumento magnifico para la aceleración de la marcha hacia la unidad y al mismo tiempo, una gran solución a la regeneración de la sociedad española.
Esta regeneración de la sociedad española tan querida por muchos, debería siempre ir acompañada por los valores laicos, valores éstos en los que tendríamos que insistir en nuestra labor didáctica y proselitista donde el universalismo republicano y el humanismo laico tendría que ser el NORTE de dicha regeneración.
En España, habría que insistir sobre todo y sin olvidarnos de los demás valores laicos, sobre La moral laica, valor éste muy simple y comprensible, aunque en esta tierra se use rararnente, valor laico que se basa en la tolerancia mutua y el respeto hacia los demás y al de uno mismo, afirmando rotundamente que el bien es todo lo que libera, todo lo que desata y que el mal es todo lo que esclaviza y envilece.
Entre
otras manifestaciones de carácter laico, una de las principales que un país
debe de tener en cuenta es La independencia del Estado y todos los servicios públicos
frente a toda institución de carácter o influencia religiosa. La laicización
de los estatutos individuales como la de los servicios considerados
indispensables para el funcionamiento de la sociedad, han de tener unos aspectos
esenciales para el ejercicio de la libertad y la igualdad de los derechos Las
Leyes civiles son en una República laica las úricas habilitadas para organizar
todas Los aspectos de la vida cívica y social.
La
escuela laica y republicana por tanto, debe de estar preservada de toda
influencia económica, confesional o ideológica, aunque estas circunstancias
ocasionales vayan disfrazadas como “culturales”. La escuela laica no es un
lugar de manifestación o si se quiere decir de enfrentamiento diferencial, Ella
es un lugar donde de común acuerdo están suspendidos los particularismos y las
condiciones de hecho, La escuela debe proscribir toda forma de proselitismo.
Los
progresos de la ciencia deben ser liberados de toda influencia de grupos de
presión y más concretamente de los religiosos. El interés general y el
respeto a la persona humana, deben ser los únicos beneficiarios de dichos
progresos.
La
laicización del “estatuto de los cuerpos” , amor y sexualidad, muerte y
enfermedad está aun por terminar, La libre disposición de los cuerpos, las
modalidades sociales de la vida de las parejas y las familias, son la garantía
fundamental de las libertades en este marco así como los derechos y la dignidad
de los niños sari algunos de los campos de aplicación en una laicidad única
garante de la libertad de los espíritus y los cuerpos.
Y
para concluir esta somera disertación sobre la laicidad, debo hacer un
llamamiento que tendría que ser considerado como muy importante, refiriéndome
a la cultura y la creación artística, la información y la comunicación, para
que estas participen ampliamente en la formación de las conciencias dado que
esta formación no debería ser una exclusividad de la escuela y que seria
conveniente vigilar constantemente cualquier limitación a la libertad, incluso
aquellas más sutiles como la de asfixiar económicamente la vitalidad de las
expresiones minoritarias.
¡VIVA LA III. REPÚBLICA ESPAÑOLA!